domingo, 24 de septiembre de 2017

Agradecimiento

Dar las gracias a Vicente Rodríguez Manchado HW por su buena voluntad de hacer llegar la poesía y cualquier actividad vinculada a  ella,  a la calle. Su intención es generar un movimiento similar al ya existente en León "Ágora de la poesía" en un espacio público, el 27 de septiembre a las 21:30, en las escaleras del Palacio de Anaya en Salamanca. A través de carteles y folletos promoverá un micro abierto y deseo que congregue el máximo de personas posibles. También, dar las  gracias porque se ha usado  un verso mío, dentro de los cuatro principios de su buen hacer. Pues, ya sabemos, que son malos tiempos para la lírica.


sábado, 23 de septiembre de 2017

El mudito de Blancanieves.

Un poeta no debe callar jamás,
no debe, ni bajo el agua,
aunque sea un narcisista y precise
una escafandra. Un poeta improductivo
no es un poeta, porque es obligado el ejercicio
hasta para el atleta, para que sus músculos formen frases en la ciudad
de las ratas.

El agricultor
sabe de la humildad y cuando recoge las hortalizas
no priva de su alimento ni a los gusanos
ni a la boca de los niños. Por qué privar de la lectura,
por qué amputar la palabra en medio de la lengua.
Que sus hormigas no circulen
en el cristalino de los bizcos, de los tuertos, de los miopes.

Un poeta debe enseñar sus heces al mundo.
No guardar los manuscritos.
Como si fueran joyas dentro de un cofre, con la pose
de una estatua de barrio periférico, con litigios
astrofísicos y existencialistas
de que no le lee nadie,
y quién lo hace no le interesa.

Poeta, maldito poeta,
haga el favor de hacer un clavo al mundo,
hable y escriba:
su pus, su ambrosía, su esperma, su influjo vaginal;
taladre la hoja,
escupa a la pantalla.

No se regocije en su incomprensión de ego,
y enseñe sus pezones a la jauría.

Joder, deje de joder.

Esta sociedad de mierda le necesita.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Tránsfugas

Ahora que levantan los muros
que en un ayer se derribaron.
Y en las húmedas tierras berlinesas
perros olfatean los coches traseros
aparcados en doble fila. En un país
anheloso de Rusia, con divanes en lista de espera, con gente que pasea sus brazos
por la vía, brazos que ladran, a la luna,
a la barra, a las canciones malditas,
a los gatos, a la comida precocinada
de una agonía que busca el mejor modo para morir. Con la rareza como forma involuntaria
para desafiar al mundo. Ahora que arden los violines, que los libros se coleccionan
y los cisnes del Danubio purgan
su alas con éxtasis. Sé que te amo, a pesar de los cojos que menguan, y el olor de la olla
quemada en un salón en los Balcanes.
Y amarro tu voz a mi poema, porque
ninguno pertenecemos al club de la lucha.
Nuestro país es una cama.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Lapes-te

Cuando se transita
en la invisibilidad
más absoluta, semejante
a la de un muerto. Y se aísla
al ser humano, transformando
al espejo en un leproso.
Y no estás enfermo
pero te convierten en el insano,
un parche de la rueda de bicicleta,
y tú sólo querías volar con el Concorde;
soñando un compromiso con un banquero
y trabajar de azafata desde niña, porque
ellas siempre han sido bellezones
vestidas de Nancy, como si fueran ángeles
en el cielo para morir con santos y aparición.

Morir cerca de la belleza. Qué importa la culpa.
Pero, erraste. El fútbol cotiza más en bolsa
debajo de los ojos del poema que rifa,
el rastro del rímel corrido.

Te matan y no te das cuenta.
Y aún quieren tener razón
mientras usan gasas para tocar tu ánimo.
Y es que no hay peor muerte
que la del pez con acera equivocada.
El parado.
Al dinero libertador. 
Y no sé que más venéreas capitalistas
entre guantes de goma
y mascarillas por si el próximo que va a la calle
eres tú y no otro.
La suerte como el amor es
ciega y tiene su gallina para el sacrificio.
Gracias.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Trapoestético

Un poeta nunca debe
confeccionar poemas a medida.
Debe ser crudo carne
y combustionar con el aliento
de los días de la semana.
En ocasiones, se nubla la propia estrella,
y se abre en canal.
Con su negrez perforada.

Los poetas, mendigos.
Los poetas, lápidas.
Los poetas en carbono.
En tila. En arcadas.
En vestigio. En bomba de racimo.

Oficio sin sustento
cayendo en los diques
de un mar de ríos,
ríos de salamandras.
De ahogadillas a las conversaciones.
Y remar para resolver
la aritmética de cada una
de las treguas.
Después del yeso fuera de la rotura.
Del vino de olor en vaso.
La humareda.
El tanque.
La fragua.
Un refresco, una hogaza y una mujer
nueva como tantas lunas
caben en la centrífuga  y otra sed de espermatozoides.

jueves, 7 de septiembre de 2017

El hombre de Redón.

He contado las lunas que habitan
en tus ojos, ojos de Júpiter.
Y en ellas ha florecido
la mañana de las máquinas
de coser, lo que lleva el repunte
de mi corazón de trapo.

Eres un hombre
que tiene en sus manos los desiertos
más plagados de vida. Mi compañero
de color colibrí, de beso petirrojo.
El espejo de la espalda,
donde nadan los delfines.

Hombre de libros y fetiches.
De navas y jazmines.
Del lodo hecho casa.
Mi casa, mi refugio.
Del nido de las culebras.
Mi pareja de ases y cruces, de noveles
impares, del renacer
de las amapolas
en las vísceras.

Otoño, serrín de especias,

amor lúdico de transeúnte.

Te quiero. Sin filtros ni posturas.
Te quiero en horas de vigía.
Sin anillas de palomo, ni certificado de empresa.

Como la desnudez.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Resin-a-cciones

“Estás triste, es cierto, pero tú no eres tristeza, tú eres alegría y serenidad y paz. No mires sólo un aspecto de ti misma, un accidente de tu propia substancia; tú eres todas las cosas juntas, y el mar y las estrellas y las rosas se anuncian en ti. No mires tu miseria, no te complazcas en ella; hazla a un lado, apártala, y cultiva lo que todos tenemos en divinidad adentro.”

Jaime Sabines.

El olor inconfundible del Avecrem se cuela por la ventana, mientras escucho,
la danza que emite la lavadora con un bolero
de sus correrías. Hace tiempo que te largaste.
Tan largo como un teorema
sin resolver; pusiste la pajarería
en venta, con todas tus eyaculaciones,
con tus sagrarios,
las motas y los motes
de los incautos que creyeron
poder meter al cosmos en un bote
de aceitunas.

El Avecrem en forma de neblina
levita con mis divagaciones,
y el programa de lavado
ha cambiado el ritmo.

Sé que eres feliz. Que ganaste un premio
al tedio, y que te han nacido
botones en la azotea de tu cabeza.

Porque no hablas.
Mudo espías.
Y nunca en-tablas con tu pasado
una triste palabra de cuerdas.

Y me alegro, como el vaivén
de la lavadora, y lo que diablos sabrá
que cocina la del piso adyacente.

Porque tú no hablas.
Y sólo lo hacías
cuando te iban mal las apuestas del juego,
y te aburrías entre saltamontes.

Tufo de sopa de sobre.
Fin del ciclo de lavado.