lunes, 30 de marzo de 2015

Sol naciente.

De niña, los días grises
pintaba soles en cartulinas
y me los trababa con un imperdible
en el babero.

Y esa gesta de pequeña,
hace que cuando la tristeza
viene en bici hasta mi cama;
levante mi ánimo trébol
y prepare un bizcocho,
tome el ovillo por ancla
o sonría hasta a los tarros de café
sacando lustre mar a las caracolas.
Tengo suerte.
Me enseñaron a cantar
bajo el trueno.

Lluïsa Lladó.

domingo, 29 de marzo de 2015

Progresoga

La algarabía de luces pasajeras,
los cuerpos al ritmo de la música,
música del latido,
tambor de los cuerpos; el baile.

Entre espacios de vasos uniformes
y brebajes desleídos con hielo,
y la sonrisa
y la hache, y todo un grupo de despedida de solteras,
y ojeras de tigres y cola en el baño.

Se abrió la puerta cortafuegos,
entrando el hombre de la mirada-sombra;
sigue la música,
la garganta alegre,
los vasos esbeltos,
el ritmo sin peana 
y las plantas sudoríparas
que imitan al campo.

El hombre, con un puñado de flores
envueltas con la vergüenza.

Vendía de una en una
a las jardineras del progreso
pululando como un animal de feria con dos cabezas.

Y yo.

Entonces me llené de pantano
y mis ojos se fueron con el pakistaní
que ofrecía su pan al desdentado.

La tristeza se quitó los botines
y se clavó los cristales
del último 
vaso 
roto.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Poema de Verónica Forchette de Códoba.



El pelo en la sopa.
La cana ventiañera.
El uñero Aquino.

La regata de pecho
tras el jersey;
menos que la nube que forma la nube;
el terrón oculto tras el terrón de azúcar.

Así, soy, la imborrable,
menos que amante
abocada a la mudez de la mota
en una pintura de Velázquez
en el museo de un prado.

La poeta, muerta de hambre, de tu sexo, estrellada equisdistante.

La chaqueta que cuelga de un brazo
cuando acude a la fiesta de otra.

La callada acera
abandonada por el atragantamiento
de la discordia.

La que yace a tu antojo
y es mirada de lado.
La inexistente, y por eso, está muerta
con la ponzoña de Verona.

Repudiada mala propaganda.
en la  bolsa de deportes
de la taquilla de tu vida.

La escarlata letrada.
La pústula de lepra.

La que avergüenza el futuro
que no conviene
y se va para vomitar
la vuelta.

La revolucionaria hormonal
del tres sin número
que duerme entre tus piernas
y sus brazos.

La que esta mañana
amaneció
en un rascacielos  en reconstrucción
en Dubái
y un obrero hindú 
le espetó dos bofetadas:

-Baja ya, el sueño ha terminado.

La rancia, el bacilo de tu órgano,
cínico juez
que con sentencias
mandas al garrote vil.

Con la manos llenas de influjo
y lenguaje.





lunes, 23 de marzo de 2015

Valoración de los hechos, absolución sin cargos de conciencia

Señora 
he pecado,
he acudido a una cita
sin duchar  ni peinar;
con la ropa que durmió mi cuerpo;
ojeras con sombras
semejante a una panda
y sí, he pecado.

He pecado, señora,
usé gafas de sol en un local en penumbra,
no pagué el desayuno
y no llevaba ni intención de hacerlo,
fingí un descuido y apestaba a fritanga;
mirando el reloj, en innumerables veces,
acabé sentada en la tapa de un retrete
durante quince minutos,
mientras Valencia era una fiesta fallera
y yo calculaba el volumen
del embaldosado.

He pecado.

Y no fui valiente
después de la recepción de un mensaje,
en que le había causado muy buena impresión.

De decir la verdad
de que esta maldita dicotomía
me impide mirar otro futuro.

Pero, en un propósito de enmienda
después de un largo silencio,
y un hombre que hablaba todos los días solo.

Arrepentida le confesé, al ilustrador de acuarela,
que la culpa era toda mía.

Y que estoy metida en un barco
del que es muy difícil salir
y cada pasillo se convierte en un oleoducto
que acaba en Montreal.

Pecadora rata con la pena de color queso.


domingo, 22 de marzo de 2015

Sin federación.

I

Qué fácil
decir
la palabra sin,
sin,
sin,
sin, sin, sin,
sin
mojarse las manos.

II

Sin guerras.
Sin epidemias.
Sin todos esos elementos
que contrarrestan,
sin, sin, sin.

III

Al unísono
sin tregua, claro, brother,
sin
sin
sin ni sin, ni sin ti,
las gargantas
se unen en ligas
donde no todos son bienvenidos;
hay finales,
contraportadas,
quinielas,
sin
sin sin,
sin sin fin, en fin,
racimo de clases
con colas de espera
pasajeros de poemas
de divisiones
más que de sumas,
un banquillo
y un entrenador ido sin
que apunta con el dedo
sin
problema, sixter,
que aquí somos hermanos
la guerra social mata sin elitismo: al abuelo, al niño, a la parturienta, a la maestra, al hombre de la pajarita;
pero, para de la paz con,
sin escarnio,
todos
sin
sin
sin
poetas, voto de castigo,
siameses separados.



Nadanadonadé

Recuerdo ese amor sin cuerda,
totalmente loco.
Nunca era suficiente,
siempre, quería más, cómo una termita bulímica
devoraba todos los bosques a su paso,
y aún así, él dudaba
de mi lealtad incondicional.

Dudaba térmico
pensando que cualquier sombra
había yacido en mi seno,
su desconfianza
con los años me demostró
que el juego no iba conmigo,
que era él, el que rompía las reglas en continuo,
y en sesión de noche
creía que yo, le pagaba con la misma moneda.

Ha sido uno de los hombres
que más he amado en mi vida,
y me sometía a ese interrogante
que todo no le bastaba,
quería infinito.

Me llevaba a la montaña
y me sometía a ejercicios castrenses
hasta el agotamiento.

Mientras las chicas
paseaban en el Paseo Marítimo
abrazados a sus parejas
y rosas en el pelo.

Yo..., debía trepar por troncos,
hacer abdominales,
subir por rampas,
y una serie de tablas del Vietnam en guerra,
acababando desmoronada
con las manos llenas de tierra.

Al son de su voz,
que si no resistía
ese entrenamiento, no era digna de su amor.

Uno de los mayores retos
y desesperada por demostrarle mi amor
(ahora, pienso francamente
que estaba más perdida que un billete de tren
en una lavadora) fue hacerme ir a nado a una isla,
bajo la luz negra del fondo
y embarcaciones de recreo
que cruzaban entre nosotros.

Espartano, decía, si no nadas
hasta esa costa, no me quieres.

Y mema, nadé contracorriente,
con las aguas gélidas,
apurando la fuerza.

Cuando llegamos a la cala.

Él dijo, aún tu prueba de enamoramiento
no es suficiente.

Ahora toca, volver.

Diez años de playas a nado,
y la duda niebla
para todos los días de su vida.

Nunca creyó en mi amor.

sábado, 21 de marzo de 2015

Por fin confín.

Un almanaque 
con todos los números del año.

A mi vera,
como las cuatro,
patas de una cama
que sostienen la honra.

Enamorada, 
mala saña, anhelo
un compañero
de las estaciones pares
y no un submarino 
que raya el fondo Nemo
con su grulla sin ancla.

Lleguemos
al acuerdo.

Tú te marchas.
Y yo.
Por fin, respiro.



Propósito de enmienda.

El tosido convulso de la vecina,
me ha despertado
y asida al bolígrafo
estoy preparando la receta,
sobre un papel
para desterrarte de mi madrugada.

Cuchara azul
que remuevo en los espacios
y la frase de un hechizo:
sacar toda la lluvia de dentro
para olvidar eterna.

Quiero un amor de días con noches,
cada olla tiene su tapa,
no una abubilla
que erosiona árboles
en cada ciudad de Mesopotamia.

Como si del atlas por fas-ci.culos
 del A.B.C.
se tratase...
X.Y.Z.


Jaula de sollirg

La despedida acordada no fue la perfecta;
saltamos viajeros a la catarata incómoda,
al vacío del destiempo,
y la injuria, 
la calumnia, 
los celos,
las difamaciones;
la controversia, de que uno narre un asedio
y el otro recite de emboscada,
fue conversa carta
de c o n f e t t i
que adornaba una cabalgata de muertos.

No deseé que nuestro adiós 
se asfaltase de aquel modo,
pero, tu cuerpo era un tanque
en la primavera de Praga
que aplastaba todos las caléndulas
de mi vientre

Escarché la palabra, de la venganza,
mas, le aseguro que nunca llegará
a la sonrisa de mi ánima,
demasiadas ramas ocultan
el test de la verdad
que nos salva de la falsedad.



Empezar de nuevo.

Nunca detendré
la boya que brota de tu boca.

No perjures más,
que no sientes ni esperanza
que obstruya tu poro
bendecido.

Esta metástasis
que roe por dentro
y tú aún dudas de mi fidelidad
consumada.

Eres feliz con otra persona,
y por ello, es dichosa doblemente
la lágrima que cae
no por la distancia de los continentes.

Sólo
es
que 
l
l
u
e
v
e
mi hígado
tu nombre: .....



Antídoto.

Quisiera olvidar
y abrazar hermano.

Quisiera,
pero el vínculo
es de soga
que impide
ver el color, violeta,
que nace 
sobre mi cabeza
y pronto
los pájaros 
se cobijarán 
dentro de los búnkers.

Confesionario.

Si yo pudiera
decirte con la magnitud
en que te amo,
los huracanes tropicales
serían silbidos de tórax.

Si tú fueras el suero
de la camilla
que trasporta al río de la muerte,
yo quitarme la vida
por ti, haría, y aún así el pensamiento,
que este duelo fluye,
sobre la cama no disiparía.

Este amor es espiritual;
el peor de todos,
el que no se lava con vinagre,
el que no se mata con quimioterapia,
el que te convierte en una ramera
para saciar el hambre.

Es de espíritu
y creerme
que tengo el alma
c o s i d a a b al az            os.


La despedida.

Abrí las manos
como una niña desprovista de calcio
lanzando mendrugos
en un acto irrevocable
a los cisnes de Darío.

Quedándose desnudas,
desnudas de su máscara,
de su cuerpo de Atenas.

Mirilla en el clavo de su ojo,
y vacías
con una pena matemática
del que ama con la lealtad de Alejandría,
del que muere respiro a viento
en este azote.

Vuelta de anís
le vi marchar
como se alejan los soldados
a la Guerra de las Galaxias.

Y pensé trémula,
de tanto vacío manual,
si gira su rostro greco
tres veces en sortilegio
me ama.

Y acontecieron las tres vueltas de girasol
de su cuello
hacia mi boca, ojos y noche.

Sus pies eran ruedas y lanzando besos
a la ciudad ciega
de nuestra despedida, sentencié, me ama.

Lástima, que no sea en esta vida.



miércoles, 18 de marzo de 2015

Lady ganga.

Cenicienta se dejó
los zapatos de dormir en el hall,
por si aún restaba esperanza de vida en Plutón,
el batín o el hiperbatón
se colgó elegantemente
del perchero de sus hombros,
y yo circunspecta vomitando una nectarina,
no necesitaba marcas territoriales,
la verdad, ni me iba ni venía
como una cercanías de Sagunto a segundo.

Me importaba un rábano de aguacate;
y ya lo del paquete de compresas
midió un ataque de gota,
lloraba de risa trastocada en llanto,
quién sabe y redirige,
nada siente.

Ya ves...,llaves,
invasión de tazas, dignas de un C.S.I.
con esos aparatos que iluminan
el azul de los elementos:
sangre, esperma y saliva.

Volaban en su anarquía
las epiteliales,
y yo como un robot de cocina
asomé la cabeza al dormitorio.

Allí seguía mi manta de colores,
que bien abriga
cuando no se tiene:
Nada.

A los pies,
desnudo compartido,
sin bata, ni zapatillas ni compresas.

Marie Claire de luna.

Puede desmoronarse este hilo de hilo
que sostiene el arpa
arpa que procede de árbol
árbol que precede de semilla.

Subir las piernas en alto,
para que la circulación sanguínea fluya,
enderezar la dichosa costura
de este puerto,
pues, la media de la pierna izquierda se vira,
se vira
camino de la puerta,
salta por la bañera,
se viste de huida transparente
en una carrera veloz
hacia la ingle;
y me contemplo los dedos de los pies
en un ejercicio insano
para convertirlos en tentáculos.
Quizás mi número sea el 38,
si calzo, un 38,
un año de guerras,
de invento, de la noche de los cristales rotos,
y yo que soy muy osada
en un absurdo ejercicio faquir
me lesiono las plantas de andar sobre tus palabras.

Es mejor que rompa este panty,
que sea libre y deje de sufrir
ante la rasuración,
la loción de mango y todos artilugios cosméticos,
que ganas tengo de pisar arena,
de remojar mis blancas lorzas en el mar,
de quemar los tacones,
de aniquilar la goma lycra estraguladora,
de que me crezcan apéndices,
ser acuario y olvidar que en un estanque no vivir se puede.

Calzo un 38, y el arpa
necesita del hilo, la cuerda,
y de unos dedos, que con locura
la amen.

Vivir del recuerdo,
soltar la prisión
y andar por el mundo
una aventura en nalgas.

Mi madre, siempre me lo ha profetizado,
a ti te matará la política
no el amor.

Y ella como buena madre
siempre tiene la razón.



lunes, 16 de marzo de 2015

Trópico de aries.



La sabiduría se mide
por la capacidad
de amar y perdonar. 


En la búsqueda incesante olvidamos que el mejor idioma es el de los besos y abrazos.


Tuve un marido que quiso mucho,

demasiadas veces de mucho.

Él decía te amo.


Te he querido más

que nada en el mundo. 

Y me rompía con sus dedos

para echarme a comer
a los peces.

Tuve otro marido.

Dos.
No uno.

Él decía te amo
mientras la mad-era viruta.

Extraño modo de a-mar.

Pero ambos
turistas accidentales
de la cocina.

Nunca acabaron los guisos.

Y aprendí ,sin la necesidad
de odiar, 

a barrer el amor para la lucha.

viernes, 13 de marzo de 2015

Lapa de Vigo.

                              Sin humor no existirían las estrellas.
                                     
                                                Reinaldo Cortés.




Las leyendas con sus moralejas literarias
siempre fueron de mi agrado,
recuerdo una ocurrida en un aldea manchega,
era entre el amor tornado
de un beato llamado Tiburcio
y una llamarada Dorita de Atienza.

Dicho noble de acaudalada belleza
abrazar siempre se dejaba por dicha moza,
y él que era clérigo
exaltaba en el suspiro, un requiebro:

-Ay, si una qué yo supiera os viera,
os cortaría los brazos
y de comer a los porcinos.

Pero, la virgen con una legión de querubines
y celestial coro le replicó,
un día que la desconsolada Dorita
le abrazaba, como de costumbre.

Cortar las piernas a usted, su señoría;
que ella abraza donde usted camina
y es hacia su hacienda y su camastro.

Y colorín,
colorado,
estos cañones
se han acabado.



jueves, 12 de marzo de 2015

El reloj sin agujas.



Llegar tarde.
Salir tarde del trabajo,
tan tarde que el hijo
cuando amaneció 
veinte años tenía.
Llegué dos meses
después del entierro de mi padre
y ahora,
de que sirve arrepentida
la caza del reloj con una red de peluquera,
eso es, la cadena asalariada
que prisionera alarga la tarde.
Llegas tarde y encuentras una nota;
tu esposo se ha ido
a la vendimia, el papel descolorido
porque es tarde, arde, dear, estar de sala.
Tan tarde
de noche
que mi cama estaba vacía.
Lluïsa Lladó.

Sin título.

Los poetas
nunca dejarán de honrar
el oficio del mago,
serradas las palabras
en baúles
con perforación intestinal;
levitando la medida exacta
de nuestros pesares;
cartas en abanico
con el sombrero de copa
asfixiante liebre blanca
ida de la realidad que pasa.

Incomprensible
social, académico o íntima.
El público
aplaude mirando a la prosa escotilla.
Magos sí
que convierten
el agua en vino de fuente.
Pero, siempre, triunfante
la chica tetuda
de la malla sonrisa rosa.
Mientras en reverencia
señalamos la puerta de salida.
Ll.

Dragonfly

Una isla forma otra isla,
siempre el torrente rompe
la arena.
Y te miras al espejo
y eres tú, un balón de paciencia,
de playa,

y estás llena de caracolas,
arterías, un estuario.
Tu barriga es una albufera
con dos libélulas por ojos
y una parte de ti
se duplica en campo,
risa placentera,
Miras y ha volado.
Una niña
y su llanto para formar
volcánica
el eje matriarcal.
Te amo hija Lluïsa Anna.
Lluïsa Lladó.DRAGONFLY

Sin título.

Tal vez sea poeta,
por el trazo de tres episiotomías
en un país
que hay mujeres
con guantes azules,
recogiendo la escarcha de la sardina.
Mujeres con envases de butano
en escaleras sin bomberos,
en línea de cajas apiladas
al consumo, mientras existe, exista, sexista,
insta, fustigación,
alarma de esperma
sobre sillas
de varices inflamadas;
la rotura de las aguas
expulsando ovarios transgénicos,
higiénico, trasmutación,
acción, acción, religión,
pisar las flores, al grito,
en un paritorio de ofertas;
una mujer
con manos azules.
Sillas de despacho
con la piel de nuestros hijos.
83 voluntades sin firma.

Réplica.

No fue fácil desenredar la hiedra
que crece salvaje dentro de mis vigas,
he de decir con emicotono de Bridget Jones gibraltareña
que muté a los abismos,
ya se sabe, pues, que la sarna con sorna no pica,
y él aparecía de entre los cascabeles pitonisos
la imagen de Don Epicúreo, un santo de reformatorio,
donde la castidad había vuelto a casa
en un ejercicio hipócrita
cuando no hacía ni dos meses
que sus manos conchas
abrigaban las estrías de mi pecho.

Cuerpos que fueron dos ciudades,
en mi caso, la de Los Países Bajos,
unidos por un puente.

II

El autocontrol en un mandamiento,
pero, a veces los gases lacrimógenos son demasiado ocurrentes
y una aprende hacer el amor
con las palmas invertidas,
los sexos ya no se besan,
pero, hay más peligro en unos dedos
que en todo el equipo de gobierno
con sus recortes presupuestarios.

Entonces aprendí el lenguaje de los signos
y a conformarme como los niños de primaria
con los besos de un padre,
para con el tiempo conocer
el fuego de las estrellas reprimido.

No tengo ganas de guerra,
zanjar lo de la pareja de ases
y lo de la mi chica patria grande,
lo agradecerían todos los pabellones auditivos.

Dejad morir,
con mis Donuts de chocolate
y quedéis con la princesa del cuento.

He sufrido, en esta vida,
bastante,
hermano,
para descamar por gilipollescos.


El efecto invernadero de la primavera.


I

Sobre la piedra colocada
la autopsia
dejó florecer de mi pecho
con fisura la granada
dejando todos sus dientes
al descubierto.

II

He resucitado.

Oid las campanas,
el aleteo de las revistas de moda,
las aspiradoras que ahogan
su estómago con el ácaro
de las cosas.

He resucitado.

Dentro de este dolor inhabitable,
dejo de ser gusano, cordel de cortina vieja,
voy saliendo de esta salamandra piel,
del guante que ha supuesto un amparo,
estoy descosiendo las costuras
para ser libre de nuevo,
y que mis ojos vean más allá de las caracolas de sus despojos marítimos,
rompiendo los hilos títeres,
sacando su mano de mi espalda,
estoy metamórfosica de cadáver para ser vida.

He resucitado,

y mis rodillas lo saben.

III

Voy
a  dar un voto de confianza
a mi desconsuelo y a la luz que procede del Turia.

Voy
a dar un consejo;
soy rauda en mi destino,
nómada
y malabar onírica.

Qué sepa, que daré puntada a esta oportunidad.

He sido absuelta
de cargo involuntario,
de esta carga de vacío evacuado.

Voy a ser franca,
soy una mercenaria vagabunda,
asesina de serie,
y a la mínima que haga y deshaga,
seccionaré la palabra esdrújula
en monosílabos.

Con el idioma yugular
de la insolencia.

La culpa la tuvo
un paquete de compresas
con vistas desde una taza.

Si se lo propone
y sabe ser lo suficientemente grulla
para guardar el equilibrio.

Me acaba de recoger
después de mi propio parto.

He vuelto a renacer.

Y necesito manos
que me abriguen el alma.







martes, 10 de marzo de 2015

(X) Ocho de macho.

No
soy
un árbol.

El árbol de las afueras,
con falta de riego
por el consistorio.

El árbol arácnido,
palo cetrino,
donde atan a los perros
estrangulando las arterias.

El árbol,
no soy.

El árbol que con tu lengua vaina
es cuerpo tatuado
en corazón sin latido
y tu letra
y otra letra que no es la mía.

No, el árbol,
de letrina para la satisfacción urea
del ego masculino
con los faldones apestados
de tanta inclemencia pesticida.

Mira.
Bien alto.
Soy ballesta.
Soy flecha,
Soy antorcha.

Y no el árbol puerco
de corteza tierra
donde colgarán los pies,

tu raíz de ahorcado.







El membrillo más salado

De las manos espigas,
del trigo de tu simiente
nace la caricia cerrada,
como una ola huérfana
que se acerca a la frontera
mas, quién se resiste
si el músculo
ha sido prensado por la maza,
y que tu piel se desvanece harina
para conformar el pan de la boca,
me adiestro
en postura,
para lamer con las yemas,
las esporas invisibles.

Que tiene cegado en horno,
y yo que todo lo sé,
callo águila, muero noche,
para ver bajar por la escalera
con el olor de la corteza
sintiendo la mantequilla lacerada,
levadura incierta
para sentirte mío;
vestidos ambos mirando al desnudo.

Amasar el alimento,
que tú entregas,
acurrucando cada hilo
descubro la vianda.

Aquí, con tres ovillos
que abrazos reposan sobrecamas
de distintos lados.

Estrellas de la constelación ferroviaria.


miércoles, 4 de marzo de 2015

El autocontrol de Ami Mizuno


"Soy una guerrera que lucha por el amor y el conocimiento. ¡Soy Guerrero Mercurio, y te castigaré en el nombre de Mercurio!"
Sailor Mercury.
La encimera destornillada
animosa instaba a pecar.

-Anda por qué no la empotras contra mis mandos,
le subes la falda de polipiel
y ella que desate los quince nudos
de tu seguridad vial
para hacer un guiso de pueblo
sobre mis fogones.

Pero, ellos sumergidos
en la conversación banal
anillando tapones
como en una ofrenda.

Rígidos, eran contemplados por los ojos de las garrafas
y se quedaban beneplácitos auditores
de lo que aleteaban todas las puertas:

Quedaros quietos, vais por el buen camino,
vosotros,
que mamasteis las ubres de la muerte,
que os azotaron con ramas
de los árboles espinosos del desierto.

Dejad que la sangre del escorpión,
se vuelva en ambrosía,
dejad que la calavera tatuada en vuestra paletilla
se torne pista de tenis,
y que esta habitación
tiemble al ritmo del peatón rojo
de las retinas.

Los guerreros, nocturnos aborígenes
de otras épocas; comen manzanas
y el girasol lleva a otro marco,
es hora,
del trueque,
yo te respeto
y tú me devuelves la vida.




lunes, 2 de marzo de 2015

Cala mares en su tinta.

El infortunio fue del inicio.

Si hubiese habido vistas al Sena
con un pensamiento en un envase vacío
de mermelada.

Y no, un encuentro postizo Buñuel,
hilarante y descabellado.

Pero si, las colas de los peces fueron mordidas,
los anteojos vieron fuga
y todo se consumió en malentendidos,
egoísmo maniquí,
cruce de cervatillos con alimañas,
lenguas de gusanos
afiladas rayando papel;
no estaría aquí llenando de serrín
las muñecas,
como una cocina que adorna a la mujer,
que lava las puntas de los calamares
y tiñe el fregadero de las palabras
no escritas.

En Minnesota llueve en español
quedando nubes azabaches
y los cuerpos cuelgan de otra alcayata.

Sabed  le digo que con mis manos
sosteniendo la avalancha
que aviva el fuego mi pena se ha dormido.

Qué me alegro que todo empezara en alud,
consecuencia de tragedia,
porque aunque separados
somos más felices que nunca,
hermano de boceto,
proyección de una nueva vida.

Siempre te querré.


domingo, 1 de marzo de 2015

Déjà vu

La melodía del clarinete 
en esta tarde de primeros,
primero de incierto,
de camino, primero de botón, atravesando
el tabique basal
en un zumbido de ocas
que ya no juegan.

Estas construcciones livianas
que hacen que sienta
al músico a mi vera,
sentado en un sofá 
que navega en plan serie sajona,
sin té, ni pastas dentífricas
que apuren una sonrisa.

Qué el error de nuestro amor,
fue en el comienzo.