miércoles, 17 de enero de 2018

Sacrificio

Le pediría que me rompiera las medias.
Pero, él prefiere limarse las uñas
en una contenida homosexualidad.
Ya sabía que iba de cabeza a la neurosis.
Qué el taxímetro cobraría
sin compasión la temeridad.
Duermes abrazada a la noche.
Y la oscuridad envuelve tu sexo.
Hermanos de la caridad
que comparten sábanas de franela
y el permiso de obras
para iniciar trámites
a un amante.

Cuando él lo dispuso.
Yo tenía tréboles de diez metros de altura.
Y no, no existe el remordimiento.

Si los dormitorios encogen sus agujas.
Y fría la leche se sirve en otros cazos.

Tengo ganas de verte.
De qué hagamos el amor
De bañarnos desnudos en el Mar Muerto.

Mi piel agoniza
por los cuatro costados.
Tú sabes que tenemos horario de trenes.
Sola, repudiada, te aguardo en el andén.

domingo, 14 de enero de 2018

Clases de costura

Los poetas bordes
no pertenecen a la ralea aria.
Viven al límite
de las circundantes.
Al borde del abismo.
Y caen. Sí, con sus adicciones diversas
de la bebida estupefaciente.
En los charcos.
En las clínicas de desintoxicación.
Y zoológicos de top ventas
amalgamados de canciones
llamados poemas.
Los bordes, mestizos,
con boca de vino.
Cojera andante.
Van de purgatorio en vela
para colmar su sed borracha.
En soledad, se quitan el sombrero
encima del cadáver escrito.
Analítica al borde del infarto.
Indio en la reserva.
Acupuntura de letras en el hígado.
Son bordes. Somos bordes. Soy borde.
Nuestra piel, de manos, esparadrapo.
De lata oxidada
bajo la luz del apremio neón.
Tanatorios, urgencias
y fosas comunes.
Bordadas.

sábado, 13 de enero de 2018

Azotea

Los que moramos en el último piso
tememos pisar la tierra,
tal vez, engreídos ya que pensemos que
somos aeronaves o pájaros
que divisan desde su altura
la cabeza, de todo ser viviente.

O quizás, habitándolos.
Desafiemos al vértigo,
o a las fobias.
Nunca te molestarán los tacones
del vecino, si al caso los ruidos
que se oyen de lado. Voces de niños,
lavadoras agitadas, y puertas.
El silencio gana.
A la lluvia, en tendederos desnudos.
Olvidando que solos no nos sostenemos,
faltan los miembros que ejercen
de pilares.
Las piernas, las raíces.
Los órganos internos que
determinan si es un nido
o un cementerio carcelario.
Los pisos altos.
De muchas escaleras como una torre.
De ajedrez.
No sirven para huir de la noche.
Chimeneas con habitación.
Puzzle visto desde el cielo.
Porque desde mi cama
no puedo ver las estrellas.
El techo me separa.
Y debajo hay vida.
Un pasado que existe
y también soy yo.

viernes, 12 de enero de 2018

Farina

Ha abierto el mueble de la despensa.
Y allí boquiabierto un paquete de harina
se había contagiado de la plaga

de los bichos que nacieron
de su impoluta
inocencia
de motas, motas, de millones de motas.

Insectos horripilantes
que yacían por fuera, por dentro,
apabullados en la esquina del armario.

Eran muchos, un millón, o dos,
una marabunta
que dio paso a un asco contenido.

Cogí la aspiradora.
Y pude contemplar ese nauseabundo
espectáculo, que con estupor absorbía
la imagen.
De la podredumbre
que había infestado a la harina.

Una mentira basta
para corromper.
Hasta el agua más limpia.



lunes, 8 de enero de 2018

Raso

No levantas cabeza de
entre los adeptos, y larga la cabellera se lía en un carrete
de tantos peces pensantes.
Que llevan diferentes océanos
en sus pulmones. Y gozan
de la temeridad del pulso
cuando observas al amado
como un extranjero conquistando la hipótesis.
Tengo un trozo de barba oculta
detrás de la memoria.
Y la lengua más mortífera de la tierra,
pero, es el miedo con traje caoba
y medias canela que se transfiere
en el desván de la congoja.
La locura de herencia escrita en los ojos.
Y el croar de este corazón rana.
Amar.
Quién puede realmente amar.
Si el soldado muere
por la tierra que se le paga.
Si a un caniche le hacen más caso.
Penitencia abierta
con surtido de gasolina.
Porque no levantas cabeza.
Y tu mayor salario.
Flota de entre los abedules.
La sonrisa congelada.
La lismosna de un beso.
Necrosis de aire
que forman buñuelos de garras.
Que te matan sin cuchillo.
Y una ya no sabe a donde ir.
Sin que le cierren las puertas.
Por qué no levantas la cabeza
y tomas aire y huyes.
Cómo siempre.
Igual que un soldado sin patria
Mujer, mujer, mujer.

Lluïsa Lladó.

lunes, 1 de enero de 2018

No voy a cambiar nunca

No hace falta que corras
porque aunque regreses
ya nada será lo mismo.
Tu ausencia no ha sido el detonante.
Hace mucho que fui yo
la que cogió las maletas de los empeños.
Y disfrazó su sombra
de serpiente.
Me entregué a otro hombre
como la tela que veloz
es troquelada por la aguja
de una máquina de coser.
En cada repunte
la nada navegaba en contra,
en contra de los principios,
de los rayos de estanco,
de las rémoras en agua
decorando el jarrón de las
horas muertas con sus flores.
Me he vaciado.
Y mucho.
Soy un pantano seco.
Tengo en mi cuerpo cuatro manos,
marcadas al sexo.
Y ninguna vergüenza
de sentir el trópico de capricornio
de retozar con el amante.
Él que en secreto, también, es mi compadre.
Sentir el verano
en diciembre.
Y darme cuenta que
realmente he sido yo que
con mis bragas y miserias
la que se sentó en un bar de esquina.
Y gozó la plegaria porque el abandono
huele a muerto.
Y entre sus pliegues
me siento viva, mujer, la marisma de Florida.

Antologada

Participar en Voces del Extremo fue
un experimento inolvidable.