viernes, 30 de enero de 2015

Bricolajeno

La primavera había llegado,
en la frente escrita con toda la rima
que se queda en los candados
en forma de clave.

Arreglar las paredes, mobiliario
con patas desmontables;
todo un estanque
de aves y piezas de  museo.

Y yo. Desde mi barca.

Sostenida al palo mayor
iluminaba faro a faro,
su inquietud mudanza.

Si él, quisiera,
pintaría esos blancos de sonrisas,
pero, una se queda
amarrada a la moldura
del temor, a la corriente
que siempre te aleja
de lo que más amamos.

miércoles, 28 de enero de 2015

Pies de porcelana

I

En tardes angostas sobre una butaca de polipiel,
la abuela estiraba sus piernas
mientras el aroma de Nívea
perfumaba esa sala con forma de pastilla de Ibuprofeno.

La abuela con sus pies cansados,
deformados por una poliomielitis,
que la privó de bailar.

Ella, diva, con garganta sonatina
escaló donde las tacones no llegaban.

Fue alpinista de la voz.

II

La abuela María tenía las extremidades de paquidermo,
dos muñones que siempre supo
disimular, con su elegancia innata
y la perplejidad recompensa de ver a su nieta
con los pies de peces
con los pies de morena
con los pies hipocampo,
saltamontes,
anca y pata alada.

III

La abuela María, siempre con su dolencia muda,
pedía que le diera alivio a su pena,
me arremangaba un jersey de cuello cisne,
aprendiendo a sanar con las manos.

Recuerdo la pasta blanca
metida en mis uñas endebles,
y sus pies de elefante.

Ella era un diosa hindú,
una sirena de Ulises, para mí,
la maestra,
sólo que todo tenía un precio.

Eso fue el pacto, yo sería una trotamundos
sin la capacidad heredada de toda la familia
de entonar un triste estribillo.

Pero con esas manos,
de estrellas marinas,
escribo poemas que cantan en el corazón.

Y doy consuelo
a quién lo precise,
manos aguadas de cántaro.

IV

Abuela, cómo me acuerdo de ti,
y de lo que nos cuidamos mutuamente,
aún lloro tu ausencia.




martes, 27 de enero de 2015

El príncipe de chocolate.

Me quedo con las ganas
del sabor de la confitura en el filo de lengua
con las ganas de que tu boca-bahía
al amparo de la barcaza,
sea pedazo descorche de rompeolas
que siente la mar anegar por todas partes;
sé que nuestro encuentro,
hubiese sido, temerosa conquista de ciudad,
y sorber tu solo, y adorar la quimera,  el esdrujular de tu fortaleza.

Al Malaqi, dijo, que en almena dactilar mi corazón quedó prensado.

Las espirales de fuego rompiendo la olla
y en la hoguera de tú, tú, tú, de tú,
de todas la verjas que abren tu piel,
poro a poro que he lamido, que he sentido
y con las manos quemadas escribo este poema,
la renuncia de mi amor, por ti,
porque eres esa luz que se enciende en todas las casas
a la hora del silencio.
Hubiese sido tu amante, al abrigo de tus libros colocados como alfombras,
voladoras manzanas de tu huerto escarchado
pero ,me quedo con las ganas,
de la miel pegada a los dedos, las ganas,
de ser poema bajo lumbre en sábanas mirando al estrecho,
con las ganas de haber perdido nuestra oportunidad.

Me costó, crea,
toda mi fragata hecha trozos
en su ducha
con el mismo jabón que lava su cuerpo todos los días del año.




























Coco del Nilo.

I


Él tenía, un ojo de cocodrilo.

II


Tumbado al sol con su ojo cocodrilo,

y levitando ella hasta su corteza
le musitaba con la resina del pino.

A la altura exacta, del oído.

Te quiero.

No voy a encontrar un hombre como tú 
nunca.

Te quiero.

Y el ojo cocodrilo, alargado trapo verde,
como un leño sobre la cama,
abierto ojo de muñeca de feria,
abría las fauces, corona de colmillos.

-Di la verdad, la verdad número 1000,
la número 100, la verdad diez y hasta la una.

Le dices a todos lo mismo.
A todos les haces sentir el único de la tierra.

Cocodrilo, ojo.
Semicírculo.

Y una lágrima
subió la marisma
de  unos ojos cocodrilos,
y respondió:

Sí, 
esto es un juego.

III

La conoce, mejor que nadie,
testigo de las crisis,
de los estragos,
de como la eslora chocaba
hasta romperse en mil pedazos
contra la barra de una discoteca.

Y le decía:

No bebas, más, por favor...

IV

A veces, recordar el pasado,
para no repetirlo.

Europa

Amar un continente
implica peligro,
supone que caben más de una persona
y te sometes a la incredulidad
que montañas, lagos y ciudades saturadas de CO2,
hagan sentir, que vives sobre una balsa.

Un continente
con su sísmico
con los pozos de agua negra
con la casa mirando hacia el sol.

Mejor no amar a un continente.
Si no quieres ser otro número
de la estadística de sus meses.

Me quedo, con isla,
esta galleta de tierra
que ve venir
el mar por todos los lados
y su viento.

Deseo una isla
como yo.

Sencilla con su palmera.


lunes, 26 de enero de 2015

Rea.

Debía pedir permiso para cruzar la cocina,
pedir permiso para asir la jarra y verter el agua,
tomar el pan y cerrar la boca,
debía pedir permiso
y en la aduana 
declarar mis deseos en contrabando.

Cenar con las compañeras del trabajo,
eso, era un atentado a su hombría
y te llevaba al cuarto incomunicada.

Pedir permiso para hablar, para lucir una falda de lunares;
ir al servicio a lavar las manos
de la culpa por respirar.

Esos años de cabezas colgando
en el salón de una cárcel,
y escapar 
con un permiso de por vida,
penitenciario.

Vicisitudes.

Lorca decía que la poesía
estaba en la calle, últimamente, la veo en un acuario
alimentándose de sus propias escamas.

Sí, hablo desde mi ignorancia,
ni siquiera sé escribir.

Articulo letras,
amueblo lo incolocable en las páginas,
y espero a que toquen el timbre.
para servir un poema frío con dos pastas.

¿En qué calle, fosa o muro?

¿Tú sabes dónde, Lorca?

Palomitas con sal.

Los domingos por la mañana,
estrepitosa,
alzaba el vuelo
igual que una palomita compacta en el microondas.

Con exaltación exclamaba:

-Vamos a Milán, hay un Low cost.

Cogemos una barra y unos quesitos.

Rápido, es barato,
menos que ir al Grau en taxi...

Pero, refunfuñabas, abrazando la manta,
y me decías, hoy, precisamente...,
hacen la final de Telecinco.

Y de tantas finales 
un día, puse punto y final,
al hombre enamorado de la televisión.

domingo, 25 de enero de 2015

Papel maché

Dormir con una máscara de papel.

Desde Italia
te pedí perdón,
el amor se enquista célula,
no puede renegar del pasado.

Fuimos chorros de líquido
entre las estacas que abren paso.

Fuimos sombra compás de un cuerpo,
fuimos.

Perdón por amar a otro hombre.

Perdón porque fuiste la brújula
que me alejó de ti.

viernes, 23 de enero de 2015

Cuadernos de Wislawa, Venezia.

 En mi aventura Wislawa, de Venecia, he contado con la suerte innata (que como bien dice mi madre, es por el hecho de haber nacido con tres coronillas) , de aterrizar en la TOLETTA (1933) , un lugar emblemático literariamente en Venecia. Su nombre, de origen legendario, se atribuye al autor Giuseppe Tassini en su obra Curiosità Veneziane (1863, ed. Filippi, Venezia), que denominó así las tablas de maderas que se usaban para cruzar los canales desprovistos de puentes. Es allí en esta librería, editora y promotora de eventos, donde hallo la amabilidad italiana en mi estudio espiritual, pero, también intelectual de Wislawa Szymborska, a través del gerente de la misma me deja hacer uso (y fotografiar) de la mayor parte de la obra en italiano de Wislawa, la cual en este país, a partir del galardón (Premio Nobel de Literatura, 1996) y por la agudeza del carácter de la poeta polaca y su humor picudo, se gana el respeto, la admiración y el cariño del país ítalo. Wislawa Szymborska es aquí una autora de culto; cosa que ocurre actual y paulatinamente en España, quizás la hallamos encontrado demasiado tarde, pero, en los últimos tiempos poeta muerto: obra descubierta, y es una pena ,que ya se está convirtiendo en una costumbre demagógica.

 En dicho lugar he contemplado varias obras completas de Wislawa, mayormente de la Editorial Adelfhi.

 Las cuales se resumirían en "La giogia scrivere di tutie la poesie" 1945-2009 ; "La gioia di scrivere" volumen 349, Olere Adelphi. Dos pequeñaas encuadernaciones "Basta così" (Adelphi) y "Due punti" , o "Dwukropek" como título original, (Adelphi edizioni), la cual he adquirido, traducido por Pietro Marchesani, una eminencia de la traducción de las obras narrativas y poéticas de Polonia, premiado y que falleció apenas dos meses antes que ella, ambos mantenían una gran amistad y me consta al ser una postal o college enviada a él, el siete de abril del año 2006, uno de los motivos de portada de una de sus obras completas. Las maravillosas creaciones de Wislawa en su correo postal que pude admirar y que personalizaba a cada destino o remitente. Pietro la adoraba, se sorprende de su proyección a nivel popular, al considerarse siempre la poesía minoritaria, valora su capacidad humorística, universal y comunicativa de un lenguaje depurado que el pueblo entiende y siente.
 Otra de las obras que he encontrado ha sido "La vita a Volta é sopportabile"  donde hay testimonio escrito y visual (D.V.D.), a modo de documental en manos de  Katarzyba Kolenda-Zaleska (cineasta polaca) sobre la relación estrictamente amistosa con el escritor Roberto Saviano y su perspectiva sobre ella y cuatro entrevistas a personajes que interesaron a Wislawa: Umberto Ecco, Woody Allen, Vàclav Havel y Jane Goodall, esta última no me sorprende en absoluto, la poeta Szymborska sentía pasión por los primates, en sus pertenencias se encontraba un viejo libro sobre la teoría evolutiva de Darwin, igual que muchos enseres que aparecía en sus poemas, como caracolas, amuletos, etc.  
 Estando en Polonia me contaron que ella, decidió fotografiarse con monos, uno de ellos era de talante agresivo, y le pegó un golpe en la cabeza, ella se asustó y chilló, y el primate asustándose más que ella, ante su exclamación, le llenó la boca de matojos, todo acabó en una anécdota y risas.

 Las dudas de todo el material que he encontrado al estar escrito en italiano, se han solventado con instinto, la ayuda de TOLETTA y Onofre, amante de la poesía y estudioso, que congenió conmigo al dar la circunstancia de que fue compañero de Erasmus de una chica mallorquina de Artà.

La verdad me vuelvo muy satisfecha de este viaje, sí,, Venecia, cuna del arte, la poesía y el misterio era el lugar adecuado para la conexión. Y descubrir y aprender más de esta mujer que merece ser recordada y valorada por todo el mundo, como ella hizo con la humanidad, y sus mitos.


Curiosidad impertinente.

Pregunto:

¿Qué son esas montañas cocainómanas?

Nadie responde.

Rostros anal-fabetos
niegan la historia.

Acabo de descubrir Croacia.

Murano tras el cristal de mi realidad. Bitàcora.

Sentada frente a Murano,
no puedo evitar en él.
Con la desventura de Isolda de S. Michele,
hogar de silencio,
donde ni las hojas hacen ruido a la suela.

Pienso en él y en sus ojos,
vértices de cipreses,
que disparan bengalas de náufrago.

Cipreses artificiales, góndolas césped,
de un cementerio abrazado de agua.

Y revivo, cuando dice que le olvide,
acaso, desterrará la vista gaviota esta sierra nevada,
de belleza inhumana.

La concesión de lo hermoso, no soy merecedora de ello,
que he estado en sala con cuello roto
sobre camilla observando
con temor el camino a un sol, lampara de quirófano.

Yo no te amo físico.
Yo no te amo cuerpo.
Yo no te amo esfera.

Te amo libre.

Como todas las cosas que amo.

Y fueron mías por cordón
hasta alejadas barcas de cuerda.

Es un vínculo, del cual, he admitido
su plaga, y he dejado de sufrir.

Te amo intelectual-mente
y eso ni la muerte podrá con ello.

Escribo sobre
el agua de papel
de un mapa.

Destino Murano.




jueves, 22 de enero de 2015

Casanova mon amour

Laberinto de calles,
precipitaciones hacia acequias
con amarres siliconados.

Los tacones autómatas,
quillas de mi forma
deambulan con la imprecisión
de ignorar el destino, igual, que una brújula,
voy desnudándome,
primero: el calzado,
luego, el vestido.

Tiene frío mi contorsión.

Suelto la melena, y el cabello corto tengo.

Tirito ante la bruma,
neblina de vapor nocturna,
soy salvaje,
libre,
con la imprecisión
de desconocer la ruta,

fui rata,
no me cabe incertidumbre

de Casanova.

Vecchio


El río, sí, este cordel
de río, de río, va abriendo
en cobalto bosque
una profundidad que no logro avisar;
trenza en trenza,
afluyen en malla sus raíces líquidas
con bordes encerados
por el combustible.

Las piraguas creadoras de rutas.
Los patos salvajes haciendo la corte a la incisa naturaleza;
trenza a trenza,
que teje, en este recogido renacentista,
un camino.

¿Cuál será su final?
Lo desconozco...,
el río, sobre río,
hebra de lana que sostiene el puente.

II

Morir, aquí es tan fácil (Byron),
tan sugerente,
caer hacia sus aguas,
sin árbol donde poder colgarse;
otra piragua, y un puente
que brilla engarzado aro
de pequeños comercios
de petición y sueños en piedra.

Ser una suicida. Apenas hace nueve días
en el canal de Venecia,
un cuerpo flotando, boya insípida,
dio liquen al arrecife.

No, no, no, este río, no es mortaja,
es para lavarse las manos,
la cara, mojarse los pies con la lluvia florentina;
trenzado en mapa, un camino.

¿Dónde desemboca?
¿En qué mar?

Lo desconozco...

Sólo sé de pájaros

y dos piraguas
que me dicen adiós

con sus remos.





La ley de la granja.

I

En la Plaza de San Marcos
leones alados
esperan su benedicto.
Un día todo será
una Atlántida.
La Biblioteca de Alejandría.
El Coloso de Rodas.
La Torre de Babel.

Y harán visitas con submarinos,
robots.

II

En la Plaza de San Marcos
he sentido mi corazón mutilado,
el turista pletórico
alimentado las palomas de alas romas.

Palomas grises.
Palomas blancas.
Palomas verdosas.
Palomas azuladas.

En las repisas
celosos clavos
impiden su reposo.

El auxilio.

Los turistas siguen dando migas
a las aves de la paz.

Palomas que parecen seres humanos.

Veo gaviotas, carroña fascista,
las destripan,
se las comen descuartizadas,
trozos de carne
y sangre antecedida.

Casi vomito, ha sido deplorable,
aún tengo el sabor metálico en la garganta,
y los ojos con vísceras.

Gaviotas sobre-alimentadas.

Un rico por cada diez pobres.

Sale

I
La Plaza de San Marcos,
campanada más hueca una que otra,
expansiona felicidad
mientras los pies se tambalean
sobre una superficie movediza.

Así está el sistema democrático.

Sólido, pero, a simple vista.

II
La Plaza de San Marcos
rebosante de cuerpos aflorados de prendas,
hace frío,
esta rica humedad de mar,
que sala los labios, la lengua, el paladar,...
Me gusta este hedor de agua,
soy isleña,
el salitre adherido a la alga
hace un delicioso corrupto
que se filtra por las fosas nasales.

El puerto siempre huele a pescado.

Y el alquitrán siempre mancha
las piernas.

Me gusta el sabor,
lamo mi boca constantemente.

Siento que estoy viva.

Reflexiòn sobre el vaporetto.

I
Cuanta ingratitud
en la paradoja de tanta frialdad
y pan de oro.

II
El Carnaval prosigue
desde hace varias crisis.
Estoy pasmada, y aprecio
con cierta acritud el valor humano.
¿Qué nos está ocurriendo?
Somos delfines.
Somos cuentos de niños, por cada segundo que pierde
un ser en una foto.

¿Lo has contabilizado?

La gente adora los visores,
idolatra su propia imagen,
es la era de la egolatría
no tan lejana al hombre
que quiso ser la imagen y semejanza
de una divinidad.

Sobre madera.

La religión de las masas
será la nueva tecnología.





Las encìas de la verdad en flor.

I

Cuando las caras
son volùmenes de Trento,
màrmol de hormigonera.

Calles forradas de establos
de luxe, acaso eso es lo que pretendiò Leonardo,
hacer una galerìa
de puertas agasajadas
de camisas,
relojes,
bolsos y vìboras.

A la merced, al mecenazgo
de Amperio
del sol
consumido.

II

De repente, un hombre
grita bajo el palmeral de piedra;
las pupilas esquivan sus ademanes,
pues, su locura incomoda al peatòn
que se refugia mirando escaparates
de firmas, o marcas al hierro.

Lleva una chaqueta
excesiva a su cornamenta.

Continùa su discurso fonético
e incomprensible.

Un loco en Florencia.

Le fou lleva en sus manos un libro.
Pazzo clama rompiendo el tìmpano
de la lluvia.

Me acerco, curiosa al espanto
del maniquì,
el loco de chaqueta verde,
lleva en sus manos un libro.

Un libro
de
de
de
de
Poesìa.

Acaba de hecerse una transacciòn,
mientras el loco chillaba:

De
de
de
de
crédito.











lunes, 19 de enero de 2015

La rueda de la fortuna.

Acaso  sabe el salmón
sobre la plancha de metal
cómo iba a acabar su tregua,
sobre hierro caliente
en estómago de humano.

Él soñaba morir
izando la vela de su tallo
hacia el río.

Acaso, él, lo sabía...

Y este asfalto
que se abre
a la gula del frío,
hecho con manos de hombre
en un agosto de sol de avaricia,
acaso este cemento,
gris tierra, camino de coches sin volante.

Sabía que abriría su branquia
al tropiezo con embudos de agua.

Acaso, él, lo sabía.

Charco, estanque, fosa acuática, tú.

Acaso, sabía mi corazón
acabar en un gancho
la tentación expuesta a luz de un foco,
acaso mi boca supo que al besar su boca,
charco, estanque, fosa común, tú.

Acabaría siendo el cebo
para complacer, y no pedir nada a cambio.

Acaso, él, lo sabía...

¿Lo sabías tú?

domingo, 18 de enero de 2015

El anular.

A medida del paso del tiempo
vendrá el tomate sin pepita,
la maceración,
el membrillo,
las confituras de ciruela,
la almendra tostada en sartén vieja,
me llaman...
escucho las voces que vienen del campo
no quiero laurel por tejado; 
quiero que cada lunar de mi cuerpo 
sea un pequeña alubia
que engendre en cada grieta,
la superficie no en el mar de la fertilidad
que muere de nada a las afueras,
quiero la botánica
de convertir en dulce lo salado.

II

La viscosidad en el paladar
la ternura fundida en el hijo del trigo
en asamblea de aceite o vinagre.

La fruta en transparencias,
la demolición de las cáscaras
y las ganas de una vida casera
hecha a recuadros de manteles
que saborearán el candor sobre mis senos
y la comisura de unos labios.

Quién pruebe mi boca
estará perdido
en un bosque sin puerta.

El índice.

A medida del paso del tiempo
noto igual que la piel mamífero del delfín
la necesidad de tener mis manos en remojo salubre.

Me estoy convirtiendo
en un eco de mi madre,
igual que lo hizo mi madre con la suya.

Un eco perdido en la cronología,
que se recupera
en hábitos heredados desde el medievo.

Un día, él iracundo,
lanzó al cubo de la basura
todos mis botes vacíos.

Le alteraba, la absurda manía,
de guardar frascos y fiambreras,
así que...sin mediar palabra poética
la sentencia del camino al vertedero.


-Por favor, no tires mis objetos.

Tú y yo somos distintos, tú no ves nada,
yo veo mi sino
y veo que está lleno de esperanza.

El corazón.

I

Nací con las manos pequeñas
a desmedida del corazón.

II

Mi abuela
tomó mis manos
y en un acto de futurología predijo:

María,
tus manos son pequeñas
a desmedida del corazón,
debes protegerlas,
tenerlas en agua con sal marina.

No podrás,
vivir,
fuera del océano.

Tus manos, María,
son dos estrellas del mar.

III

En la cocina miraba las estanterías
que adornadas con puntillas
vestían de novia a los tarros en conserva.


IV


Con esos ojos de bola...

La abuela María, enseñaba los secretos de la alquimia,
de convertir en colorantes
el amor de las manos desprendidas.

Cortaba las judías a dobleces,
explicando que no usara el metal en mis guisos,
el pimiento desgranado sobre fuentes de vidrio
y la harina espolvoreada
como los campos nevados de Polonia.

Tenía,
el don.





















viernes, 16 de enero de 2015

Sálepus tú la razón.

Un año de terapia
y sentir que aún en dependencia
deja la hoja ser libre al amparo de la corriente,
un momento de reencuentro
con hombres vestidos de muerte
de ir aflorando en este lunar rojo
el humo de un cigarro que prende en esternón.

Quedan las señales,
bordados
que sólo descansan bajo la ducha.

II

Y allí
en lirio, en mediana de carretera
voy descamando arenques en un mercado
hacía minas antipersonas que explotan 
y llenan las paredes de mármoles rojos.

Porque él supo, 
de la inclemencia 
del terror debajo de la mesa camilla,
la cámara de gas convertida
en la  imagen de la memoria,
la indivisibilidad de contemplar con dos retinas
la externa de bacteria
y la interna hasta el fin de mi respiración.

III

Por eso inventé mundos paralelos
donde refugiarme de la hiena,
y ahora comprendo que yo no tuve la culpa,
de ser la víctima
y que la presión hace que las mangueras arrinconen
a los manifestantes de la paz
entre cólera y col ramo de novia.

Por eso en esta metamorfosis, me siento libre,
como nunca,
no vivo ya en el muelle
de un colchón sofá-profético
a la espera de las mercancías aduaneras.

Vivo, para saber morir.

Del único modo que mueren los poemas
recitados 
sottovoce
en un metro destino  Londres.


Lluïsa Lladó.



Madrugar la arruga de madreselva.

I

Entelada sobre el camastro
sábanas de Primark
y unos cojinetes de Zara Home.

Pienso en la mesura del paso
diez años para ti,
en...
son un calambre de la lampara a la red.

II

Pienso en este acertijo de madriguera
lo que la madre naturaleza
en la rescatada memoria
donde exclamabas
que facilidad para aprender los pasos
mientras en rítmica secuencia electroestética
me moría.

III

Campanillas de su garganta
y domar a la india que subyugué entre mis y mi mes
no es tarea.

Le aplaudo, ha sabido coser sin perder puntada.

Pero, acuerde con el témpano
que todo es un suero.

IV

En este trance envuelta cama
de revolcar mi cuerpo en pensamientos y veracidades,
pienso, en lo poco que hablo con mi madre,
apenas...
latente expresión de los catorce hasta los diecinueve años
en que se cocinaban
macarrones con tomate
con salsa color infierno.

V

Todo se hacía por mi bien
y lo de llorar hasta que sólo se hace
por dentro
es malo, muy malo,
porque te conviertes en una casa
de paredes blancas
supurando moho
por los rincones.

VI

Y ahora me siento como un tronco
del cual que brota un alambre verde
de contacto adormece
en el estanque dorado
de bombilla
bajo can-can.

VII

Antes vivía
en la continuidad de una nube que emergía de una olla
bajo el ardiente deseo de los fogones,
creía en la certeza
en la bóveda de las mantas que eran tiendas de campaña,
ahora, sé que lo único que sé es sed, sed, sed de dar amor
a cambio de nada, como una lámpara
encima de esta mesita de noche...
¿Y por qué no de día o medio cretina esencia de la fe, fea a paso a paso?

Sopa de letras.

Ahora, improviso y busco la luz con el alba.

No quiero más
entre el levante de un cuerpo
que lleva en cada uno de sus huesos
tablillas de piedra
con clavos de barca.






jueves, 15 de enero de 2015

Pequeños pasos en el trampolín...

I

Pasaron las fiestas
y todo se ridiculizó, 
en que esto se hace por mi buena esperanza,
tanto que fuimos
y aún sigues fingiendo.

La foto
con la camisa que le regalé
me lo ha susurrado a la pupila.

II

No puede ser,
es imposible cruzar el Amazonas en una hoja de palmera,
soy una mujer
que parece como esos paisajes de luna,
tan cerca,
pero, a la vez inalcanzable para rayos.

III

Sólo, atreveré a desnudar
delante de una página en trámite,
de ser tatuada por la inercia de mis abalorios.

IV

Ya falta menos para que los cerezos
rompan el aire
rompan el espacio
rompan el silencio,
ya falta menos,
para que despacio 
se llene de sil
encía de aire.


V

Lo siento, soy un cuerpo a doble,
fila y él ha aparcado
dónde la poesía no tiene límite,

en una séptima
ver te braza, a nada de ti.


VI

Yo le amo como el jilguero
le amo río, le amo de tantas maneras
que parezco a su lado
una perra junto a su amo.

VII

Cuando marche
compraré un vestido nuevo,
peinaré mis pestañas con los besos
que siempre se quedaron
atorados en la plaza de una aldea

llamada Mejilla.

VIII

Las flores
que en verano serán fruta,

escarchada de olvido.

XIX

Te prometo
que no me convenciste
que lo que hice y hago,
lo supe desde el primer día
que el transatlántico
cruzó nuestro barrio.

Y los náufragos
viven tras las cortinas
esperando el desenlace.

X

Pequeños pasos dirigidos al trampolín.

Salta
o queda montes,
quiere abanico
pero no aletees más mi carcasa
que ya no queda
en esta piscina más agua.

Y un tercer año,

me ahoga seguro.