domingo, 31 de mayo de 2015

Descuidada procedencia.

Siempre conversaba de nuestra amistad
como el nudo más fuerte del prefijo "des".

Pero, yo no entendía, aunque ambos hablásemos con la misma lengua,
que no pudiera escribir en el muro de su casa.

Inexplicable el no tener fotos en público,
ni muestras de cariño fraternal en entornos comunes.

Y sin embargo,
él hablaba impertérrito de la amistad,
como si de un gran velero se tratase.

Somos amigos.

Y en mi perplejidad
de carpa metida en una bolsa,
de lagarta metida en una botella.

Saqué la conclusión navideña.

Qué era su regalo.

De esos que se llaman del amigo invisible.

La ruptura.

Cuando un hombre te niega la boca,
una es baja
mar
retrocedida 
dejando al desnudo
un par de botellas que fueron mejor besadas.

Salen al descubierto
los escombros historiadores
de la vida urbana,
entre plásticos peces muertos.

Una, entonces, se calla el beso 
y comienza a vomitar la brea.

La miga de pan.

Él se quedaba la nómina.
Todo lo que ganaba ella.
Porque una mujer no sabe administrar el dinero.
Cómo una mujer, va a organizar las cuentas.
En qué cabeza cabe que alguien con útero 
pudiera controlar el ahorro y los gastos.

Mujer, tú y las matemáticas no sois amigas.

Yo soy el samaritano contable.

Recuerda que el primer ladrillo
fue una prima en economía sumergida.

Y la mujer muda empezó la reconstrucción
de una puerta en una casa sin ventanas.






sábado, 30 de mayo de 2015

Punto de mira, punto de partida.

Cuando llegaba el pantano me comía toda,
era la viscosidad hecha pensamiento,
me absorbía en su gelatina de hígado regurgitado;
y ya no podía reaccionar.

Abandonada a su limo,
que rasuraba mis cables
con la conexión  de la bala hipotálamo al chasquido de los dedos.

Inquieta.

O paralizada.

Rampa.

O pendiente.

Sacaba mi Avtomat Kalashnikova
y emprendía despedidas

sin compasión, 
hasta que en mi corazón
no hubiese un familiar, una amistad,
una casa, un recuerdo, un regalo de cumpleaños,
un pañuelo, una mullida cama, muleta, cisne de goma,
coooooooooo
ooooooooooo
ooooooooooo
ooooooooooo
ooooooooooo
ooooooooooo
ooooooooooo
ooooooooooo
ooooooooooo
ooooooooooo
oooooooooon

vida.

viernes, 29 de mayo de 2015

Vellosidades.

Entre coles y espinacas,
he decidido ser una patata tránsfuga.

Dejar mi redondez en remojo
con sus insectos y sus yemas, 
la anatomía 
de la piel rugosa y las quemaduras solares
con los pies al amparo
dejando un vello verde 
por curiosos huéspedes,
de tentáculos abiertos nacidos
por el talón, la pantorrilla,
debajo de la axila
lentamente cefalópodo
hacia la tierra
la tierra
y la patata,
me hundo dentro
saco las raíces malvas
entre gavilla y restos epiteliales 
de todos mis amantes

Patata avanza,
patata entierra,
saca gajo, amarillea,
crece en tu ambigüedad de níspero,
sosa busca la sal
de la roca, curva y análoga
de trinchera.

Pa ta ta.

Lejos del aire y del mar,
cerca de la arcilla,
cada vez más sedentaria pa ta ta.

El nombre de lo inexplicable.

Sé del susurro del chopo
de pieles de anacondas colgantes.

La Babilonia criptograma
de cada uno de los envases abiertos,
las rebanadas con gotas,
los grifos resfriados,
los termos obesos,
la serenidad de las baldosas
que espejan cada uno de los abismos,
al sentir escollo en medio de las celebraciones.

El aguardar la visita del muerto
con un serrucho de fotogramas
martilleando toda una ebanistería de enseres.

El chillido sin boca,
los pasillos bajo puentes de erizos,
la mano levantada y las rodillas al suelo.

Sé cual es, el vaivén de los árboles
que conducen al infierno,
el piso que tiene las habitaciones triangulares,
el aseo sin cortina
y los puños sobre las mesas.

Sé de su viento, nace del latido
de la costilla de mi tórax
con que hicieron tu cuerpo.

No soy de lodo, soy de estrella
y estaba al otro lado de la cúpula,
pues, yo también fui una escuadra
doblegada bajo las sábanas
esperando, que el miedo
se fuera con la candela de una sombra
con pantalón franela.

Por eso te quiero, porque también comí
del fruto del chopo
de las pieles anacondas,
y fui expulsada del paraíso de la infancia.

martes, 26 de mayo de 2015

Morrofanky

Cuando llegaron a casa
eran refugiados de guerra,
habitaban en la bodega de un buque,
y para ellos significó, la luz, el caos.

Deambulaban con la paranoia
sobre los muebles, topando
con ceniceros, portaretratos y pequeñas piezas
de mi vida de gitana.

No sé quién tenía más pavor,
si ellos en su trío conjuntado, o,
yo que asumía la responsabilidad
de que el ser dependiera de mi voluntad
de ex asesina.

La ansiedad era el vómito,
el maullido interno cerca de paredes estomacales,
era la duda de si el viaje a la primavera
conducía hacia el patíbulo.

Añoraban su nido, la mano que los alimentó,
la caricia del verdugo,
y llena de topos
me convertí con  el tiempo, en otra gata negra.


Ahora la tristeza me sufraga,
y con mi cola brazo
espanto las moscas pensamientos,
subiendo encima de la librería
en vigilias nocturnas
con la luna por crêpe.

Ellos ya no padecen,
son hojas de árbol
y yo la veta escrita
de su olvido
prolija deformación
de maullar hasta el crujido
de los panes partidos en casa-mientos,
y lloro, sí, su abandono,
por ellos, pero, son felices
y eso me basta.


Mientras acarician mis piernas con sus tesoros de Egipto,
cuidan del puma hembra que habita
en la injusticia velada, vestida de prótesis amistad.



domingo, 24 de mayo de 2015

La pesada y el egoísta.

I

El agua 
ha cubierto la piel del jueves
que prendió a viernes.

Llevando la tregua de un régimen estricto.

Para qué saciar
a la poderosa Afrodita.

Para qué encender un cigarro
frente al hombre de la traqueotomía
tras la moneda de plata.

II

Si solo desea el favor,
sepa que las lanas las tricoto
en bufanda sin retorno otoñal.

Odio pertenecer al club del aro vagina.

Soy libre, suelte amarras
y déjeme flotar
sin rumbo
en mi feliz bañera.

Naïf.

¿Qué es el amor?

¿Dónde está?

Habita en el zoo de Barcelona,
lleva guantes
y acaba de lanzar sardinas
a las focas.


Trapos sucios.

Yonqui, sí, parezco una enferma
patética a tus corresponsales.

Domar a una mujer, como yo, no era fácil;
y aún estando lejos
el techo que nos cobijará  será el mismo,


La cuestión, cambiar de planeta.

Playa del Grau.

4 patos ven mis ojos;
son los tres buques con cuerpos granates
y las cabezas blancas nucleares.
Los chicos juegan al baló(s)n naranja,
y plácida la jauría
colocan sus muelles sobre la arena.

Una chancla ha volcado,
y observo 
sus ranuras enseñando su vientre caminata.

Y 4 patos, y un silencio morado.

Las fresas que navegan dentro de mi estómago
y el viento mueve azul el paisaje
de las grullas metálicas 
de una papiroflexia eléctrica.

¡Cuántos colores me rodean!

Todos ellos a juego
de la soledad.

El cementerio de elefantes.

Si quiere
ya puede retirar
la montura de mi espalda.

Soltar la rienda
de mi lomo.

Quitar la venda
de mi vista.

Si quiere ya,
déjeme galopar
con mis muertos
que viajarán
a una ciudad
que aún no ha amanecido
con mi sombra.

De profesión ninja.

Ser guerrero
es un oficio
muy duro.

Las manos son
artesanas para
achicar todo el agua
que se avecina.

Cuando el cuervo
pía en la repisa de mi ventana.

Ya no hay amor
que calme,
que, claudi-que, ancle.


Dátil o hueso, esa es la cuestión.

I

Acaso no ve,
que soy pájaro.

II

Si fuese náufrago
en una isla
no viviría
mirando al cielo.

Ni con resignada paciencia
al horizonte marino.

Cavaría túneles
hasta encontrar
un continente nuevo.

Construiría
una balsa
con los huesos de mis antepasados.

No, no estaría.
esperando a la muerte
sentada.

sábado, 23 de mayo de 2015

Acuba.

La hechicera Lucrecia,
con su puro en mano,
lanzó los huesos de pollo
encima de la arena.

Y le relató a la mujer luna:

-Bucanera de sus designios,
ese hombre de báculo pitón,
y gesto de zahorí.

Te llevará a la muerte.

Lo he visto escrito
en la danza ósea crepuscular.

Lo sé mama Lucrecia,
cada día lo leo a través de mi piel.

viernes, 22 de mayo de 2015

Thorniquete (II)

¿Dónde irán los poemas
que llevan mi pomada?

A horcajadas de otros pubis.

Huelo a ti.

A los pétalos de rosa
machacados por el mortero
con el mercurio
del encantador de objetivos,
zoom agazapado
y el píxel de los ojos.

ArrebaThor (I)

A qué feligresa me has iluminado,
y tornado playa,
la espuma  blanca de saliva
del seminal ungüento prodigio de los dioses.

No sé a que orden pertenezco.

En los bolsillos, las letras sin correa
caen y escriben
en cada peldaño:

Y
o
t
e
a
m
o

Subiendo la escalera a tu nido, la hiedra
se aprieta en tallos
a la bocacalle de nuestros arrecifes.

Tal vez ante tu espada, vencida
camine por la plancha a un océano
de peces motosierra y tiburones sin dentadura.

¿Dónde mora el colmillo?
¿De qué cuello, la marea sacerdotisa de tu templo?
Líder de autonómicas formas
de caderas, muslos y lenguas sin referéndum;
destronando cada uno de los orificios
terrestres, acuáticos y del cielo.

¿Qué quieres de mi sacrificio,
de ronda de noche como serena,
para acabar desnuda bajo la fuga tractor del trueno?

¿Dónde acaba la guerra del sexo contra el sexo?
Marejada de oceanográficos
orinados por ballenas,
museos acorde a las bailarinas
sin piernas.

Cómo yo te amo, pocas estrellas.
el sol en la casa de las humedades
no es fácil
que encuentre alcayata.





jueves, 21 de mayo de 2015

Out

En un taburete
una es la pata invertida
hacia el techo,
de no saber ánade quién o qué es lo que está aposentado,
si el cuerpo atrípedo
o la espera vestida de silla.

Ser un galgo
famélico,
las ratas recién nacidas en una cloaca persa,
el gusano gangrenado
entre el pico.

Un mueble.
Esperando el ácaro
y la suavidad de la microfibra.


Dos vidas.
Cabalgada
en medio de un salón,
mientras se oye la tormenta
de las crías que esperan la madre cucaracha naturaleza
muerta por la escoba verde.

Tengo ganas de correr,
lejos agórica despelucada atravesando paredes
y chillar rompiendo la torre:
pero, la marea
viste de tiempo franela,
y será alcanzada
en mi espera
por los barrizales.

Música por favor.

Eh tú,
que miras a ras,
sí, tú,
que bostezas al oleaje poema
que si minorías
y no entendemos.

Ven a mi rap,
soy carpe roja,
diem poética star,
levanta los brazos,
vamos a ser ola,
demagoga
peinamos las palabras
en rastras africanas,
gritamos para el oprimido,
sí, tú,
el del traje azul,
el que no te embargaron la nómina,
barrigudo
soy caperuza
y pedaleo...
y rapeo...
y derrapo sobre tu carta de elecciones
conjuntadas al acto, pacto y entreacto
de rabo a toro,
de gato con botas de látigo;
rapto, eructo busco el lobo
bobo,
ahora toca bosque,
la la la larito, la la la larita,
con mi cesta hago tantos
poesía de red moza
no sobrehile la metáfora;
rapea rae ya,
pedalea,
leas o no leas 
tú, el de la corbata a polka dots:
Revolución,
basta ya de tomadura,
levadura, minas y cominos,
sube a mi cadera,
vamos al bosque.
La la larito, la la larita,
no necesito leñador
y este es
el rap 
de la caputxeta verdugo.

Una ola.

martes, 19 de mayo de 2015

Sin título.

La obligaba
a decirle "te quiero",
después de convertirla
en un saco de serrín
para borrachos.
Algo tan valioso
encofrado en reflexivo
y acción animal;
después que los pétalos
de los trozos
de la carne
fuesen azulados
y que todos viajaran
al lugar inverso
de sus miradas cómplices.
Era una flor de campo,
metida en la ciudad
de las bestias.

Colisión en cadena.

I

Recuerdo la primera vez
que recité en público (Villareal),
un alarido de parturienta
ante un foro sentado sobre cerillas.

Tal vez haya logrado
lo que unos no pueden,
y ven la meta suspendida
por un antifaz,
kilómetro rodilla abajo.

II

Quisiera que esta quimera
de tener,
lo que quizá el fontanero sostiene en su llave
cierre tuerca alguna
de esperanza fluida.

No pretendo que el Acueducto de Segovia
tenga puertas,
ni siquiera que nazcan árboles
en los estadios olímpicos
sobre sus verdes abonados.

Sólo, esta incertidumbre
de espirales en cuadernos,
niños que lanzan aviones
en papeles,
campo a través de ser ellos mismos;
el pasajero.

Llenar la amapola
y ser alada mariposa poliedro
cada vez que me siento
en la taza del inodoro
y orino poesía.

Sabes, qué es estar
en medio de la autopista.

Y que los coches crucen
peinando el dobladillo de tu falda.

Sabes, qué es esa doblez
de billete de cinco euros escondido.

Ser una alimaña
esperando el camión de siete candelabros
y que me destroce toda
entre guijarros
y un gato solo,
como persona sin familia.

Faro sembrado en medio de la circunvalación
y ambulancias parpadeando en la duda,
si recogen un cadáver 
o dos.

La chica de la avenida.

A ella la divisé
desde la distancia prudencial
de la amargura.

Cabizbaja adolescente,
caminaba con un nido de arañas
dentro de su boca.

Con ojos semicírculos
mirando los crucigramas de las aceras,
tenía el temor a la izquierda 
y el brazo derecho amputado.

Pero yo, pitonisa, que la divisé
con la distancia prudencial
de la poesía.

Tuve que frenar el arrebato
de no pellizcar su barbilla,
y detener el  desmoronamiento de ocho patas.

Qué sepas que van amarte,
con locura,
que serás feliz con un hombre 
con una ceja rota de niño.

No temas,
de qué sirven dos brazos
si el corazón está vacío.

Tú tienes 
sujetado por las cuerdas tarántulas.
el continente africano
latiendo abrazos.

Sonríe, no tengas miedo,
y llora ante incapacidad
de no saber perdonar






lunes, 18 de mayo de 2015

Viaje al pasado.

Las coincidencias de la vida
y mi copiloto de viaje en el tren,
es una pecosa de trenza,
la cual, calculo unos diez años.

Lleva una libreta menuda,
salpicada de estrellas; con dibujos
de un corazón libre (pues, no se cierra
en su cima invertida); y una bici
con un cuadro más grande que sus ruedas.

Palabras mariposas y letras anarquistas.

Me observa, la pequeña gala,
y al ver, que también, dispongo
de una agenda y un libro
con números en sus esquinas,
sonríe tímida.

La prueba irrefutable,
de nuestra conexión,
fue con la aparición 
del Principito de dentro de su mochila;
mientras iba bebiendo agua
y se rascaba la mejilla.

Esa niña se parece a mí,
en todas las constelaciones,
calca cola sin gas,
y tapetes de topos
por los posos de los vasos de fiesta.

La pequeña niña
y la mujer diplodocus.

Poema escrito en Sevilla.







Peluches.

La extrañeza del despertar
en una habitación de fieltro;
con Pinocho mirando a estribor.

De recámara de años de instituto
que agolpa tardes de música
y muñecos con alzheimer
incapaces de repetir conversaciones,
los momentos en que cada uno
eclosionó, para emerger en la vida peluche.

Sí, es la rebelión,
junto a cintas de vídeo, helechos y verbenas.

Es la familia que crece;
pero, en ocasiones, 
vuelve la madre, en forma de amiga,
combatiente Lola y me abraza
con el beso maternal,
y una se trasforma en relleno
con dos botones por ojos
y la sonrisa de lana.


Poema escrito en Sevilla.

sábado, 16 de mayo de 2015

Demagogias de las mías...

Hablando a una pared sentada en una banqueta
con una chaquetita y un cuenco endulzado de teka.

Cojo el metro,
mido paredes
y preparando una sopa de letrillas
y canción sin pirata, hablo sola.

Hablo tenia solitaria, como el embudo
que expulsa del paraíso, el agua
dentro de la botella estómago,
y la rellena de este poema de la química.

Acaso, la consonante "h" y el número dos y la vocal "o".
No es la poesía cotidiana,
juntar, pegar, adherir,
una conversión milagrosa.

Quiero dar las gracias
a mis profesores de ciencias,
por educar el razonamiento
de la palabra.

H O
  2

H O
  2  2

Usted escribe fórmulas.
Yo leo poesía.

No se moleste, en contestar
a la mujer de tricot
y tisanas citronellas.

                                                    Poema escrito en Sevilla.

viernes, 15 de mayo de 2015

El triángulo de las ver y mudas.

                                                      Lucha de isla,
                                                      para que la bravura no me lleve 
                                                      a su mar muerto.
                                     

El hombre ola,
espuma de rabia
que arrastra la tabla de surf
navegando rígida
en busca del varadero.

Un hombre con los neptunos
para arrancar todos los clavos de la roda
en esta ancla espina
atravesando mi duodeno,
mi grasa
y la caja de ritmos;

llamado el corazón 
dentro de un tórax.




                      Poema escrito en Sevilla.

jueves, 14 de mayo de 2015

Personalijades.

Una vez hubo un hombre
que por arreglarme en cinco minutos,
dijo que era la mujer perfecta
para un buen final de partido.

Frases huecas que oye una,
como los mensajes fotolacios, endumetrios, agoraforínculos.

Tal vez mejor encender la lampara de la mesita de noche,
cuando las pesadillas son estampados de mi almohada.

La sabiduría descarada
de que el huevo me resulta indigesto,
y que la ensaladilla me recuerda a mi madre.
Mi cubo de basura
acaba saturado de enzimas
de vasitos de helado, por mi hedonismo manifiesto
a lamer y a pintarme los labios en la calle.

Nadie osa a cruzar a la persona,
te hacen egodiálisis,
con frases como las de llevar la falda corta.

O, de partenaire
en un poema de improperios sexuales
en contra de mi voluntad tertuliana.

El personaje es una fulana con olor a canela,
luego está la mujer que parió tres hijos,
que duerme a la vera de lo imperdible,
que ama la vida sobre todas las golondrinas marítimas.

Luego la persona, después de pelar la fruta,
otra persona.

Pocos saben que él me hacía ir la más bella
en todas las fiestas,
me ha quedado la secuela,
y sin querer cumplo su mandato.

Él siempre decía,
quiero que seas la más vistosa de todas las conchas
para que sepan que eres mía, sólo mía y de nadie más.

Pero eso, es un buento de palidrama.

No interesa.

Dejad al personaje.

Y abrazad a la poeta.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Oda Wislawa. (Me gusta, no me gusta)

No me gustan las mesas juntas en los restaurantes,
donde comiendo sola, tengo el codo de una pareja en mi plato.

No me gusta que no hablen,
y que los tres en silencio no dejemos de mirar la pantalla
del móvil.

No me gusta que luego se peleen
y yo escuche la retahíla de su competencia
de foros en las redes sociales.

No me gusta la pizza congelada.
No me gusta, no, no me gusta.
El agua con sabores,
los tipos que se creen Jhon Vaina
y con sus arcadas piernas
tiran perdigones a la verdad indígena.

No me gusta, y lo reitero comer sola,
pero menos, acompañada de un dúo 
que tiene los días contados,
en antros de luxe fine
que apuran el espacio y los baños son más grandes.

No me gusta los perros perdidos
por las carreteras, ni los gatos sin cola.

Me gusta viver.
Me gusta lecreer.
Me gusta escribir mal o bien, pero, escribir.

Me gusta esperar tu regreso,
como los ciegos 
que ven los colores
con las manos.


Arena entre los dientes, el té.


                                                                                  Si sabes preparar el té,
                                                                                 enamorarás a tu futuro marido.


El té árabe, fue mi primera escuela;
las beduinas llenaban
mis manos de hojarasca
y bajo un chorro
el elixir era lavado
con cada arruga de la palma.

Piel con piel, luego en la tetera de albahaca
la ahogaba en su foso y el pecado de la llama, la hervía.

Azúcar poco y a remover la cuchara
como las caderas que hacen
hombre al hombre.

Luego, mi mirada se convertía en desierto
y la hierbabuena
daba aroma a mi entrega,
con el balanceo del viento metálico de la raza
y la sencillez de la hoja.

En alto,
más en alto,
cada vez más altivo,
dirección al vaso besado.

Y las mujeres de henna, tumultuosas con sus cánticos
y dentaduras fluorescentes, exclamaban:

-Luisa, tú eres mora blanca, mora blanca.


Y entre carcajadas, agradecida guiñaba un ojo, 
les cantaba mora no, más que mora, frambuesa sin amor.

¿Otro vaso de té?












El norte.

Melilla, amanecía
con el rezo del imán,
pato migratorio de la historia.

Y yo, seducida abiertamente
a sus proposiciones infieles,
absorbía cada una de sus aduanas.

Era tan peculiar,
observar el paso de los sefardíes
armados de sombreros
y rizos asombrados entre patillas
y siete gafas de cristal montado.

Que en ese entremés
de cultura aprendí a bregar
con el genoma.

La aceptación como liberación para hallar el camino.

Dicen que la realidad virtual
tiene tres colores,
y aún con el intento de desgranar
desconozco cual será
el sentimiento de la piel que recubre mis costillas cuando le vea;
tal vez el vaso
se haya evaporado
y las escamas lloradas
harán que el río no vuelva,
o tal vez la lluvia
mojará nuestras escafandras
y la rutina del sólo somos amigos, 
pero no pueden vivir lejos
del manzano al otro peral
como cada cabello de trigo,
armará el mecano
sin avión de rescate.

La tercera aterciopelada
la guardo dentro de una bolsa de tul
que lleva escrita
cada una de las palabras
que por obra y milagro
de la imprenta
leen ojos mutilados
de otros labios.

Para qué voy a engañar la respiración de los bronquios,
y hacer ilusiones vanas.

Sienta tu posadera de arco
y busca la flecha de Cupido
en otro bar de carretera.

Que ser transparente
a su corazón 
ya no merece más caballitos de mar
ahorcados.










martes, 12 de mayo de 2015

El riesgo.


La soltura de cada cepillado 
arrastrando mareada la pelusa 
con el misterio de lo que ha nacido de la piel 
y ahora prófugo alza el vuelo.

Verso la muda, que no logro
articular con las nubes que se reproducen
como amebas de pelo de gato.

De la mañana en que emprendo camino 
y de regreso a la noche contaminada.

Llevo larga la corbata
de la abstinencia, y no me importa publicar en el B.O.E;
que antes me consumía polilla
quemando las brochas.

Aunque la leyenda arrendataria
siempre podrá más que la realidad 
de la invención de las chinches.

Dolió, sé que fue una crisis insoportable,
el trocar toda la madeja de egoísmo púrpura
a la paz interna.

Ahora me falta el amor, sí,
el poder darme a cucharadas,
entregarme por correo postal
y que me lea toda.

Ahora que me quiero
y no me martirizo con el hígado histérico
ni coleccionando amantes
en la cámara frigorífica del carnicero.

Voy a ser el sello que busca tu lengua
pero con la paciencia
de las flores tatuadas.

Poco a poco,
muy lentamente,
como el crecimiento de los niños y de las raíces.

Porque esta vez
será para toda la vida
y no hay trampas
ni delatores que justifiquen
mi decisión.