sábado, 31 de mayo de 2014

NOLUMA



A la docena
de cada lustro-noche
acontece un parto centrífugo.

Un minuto de silencio,
donde las banderas
de todas las plazas de mi sistema circulatorio
se izan a media asta.

Lloro plasma.

Nunca sollozo,
siempre en mudez,
brollan ellas
vuestro líquido amniótico.

Lloro.

La medida justa de una vaso.

Para que no se desborde en locura,

con un dolor tan intenso NOLUMA

que dosifico este duelo
un minuto a medianoche
cada día

entendiendo el lenguaje
de la Madre plaza de Mayo.

Lágrima con partida.




jueves, 29 de mayo de 2014

QUO VADIS LOISY LITLLE LINE Y JERRY TON TON.

Habían pasado abrigos por la tintorería
y mermeladas caseras,
cuando alguien de la villa
mencionó desconocer el paradero de dos diablillos
que atemorizaban con sus duelos y experimentos.

¿Qué será de Loisy Little Line

y de su acérrimo competidor Jerry Ton Ton?

Jerry la temía como si fuese una asesina en serie,
y no era más que un querubín
de mofletes colorados y labios mordidos, 

si sólo le faltaban sus pendientes de pluma para ser un ángel,
no exterminador, por descontado.

Dicen que en una de sus disputas Loisy en un acto de bondad
le había dejado unas quinientas peladuras de plátano
a la salida de la casa de Jerry para alegrarle el camino
con la viveza de sus amarillos.

Él tropezó, con tan mala pata de paquidermo,
que tuvo un traumatismo severo,

le salía toda la masa encefálica de la cabecita.

Hasta los pajaritos querían comer de ella.

Jerry Ton Ton como un campeón antes de perder
el conocimiento. Le dijo a la afectada Loisy Little Line:

-Loisy dime que si no salgo de esta
cuidarás de todos los juegos de magia
y de mi vivero de sierpes,

quién habrá sido la mala sombra
que interpuso esta inmundicia causante de mi.

Y cayó en un coma profundo...

Jerry conectado a un respirador mecánico
emite un gorgorito
que parece que le dice a Loisy que se vaya.

Pero ella emperrada lo custodia
hasta que venga un famoso científico
que le devuelva la conciencia.

-Pobre Loisy ( susurran las enfermeras) no sabe que Jerry jamás volverá de su narcolepsia.

Mientras la niña que cortó sus trenzas
pega la nariz al cristal de la sala de visitas.


Pero ella omite los murmullos.
porque confía que un día podrá recuperar la confianza de su amigo.

Ellas no entienden del poder de la mente
sobre todo si se alimenta de la esperanza del corazón.

-No te preocupes Jerry Ton Ton lo tengo controlado, creo...
Mientras su puño cerraba una carta:

Querido Doctor Livingstone, supongo:

Ya dispongo de los ingredientes solicitados
para salvar a Jerry de su trance "PseudodeSartre",
como usted me hizo saber en su última misiva.
Tengo el cerebro de gato,
cinco tuercas y una cremallera.
hilo de pesca,
quince quilos de serrín
y una botella de aceite extra virgen de la marca Mimosín.
Sólo me falta el corazón
pero... ya he encontrado uno.

                                     Atentamente Loisy Litlle Line.

A las doce,
una telaraña roja tiznó el suelo,
se asoman pequeños caminos de hormigas rojas,
en el suelo yace Loisy Little Line
lleva el rostro blanco como los mármoles de las cocinas caras
y su boca está en línea recta.

En su pecho hay una cráter
y a su vera un profesor chiflado sostiene una víscera humeante.

Loisy en un acto de generosidad inaudita
acaba de sacrificar su corazón
para que Jerry Ton Ton pueda recobrar la vida terrenal.


Muda muñeca.

Ya se acerca la tormenta de lobos ladrando,
todo el material preparado
aguja, pala, máquina de coser, fieltro negro y cola.


JajaJajaJa.

Se oía una carcajada
de la marioneta más terrorífica de todos los tiempos.

¿Qué será de Loisy?

¿Qué será de Jerry?

Nota del autor:
Estás preguntas existencialistas te las puedes imaginar en inglés u otro idioma.

Acaba de nacer...Jerrynstein.


Diversos diversiones conversas

I
Aleja tu vista,
acaso no percibes
que soy gata jugadora con ovillos
hasta despedazarlos.

Y luego vino, eso que le llaman karma,
cuando sucedió la cisne-idea
de tener uno de alambre de trinchera.

No tengo ojos.

II

Un gran logro
subí a la báscula,
voy rompiendo miedos
de esa chica anorexia que llegó a pesar 43 kilos.

El maestro con su arte quiromántico,
leyendo las estrías,
preguntó:


¿Por qué no querías comer Luisa en el pasado?

Ahora, por suerte, como por dos,
por mi espejo y su moldura.

III

El amor, en ocasiones, es una señal wifi
algunos con tal de mantenerla
acaban sentándose en el suelo,
como una alfombrilla de ratón,
gatos que se acercan hasta el límite
exacto
donde la señal no rescinda.

IV

Inmóviles
tuercen la tecnología
y apenas mueven su cuerpo.

Somos eso,
ondas 
a la merced
ida de la meteorología
espacio-tiempo.

V

Te repito,
ni lo intentes,
quédate donde estás,
me he retirado de la ludopatía.

VI

Un día salió el sol
y tuve la falsa sensación que nunca te había conocido.

Era una pesadilla.

VII

Cacerolas, tambores, cascabeles,
platillos.
palillos
palos
y solapas.

No puedo hacer más estruendo,
pronto lloverá desde el ángulo de mi word,
una serenata de palabras,
cuando vi una feuda-caricatura
y su título.

La chica asesina.

Eureka.

No sabía que fueses tan simple.

Vomité un par de sonrisas
mientras traducía varios textos
de tu hipocresía al destierro.

VIII

Olvídate de mí,
soy la novia inmortal del villano.

Vamos...
La chica mala.

Malicia en el país de la maravillas.


La luz alada.

I
Acaso no entiende usted
que en cada poema
su nombre se esconde
en iniciales codiciosas,
que estratégica escondo
por tener prohibido
alterar el silencio.

Que hablo a guiños
igual que las pestañas
que peinan la córnea lunar,
lunar de tu confín que recorrí
voraginoso
con la nutria de mi lengua,
vértebra a vértebra.

II

Por muy quieto que esté el topo
trae esta corriente arcillosa
en forma de llovizna
jadeo latente
con acordes vesicales,
con gusto a azafrán y un poco de arroz melancolía.

Huye que esto nace en mí,
sepa usted
que hago miles de kilómetros
a nado,
meditación,
trabajo con rosaledas de horarios y redes de bus de línea,
alcohol y sexo fácil
como el que mete una moneda
a esas tétricas máquinas
que por un euro
te abastecen con un paquete de cacahuetes.

Pero, si moraste en el Tibet
ahora en tierra mojada
el olvido sólo será efectivo
con injertos de tulipanes
en los viveros de mi zona cero,
justo,
en el corazón,

Como fe
arrancada
para vivir sin piernas.

III


Expulsada del casino,
en mi silla de ruedas
he aprendido subir las cuestas,
porque aunque duela la amputación
de haber sido uno,
y ya jamás serlo,
soy feliz,

la admisión de extraviar
por mi egoísmo
lo que no supe amar sin retener:

Verso sorbe sobre beso y su solitaria r.





miércoles, 28 de mayo de 2014

La cabeza Etrusca.

I

Fácil.

De la unión de nuestros libros
hubiesen, sin duda,
nacido bibliotecas.

II

Entera.

Viendo la dejadez parida
después del temporal:
latas, cuerdas, basura en definitiva,
estoy en serio cavilando
la posibilidad
de que cuando sea incinerada 
me porten directa al vertedero.

III

Rudo.

Tozudo como un mulo,
bello como un arrecife sin escaleras,
mudo sin hiedra,...

¿Qué  es?

Tú o Yo.

IV

Raciocinio.

Cuando levanté la vista
mis oídos estaban lo preciso
para no discernir nada.

Tan poco
Tan poco
Tampoco, fue lo nuestro.

V

Apátrida.
La lengua era sabia,
descarada inclusive,
te hablaba con el idioma 
del desprecio en siete tonos.

Parecía un gato,
atado a una lancha motora
que no paraba de maullar entre el oleaje.

VI
Némesis.

Él es el mejor amante.
El mejor Poeta 
metido en molde,
no hay abrelatas que saque la gula
que lleva en su interna decisión
de ignorarme a palos.

Sí, ya sabemos que vamos a fenecer.

Sí, que en talco se convertirá nuestra sombra
cuando lo ralle el tiempo.
Sí, que esta galaxia se irá a freír momentos
y poco quedará del Tothem.

Y qué es el tiempo, camarada, más que una sucesión de poemas.

VII

Me dejaste tatuada la duda
de si tu carne fue sincera prieta a mi ansia loca,
o simplemente te dejaste caer como los troncos
partidos por el rayo.

Rompiendo un cilindro
que llevaba enquistado 
en un pecho 
lamido por tu sonrisa.

Sólo fue el alma, compañero,

no te apures, 
con tu boca piraña cosida a nylon, 
a repicar.

Una compra otra a plazos
a una prima de Fausto,
a la medida de la incomprensión
de tu altivez depuradora.

VIII

Rasurado el cuerpo varias veces,
con yacimientos en otros limbos masculinos
y aún muerdo la lengua
para no nombrar tu felonía.

Pienso con los ojos metidos
de lleno en un joyero,
que eres tú
quien agita la sangre
de mi funeral.

NOMEOLVIDES.

Mi epitafio.






martes, 27 de mayo de 2014

Tiras piedras a un cristal.

Y este silencio,
esta resignada postal,
mendicidad
de ver la playa en la montaña.

Cuando no escribes eres

el poema ciego de la base piramidal

y debo luchar

contra el escuadrón de la muerte,
el bombardeo de una guerra física
páramo llamarte a cada golpe de cabina
que cruce en la vía,
de escupir tu nombre
al beber de las fuentes,
de escribir cartas
para buzones sin sexo.

Cuando desapareces tras la nebulosa

y nada puede ser escultura de tu indeterminación,
me entristezco
como las jaulas
que se quedan sin pájaros,
sin pájaros
que se mueren de sed
y desaparece la luz
de una caja de zapatos,
palacio de gusanos de seda
y sus orificios.

Como ansío que esta preñez de ti

se extinga
en imperios, en botones perdidos de chaqueta,
se ahogue en tierra como río seco.

Desbloquea

que no cometí más crimen que el volver la vista atrás
antes de cruzar el Teseo.

lunes, 26 de mayo de 2014

No me creo nada.

Cómo hablar de victorias políticas,

acaso no observáis que todo es un baile veneciano.

Euforia
y el depósito
con nuevos profetas 
invocando siempre sombras pasadas.

Este pueblo de oídos balón,
de forma humana
en un recorte de papel,
diario continuo
de su inocente destino
al matadero.

La gente habla en sonatas
de cuatros estaciones,
y es en la calle
en la calle,
calle
donde hable
que no somos más que residuos
en este ente de países cosidos 
a base de grapas,
pensiones y carreteras.

Pues los que realmente
ordeñan el mandamiento de la leche,
son dónde la extrema 
ha ganado reses
y cortarán el fino hígado
para dar de comer a los perros 
de este núcleo:

endorfinas,
amianto
y metástasis,
a la calle,
hay que salir a la calle.

Siguen expulsando cálculos renales
de las casas,
de las fábricas,
expropiando azoteas
para antenas móviles
que espíen
hasta la última arcada.

De esta obra de teatro
donde todos han ganado
menos el pueblo.

Que como una fulana
necesita un protector 
para sacarle los cuartos del baño.

Me dice usted qué me calle,
a la calle.

Pues, a la calle
que mañana 
hay que volver a resucitar.


domingo, 25 de mayo de 2014

Dedicado a Yolanda de Linares.

Claudia nació sin abrazos,
ella imaginaba la envoltura de la dicha,
como una gata apoltronada en un cajón,
buscando los ángulos de la pared,
de un sofá,
de arquear con vehemencia
una almohada muda
que jamás le retornaba el nudo.
Fue creciendo entre pérdidas
recordando el amago de su abuela
cuando con la salud muy deteriorada
aún cedía a soportar pesos
y la arrullaba con el balanceo
de una nana sin cuna.
Sin abrazos,
como el que nace sin boca para el pan,
sin lengua para sorber el agua.
Aprendió abrazarse a ella misma,
cuando las fuerzas
eran dientes de leche a punto de precipitarse.
Aprendió abrazar en la piscina.
Al viento.
A los libros.
Y de mayor hasta a las personas.
La terapia del abrazo
es el mejor pañuelo
para las lágrimas
que nunca fueron lágrimas.
Dedicado a Yolanda.



Si hubiese sido Montecarlo. Todo hubiera sido distinto.

En el sureste francés besando costa mediterránea
se hallaba un pintoresco pueblo llamado Narbonne.

Su torre estaba intacta
ajena a la erosión marítima y a los bombardeos.

En esa población vivía una joven de aspecto descuidado
llamada Odette, feliz en su establecimiento de legumbres.

En la tienda tenía botes de cristal  con toda clase de alubias,
con la licenciatura de poseer un ojo de lince
que distinguía pesos, tonos y aromas.

Odette estaba enamorada de Jean Pierre,
el cartero que cruzaba altivo
cada mañana por la villa con olor a crêpe y romero,
dispuesto a que ninguna carta contrariase su destino.

Gentil, y avergonzada a su paso,
salía a su encuentro con una pequeña bolsa
llena de esos frutos de la tierra
que para ella eran el tesoro del milagro de la vida
y el puchero, por supuesto.

Pero él, lejos de agradecer el gesto
la esquivaba veloz con su biciclo
y se burlaba por lo inverosímil del hecho.

Ella, en sus ratos de soledad
elegía las semillas más hermosas
las sabedoras de la salud, el amor  y el trabajo.

Escribía sus iniciales con los garbanzos
y hacía cascabeles con guisantes secos,
que la avisaran de la proximidad del zagal.

Pero Jean Pierre, no cesaba
en emitir una malsonante carcajada.

Odette agotada por sus desplantes
un día decidió no volver a aguardarlo.
Hacía casi tres años donde
ni la lluvia,
ni la niebla,
ni siquiera los gusanos come-sueños,
ni las pequeñas gravas en las lentejas,
ni la mosca blanca,
habían mermado la ilusión
de que recogiera su ofrenda.

Jean Pierre al detectar su ausencia
aminoró la marcha,
tanto,
que cayó entre dos zanjas
hiriéndose las rodillas.

Entonces empezó a llamar a Odette,
no cesando su clamor o requerimiento.

La chica cansada de escuchar sus lamentos,
salió donde el percance había ocurrido.
Él le recriminó
que no estuviera a pie de calle
para ofrecerle el presente
que tantas lunas ella había preparado con ternura
y Jean Pierre zafio y empachado rechazaba.

Entonces, Odette sacó una lenteja
de su bolsillo, se la puso en la mano
 y sin mirarle al rostro con una explicación, le dijo:

-Jean Pierre he tenido mucha paciencia,
hasta percatar que el desprecio
alimentaba tu autoestima,
y mis legumbres son para alimentar el alma.
Te gustaba acaso verme sufrir con frío o penumbras
mientras te ofrecía mi mayor riqueza.

Toma lo único que queda de mí,
quizás con suerte
puedas plantarla
y de ella brote alguna cosa.

Y coqueta abandonó al muchacho
mientras él tomó la lenteja
con sorpresa.

En una maceta lila con extrañeza
dentro de un puñado de tierra
nació maltrecha y desgarbada
una leguminosa
que llevaba escrito en cada hoja:


Olvido olvido, olvido, olvido.







sábado, 24 de mayo de 2014

Flor y cultura.

Podrá la envoltura de la cala,

el pétalo,

el tubo tallo,
la pequeña lengua verde
sobrevivir
al estancamiento de un jarro.

Quisiera que todas las tazas
tuvieran
donde asir la esperanza que cada día viaja en un crucero
de ser esa flor mutilada
que ve en remedios caseros un día más de agonía.

A una si no le hablan en metalenguaje
poco entiende, pero menos mal de traductores
que hacen que el cielo  mecanografíe nubes. 

Un lirio simplemente de.




viernes, 23 de mayo de 2014

sin título.

Hay días que la amnesia me acompaña,
hago cola en el supermercado,
me pongo las medias derechas
y hasta suspiro sin ese dolor en el lado izquierdo.

Días que un hombre templado
que acabo de conocer justo antes de subir a un tren (destino Semilla)
me pide compartir viaje
y le doy una negativa por respuesta.

Con horas que se deshilachan por minutos, 
donde no me acuerdo de tu nombre
y hago piruetas con el dedo en la ventana
escribiendo gotas de lluvia.

Luego la tarde, con ese ahogo de luces,
donde cada farola espera su disfagia
y sigo con mi carcajada pendiente abajo.

Cierro tarros, plancho líquenes
y soy etérea como la pluma de las gallinas,

escribo poemas a migas de pan,
y ceno páramo en un rincón 
de una habitación sin arritmias.

Pero cuando cierro los ojos
como en una maldición periódica,
fase lunar de mi desdicha,
añoro tu peso avergonzada
del tiempo transcurrido
que no cierra yaga galgo

me 
acuerdo 
del 
elefante.




jueves, 22 de mayo de 2014

Carta abierta desde el corazón de mi amiga Lola Almeyda.

Lluïsa Lladó y su fábrica de azulejos.


He abierto el libro por una página cualquiera, al azar, como suelo hacerlo cada vez que abro un libro de poesía. Me gusta hacerlo así porque no hay que atenerse a la lógica de un relato, porque me gusta la sorpresa de descubrir en los primeros versos el impacto que causa el escalofrío de la primera emoción o la bofetada fría de la primera indiferencia.
Azul-lejos. El título no me llega con fuerza, las primeras impresiones son importantes. Conozco a su autora de leer algunos de sus poemas en una página cerrada de poesía que compartimos. Hay veces que me asombra, me desconcierta, me plantea un interrogante que se me queda clavado de forma permanente durante un buen rato. Estoy acostumbrada a esos impactos. Estoy hecha a columpiarme mientras hago algunas reflexiones alrededor de sus versos.
Mientras leo sus poemas procuro desligarme de su rostro, tratar de ignorarla. Desconocerla del todo. Si ella no tuviera esa sonrisa ni ese hoyo en las mejillas ni esos ojos pícaros ni ese pelo corto y rubio pintado para disfrazarla, diría que no es ella quien escribe estos versos, quien describe esta vida paralela, quien se ensucia y se moja y sacude las suelas de sus zapatos antes de entrar en la casa, creyendo que al mismo tiempo sacude las cenizas de su cabeza y se libera de los miedos, de los achaques de la felicidad ficticia, de ser hija sin madre, madre sin hijos, amiga sin amigos.
Lluïsa Lladó. No sé quién es Lluïsa. Trato de descubrirlo, descubrirla, y me da miedo penetrar en ella. Creo que nos engaña a todos y buena muestra de esto son sus versos. Nos engaña porque aparenta ser superficial y nadie que escriba estos poemas puede serlo. Nos engaña porque aparenta ser diablesa y nadie que haga estos versos puede ser diabla si antes no es demonio y se ha cocido en las llamas del infierno. Nos engaña porque nos enseña una sonrisa angelical y nadie puede ser tan bueno como para parecer ángel y demonio al mismo tiempo.
Leyendo la poesía de Lluïsa –esta, la que desconocía, la que viene impresa en el libro-, tengo la sensación de estar ante alguien mucho más vieja que yo, que pretende ocultar lo que sabe, lo que conoce más que por vieja, por ser sabia. Cuando comienzo a leer sobre la letra impresa en los azulejos de este muestrario, voy recibiendo mensajes, llamadas, gritos de atención, avisos, timbrazos. Me está avisando de algo, me está citando a un aquelarre en el que solo hay evocaciones, invocaciones, advertencias. “Ten cuidado -nos dice-, no me dañes, que soy un animal herido y necesito caricias”.
Y cada vez que abro el libro por una página cualquiera está ahí la llamada, el toque de atención. Yo creí que conocía a Lluisa, pero me equivocaba. Ni la conocía a ella ni conocía sus versos. Me atraía su libertad de expresión, su mundo desconcertante y luminoso, las ráfagas de indisciplina que veía en su poesía, las referencias esquivas con la realidad, las notas arrebatadas de optimismo que caían más tarde, a través de un solo verso, en la más absoluta adicción de soledad y abandono. Creía que todo dependía de su estado de ánimo, de los hoyos de sus mejillas o de la intensidad del rubio de su pelo. Pero me equivocaba. Quizás todo se deba a sus largas conversaciones con un dinosaurio, al amargor de los nísperos celosos, a la incesante búsqueda del estornino que quiere imitar el canto del ruiseñor, a sus preguntas, a sus respuestas, a sus latidos, a sus olvidos, a sus deseos, a los tres lunares de su espalda, a la inocente meditación de esa suspendida queja: “si supieras…”
Lluïsa Lladó, Azul-lejos; he leído su libro con ansiedad después de haberlo comenzado casi de forma distraída, hojeando los poemas ejerciendo una función alternativa, sin premeditación ni alevosía, creyendo que sabía lo que iba a encontrarme. Y he terminado comiendo ávidamente cada palabra, paladeando cada emoción con ansia devoradora, como aquellos niños agraciados con la onza de oro en la película; solo que aquí Willy Wonka disfrazado de Lluïsa Lladó me da una lección enseñándome a disfrutar del auténtico sabor del chocolate en forma de poesía rotunda y contundente.
Escribo porque es la única manera de poder amar” dice Lluïsa comenzando su poemario desgarrado. Y yo le diría: “Te leo porque es la única forma de conocerte”. Quizás esté equivocada, posiblemente, pero me ha hecho ilusión creer que descubría a una mujer a la que desde ya admiro a través de su impresionante muestrario de azulejos.







Antónimos y sinónimos de sol y edad.

Ella
hablaba del hombre rima,
entendía sus sustantivos
pero, nunca
el contenido de las frases.

De la parra,
la uña de gato,
de la cruzada
emprendida de apurar
kilómetros

Yo,
no entendía esa clase de amor
que era imborrable,
que como un astro halógeno
se apoderaba de sus ojos
y vocablos.

Hasta que un día perdí mi costilla
en el asiento de un metro,
y pude impertérrita
y colmada de saliva, 
subyacer al foso
escrito de la lujuria.

Y vi el verde de la hoja en vid ajena,
y mi espalda fue un grabado
ante el poder de sus dedos
trepando gatáctico,
músico
que caníbal
deshuesó
hasta mescalina.

Entonces comprendí,
la comprendí,
a ella,
y esa pena perpetua,
que no es consciente,
pero irradia en una pupila punto.

Dejé de entender las palabras
y el contexto fue descifrado.

También
presa
de un loco amor.

Uva,
araña,
diccionario.

Aprendí el temario de ella: 
eternidad 
con el estribillo
de las olas a solas, olas a solas,
asolas, las olas, solas a...,
en mar.








Bitácora de Linares II

Las nubes en manada
a tu encuentro huyen
y cerrada la tormenta
no habla, sólo se escuchó
el rayo (tu nombre)
de otra boca.

En estampida me distancio
entre el grano y verdes
sobre cueros cabelludos. 

Los molinos avispados
saludan a Eolo.

Vira un collar de vagones.

Gente que escucha
sin voz la película,
gente adormecida
en cadencia ferroviaria.

Traqueteo.

A pesar,
de nuestros cambios de vía.

Del hedor
de un retrete
que no entiende
de sexos.

De los cubatas
a cinco euros
y morir más rápida
en viaje.

Porque oler a tren.

Me lleva hasta tu calma.

Linares 21/5 Lluïsa Lladó

Bitácora Linares I

Abandonar
los campos de Linares
crines
bolillos
rastas
sobre su tierra maíz
estremecimiento
y que una cigüeña
acompase
el Talbo
signo inequívoco
de paz.

El buen camino.

Lluïsa Lladó.

21/5 Linares.

lunes, 19 de mayo de 2014

Normas de conducta.

En la casa del gran deshermano
creen que la lejía,
produce cáncer.

  II

Mira que este individuo
estoy más que segura que procede del cerdo,
en vez del mono,
porque no es la urea matutina
en forma de pantano en la taza,
ni las latas de cerveza huecas,
ni que fume de noche
y toda la pestilencia
traspase las paredes,
no es sólo eso...
Esta tarde después de casi un mes,
me ha sitiado en el comedor
(eso me pasa por relajarme 
y sentarme en el sofá comunitario)
se ha presentado,
por supuesto contenía el vómito,
no he tardado mucho
en recluirme en mi zuloland,
que si me molesta el ruido de la tele,
o necesito algo de noche
que le toque un par de veces a la pared,

es ese momento yo ya me he levantado
y me he ido fumigando a mi habitación.

Tu p...madre te va a golpear la pared.

III

Puppy 
es el habitante
de la nave
que más caso me hace,
cuando abro la puerta de la calle
después de mis juergas, me espera con un muñeco de goma
para que juguemos
moviendo aleatoriamente la cola.

Me gusta esa recepción.

Sin duda, me siento bien.




Vamos a contar verdades.

Esclavo de la mente
un día te maldije en poemas
que haría a desdén con tu hombría.

He decidido abrir las cerraduras
para que vuele tu imagen de mi cabeza.

Somos libres.

Ya no volverá
la mazmorra de mis palabras
a ofenderte.

Vuela galán a copas erguidas
sintiendo el aire fresco del abandono,
de unos besos inventados y cuerpos cavernas
donde yo, también fui lacaya
de la incomprensión
de tu partida.

II

Ahora que soy feliz
y que el mareo del transatlántico
ha remitido.

Sonrisa alada
de medianoche

III

Podré cambiar de cuerpo,
mudar de talle,
tener mil espejos el nombre.

Reencarnarme en la luna
adhesiva a todos los escaparates,
a los ojos que se miran en los lentes
y resistir hasta en mi quema
que nunca encontraré un alma como la tuya.

Siglo más o menos,
quizás no entraba en los planes
o no era el momento.

Lo único que puedo decir
que he aprendido muchas cosas contigo,
que no luchaste contra mí
aniquilando la soberbia,
haciendo que el ego felino
fuese una alfombra de anticuario,
la salvación de Hades.

Estoy como los sombreros
encima de los maniquíes,
en paz,
posiblemente un día
cuando un planeta
luzca en un anillo compromiso,
engarzado
y perdones
mi arrogancia egoísta
que no supo ver tu dolor,
en cada una de la lágrimas
de tu silencio.

Bendiciones.