domingo, 20 de mayo de 2018

Rechazo mudiente

Otro lunar se ha revelado.
Y es que cuanto más vivo
más brío toman en mi contra.
Esta amorfo y rojo.
Parece un corazón atropellado.
Y soporto la pinza alterna
de su batería
que suministra quemazón.

Estoy agotada de la proyección nómada.
La manera de sobrellover las cosas.
Fatigarme como las ballenas del Atlántico.
En el observatorio de los que aman
sujetos a un contrato temporal.

Y los faros calladitos de día.
Y la bruma que protege a las estrellas
de nuestros ojos.

Y aún recuerdo lo que dije,
si él me amara yo lo dejaba todo.

Pero él no dice nada, está con sus cosas.
Y admito hecha arroz y trizas
que si de él dependiera ya hubiera vociferado las emociones.

Soy un poliedro. Un decálogo.
Y vivo en la corriente amazónica
porque yo también confesaría
el color que embadurna mi ánimo
al verle.

Pero, para qué.
Paracoches.
Paraguay.

Ovarágine

Nos hemos acostumbrado
del dolor el negocio.
Y noto tu cansancio de ratón.
Apócrifa
en el parpadeo
con la desgana. La mueca traviesa
delatada en el espejo.
Y un plan que huele a huevo podrido.
Es el mar en calma
un proyecto de la normalidad.
La penumbra
del pasillo con puertas que aletean
el aire.
Un necio que se supera en credo
y alimenta la sarna del victimismo.

Me siento tan fuerte.
Qué soy capaz de sostener
tu indiferencia.
Y hacer con ella, la papiroflexia
de los que no tienen ganas de vivir
y por consecuencia amar.

Papel de autómata.
Y yo poderosa.
Hija de volcanes y pumas.
Mirando cómo caes al pozo.
Desde el otro lado de la playa.

Gili gelatina

Regresé ávida.
Y sus primeras palabras
no fueron: te he echado de menos.
Literalmente me llamó
Mala Pécora.

Me quedé en dique seco.
Le había molestado la felicidad
de mis fotografías.
Y yo no supe como iba a ser
el suplicio de la noche de ajo.
Donde el abrazo era un baile forzado
entre el oso y la bailarina.
Estaba decepcionada
las salamandras ahuyaban.
Y un lo siento. Parecía la peluca vieja
de un travesti de carreteras.
No hice ningún cuadro.
Me adorné con una chaqueta.
Y me fui con la muerte de los estorninos.
Cansada de que me hagan daño
el poso malo de todas las cervezas
igual que la rabia.

El bosque de los reptiles.

Ha querido mi cuerpo
compartir nísperos contigo.
Lana ensortijada
que después del retorno
buscaba el amparo.
Me he partido en luna
y beso a beso
iba en escalera hablando
la conversación de los niños.
Te he echado tanto de menos
que en la oscuridad de la palabra.
He desprovisto mi corazón.
Creyendo que tu cuerpo dormido
en su eternidad reviviría.
Me olvido que eres un desierto
infestado de anacondas.
Que eres un hoyo
y yo la engreída bola de golf
que voltea al abismo.
Mi cuerpo con hambre.
Tu cuerpo un cadáver
gesticulado.
Me he ido de la casa.
Porque mendigar nunca
se me ha dado bien.
Soy orgullosa.
Y dar de comer a quien
no tiene hambre es estúpido.
Mejor, escribir un poema
o dos.
Escuchar la gota de agua.
Y valorar que quizás a ti
nadie te añore.
Estar sentada en un sofá.
Y mirar la noche
con ojos de perdida.

sábado, 19 de mayo de 2018

Transfiguración

En el doble vuelo con turbulencias,
del mareo de las cervicales
realizo la pirueta de los organillos.

Con el consentimiento de la letra
a moverse azarosamente
de un lugar a otro
en el poema.

Y el cansancio de cinco aviones
en una semana.
Los vaivenes.
La purga de las colas.

Y una pensión blanca
con las luces de los taxis
atravesando un visillo de poliéster.

Porque detrás del faro.
De la montaña.
De la nube gorda de borrasca.
De la risueña melancolía
enmarcada en ángulos desconocidos.
Después del río.
La barbilla.
El vaso Barlovento.
Los caminos.
La risa, el riso y lo rose.
Existe el verdadero enigma.
Lo que te apacigua la bestia.
La razón de que te rompas los huesos.
Y cantes con las cuerdas vocales
sosteniendo cubos de agua.
La gente.
La gente gestante de poemas.
Y su acuífero.
Dispuesto a sedar la sed de los polizones.

La gente que lee. Que comparte.
Que escribe. Que compra libros.
Y esa es.
La que yo tolero.
La que de su sencillez.
Puede con todo.

lunes, 14 de mayo de 2018

Del barco de Chanquete, no nos moverán.

No entiendo los bancos de peces,
y los que van por la vida de ballena.

Solitarios, con su boca-chancla,
metiéndose en vena
todo plancton mediático.

Los poemas alevines que juntos y aéreos
bajo la estricta mirada del mundo.
Con ánimos enanos
que congregados se convierten en una mole
que invita a quien invita
y laurea a quien da la palma.

Y en este océano de arrecifes
y corrientes, va el cetáceo por libre.
y los diminutos nos quedamos presos
en nuestro acertijo de mar.

Cómo escribir un poema claro, si hay más sal que líquido.
Y las playas están dosificadas por banderas azules,
de apremios por coordenada
de escapar de las redes,
de los que venden el pescado frito
en los puestos primeros.

Ya todo el pescado está vendido.
La hora de deshojar la córnea al gorrión.
Y talar los árboles del bosque.

Para que el anacronismo se enfrente
dentro de una charca
y los peces chicos sean ballenas,
y las ballenas sean devoradas por los tiburones.

Nanotecnología, androide, robótica: nuevas especies marinas
para la poesía
que será escrita con los ojos.


Y sin embargo te compro.

Cabe tanto amor en tu todo
que la luz fluorescente
colorea de blanco lata
la cara trébol del amor al trigo.
El amor que
con el tiempo se vuelve madera.
Con el rumor del caucho coche
en el cual viajamos
cuando me besas la espalda
con la premura de tu cuerpo.

Porque nadie como tú
ha sabido tan bien
cuidar los ruiseñores de la pena
que alberga mi cama.
Los cuervos felices
de la primavera
que se atreven a trinar
en contra de la voluntad de la ley
de los pájaros.