viernes, 17 de febrero de 2017

La llave rosa

Voy a mano descubierta por la vida,
andando lo que se puede
a contrabajos atletas de gente,
para saber lo justo de la falta de tacto
que no sobrante puede ser añoranza
y en exceso asfixia.

Por ello me quedo con la luna,
con los viajes no resueltos,
cuando con-quisté Granada sola
por las calles mientras moría lo que fue
un gran amor en un hotel del centro.

He comido hígados varios,
la profesión del poeta los colecciona,
en homenaje a los dioses egipcios
en versos licuados
de alas tan gigantes que no existía
término al caminador.

No creo en los amores de amantes ausentes
con la plática de un ajo
metido en aceite, porque a mi anarquía
le gusta comer con las manos,
sorber con ruido,
gritar lo suficiente
para que con la expresión
se avisten las armas.

Con la felicidad ajena,
y que la lluvia que acaricia el rostro
en la telenovela dé re-bote.

Necesito del amor
como el algodón a la herida.

Que apriete la brecha.
La sanación
con la cadena de sabernos fatuos.

En el silencio.
En el water.
Al abrir la nevera.

Se sobreentiende que el ángel exterminador
del vacío,
beba ginebra en bares de alto standing
con taburetes forrados de terciopelo;
porque para el amo-río
no necesitamos más que dos pavos, las arrugas, las sombras, las desvariadas
de nosotros mismos
cínicos
haciendo chinescas manchas del martirio.

La dependencia para las cartas.

Hoy vuelo y mañana dios dirá.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Eso que mantiene viva la vela.

I

La comedida palabra igual que un pasador
de puerta, hacia los calabozos.

II

A veces sueño que soy una pistolera
y con un violín voy matando sueños.
Saludan a mi paso
en reverencias
y las flores
se giran ante la magnitud de mis balas.

Pero, solamente tengo la tierra que cabe en mis manos,
el ansia del tulipán que aún es bulbo,
la gula del que vive como una gota de aceite
expulsada de su agua.

Quisiera ser una mafiosa
y tirotear folios a los que se comen mis dedos,
sonreír al verdugo
y que retirara de una vez por todas su capucha.

Sacudir las pirañas de las sábanas,
asaltar a los bancos de la melancolía.

Pero, el aire me empuja al muro
y mi cuerpo adolece en una termita
que sin tregua agujerea la médula.

Árbol de mujer, y dentro de este maldito
crucigrama de ideas
que cortan  mi pecho.

La fe,
la fe, la que chirría a partes iguales,
la que grita: Tú eres una bandolera,
empuja la puerta
y salta, salta página, salta a la tierra.

Con el paracaídas de los libros
y de la esperanza puta
que me dice que un día,
en un miserable momento
existirá la música.

No me rindo.
No me rindo.
No me rindo.

martes, 14 de febrero de 2017

Cebollestupideces de día.

Contigo cebolla
y ...todo lo demás.

Cebollino,
cebellino,
cebellina,
cebolleta,
cebo 
lla 
ce
bolla
encebollado
cebollón
cebadilla
cebolludo
cebollera
cebollada
cebolla.

Hacer llorar no es buen canje.




domingo, 12 de febrero de 2017

Divagación

Vergüenza ajena.

Si no somos más que simios en congregación
adorando a un espejo, en qué nos hemos trastocado los poetas, algunos, no todos, o quizás demasiados, en ligas de futbolistas de diferentes razas, buscando copas de oropel, de alevines levantando sus fosas en pequeñas burbujas de agua.

Tanto egotismo, segregación, mudez, barbillas levantadas,
dedos acusatorios, folios que huelen a orín,
bolígrafos para las chequeras.

En qué soy y yo que sé en que me he trastocado.

Panero, que está en los cienos, levante y hable,
ponga un poco de orden, salve con su hálito de nicotina este descontrol
que ha abierto la veda y construye muros de Trump
entre los mi(s)mos poetas.

Poetas que desnudos, en la hipótesis
de los derrocamientos, acabarían
juntos en la cámara de gas.

¿Por qué nos hemos olvidado de ésto, Señor Panero?

Mímesis

I

La carne con carne,
carne de carne
de la misma fragua
en moldes distintos.

II

Mi amor arritmia en delirio de campos,
de este lleno que sobrevino en un
que había rebosado el límite que podría enumerar,
pero no explico en este turbio que causa la sordera.

Con el corazón, en cama compartida,
el olor de tu piel causa estragos a mi vena
al alguacil corréografo
de las mutilaciones.

Sarna en dedos florecidos, moho de pan para nuestras bocas,
que las mariposas existen en los cuentos,
y es la vida diaria de dominicales, la que aletarga la llama
para que no se anegue. Los abrazos impuestos,
los anillos vaginales, los regalos en días de zirconio
no son más que rediles de gallinas.

Me quedo contigo, en la salud y en la enfermedad,
lo percibí cuando las amarillas indicaron el parámetro,
en ese instante de coz, de aullido, de súbita lanza,
supe que morir no era más que la excusa perfecta para residir siempre a tu lado.

Sin anillos, sin papeles, sin descendencia.

Con el vaso del agua para el sediento desértico
que sin dar nada lo da todo.




PD. La cosa rara, de querer ser tu parte, del punto cardinal el "nor"
para "te" estar en.

sábado, 11 de febrero de 2017

La sinceridad florecida.

Nuestros ojos se tropezaron y como
en una fórmula de física, aparecieron las reacciones,
adversas en el amor
donde se construyen puentes
y una cultura que nos enseña
que nuestra pareja es el enemigo.

Con las aradas la pregunta de que en la convivencia
sobreviene el cambio, el amor
de gestas que para los muebles pasan desapercibidos,
pero, ahora, que me he lanzado en picado
a la piscina de tus ojos, confieren la verdad.

El olor de zapatos.
La legaña en el ojo.
La mueca inoportuna.
El canal equivocado.
El beso frío.
El café y el azúcar frente a la estevia y la infusión.
El abrazo a la almohada.
La toalla con pelos.
El sarpullido de la barba en mi mejilla.
El eco de los ronquidos dignos de Neruda.
El hipo, la tos, el gas.
El bostezo para no mediar palabra.

Para derribar la fortaleza
de saber, que el amor viste rastrero y zafio
y en la humanidad
de los sorbos, la ropa plegada, el gato en vez del perro,
la sonrisa en tres sábanas
se han escrito para recordar
que somos animales de alma en celo.

Dolor

Cuando el dolor acecha.
Y la espalda se corrompe
en contractura, los músculos
claudican en la escápula
haciendo de la vida
lo más insoportable
posible.

Y en el aprovechamiento
de la herida, una saca la libreta de las neurosis múltiples,
de una paranoia de oficio
para administrar al procesado acrónimo
de sadomasoquista:
la purga.

Con el padecimiento del habla
en el silencio, para emerger
como Titanes
en niños quejidos
de poema.