jueves, 25 de junio de 2015

Yellow dreams

La tristeza tiene el color de la ictericia,
(según León Felipe el amarillo es el de la bestia)
y en el cielo se observa a la luna
partida por una sierra eléctrica.
Su otro pedazo habrá caído en un corral de gallinas
y es picoteada en forma de cráteres acnéicos.

La tristeza está en la cara de todas las hamburguesas
y en su bostezo perenne,
la arena movediza en el helado que nadie quiere
derretido dentro de sus sarcófagos
sin haber probado
el pecado de la lengua
y su gula.

No voy a hablarte.
Y por eso soy una llama de huevo.
No voy a escribirte.
Y por eso el submarino tiene brazos y piernas pesadas.
No voy a rogarte.
Y por eso ya pareció la última sumisión, un limón a punto de abortar.
No voy.
No.
Es el canto de la guerrera
de luz azafrán y escarmiento
que miras de frente
y ves meseta, páramo, folio.
Soy más de lo que perfilas.
Mis alas están resguardadas
tras los hombros.
¿De qué color serán?
¿Blancas o negras?
¿Y en el centro de su médula habrá una cobra?
Yo siempre te salvaría del precipicio, del incendio.
Pero tú
me dejas oro líquido, aceitosa,
atada a las vías de todos los trenes.
No voy a mendigar.
Ciertamente soy una flor sin tallo.

miércoles, 24 de junio de 2015

Carpas negras

I

Ella
se 
m
u
e
r


e.


II

El Triángulo de las Bermudas
con tres vértices
felinos.

III

El cuadrilátero
y ningún boxeador dentro.

IV

Cuando ella regurgita
y noto su contracción desesperada,
veo en su contorno
el puma dormido de la selva.

Ella se muere.

Tal vez le queden unas pocas lunas
en su noche,  jamás meses en el ojo de gato,
que se  niega a admitir la ley del desahucio de la existencia.

Luego, después del vómito tartamudo
se abandona sobre mi colcha
y moviendo la cola 
dibuja el cuadrilátero
y ningún boxeador dentro

Se muere y ella no lo sabe.
O quizás sí.
El misterio de los seres vivos
y las fatalidades urbanas.

Cuando desfallece y expulsa la comida,
me convierto en una niña de cuatro años.

Revivo a mi padre
en su lecho de muerte.

sin la detención del vómito,
nudo continuo de garganta,
que ya no hablaba.

Con la gente lila que de un lado para otro 
preparando
la ropa de luto.

Su cuerpo sin vigor
que se escondía en sí mismo;
como una caracol que sabe o no sabe
hacia donde se arrastra.

Recuerdo a mi padre en su flaqueza.

Luego silencios.

Y escuchar las campanas
de la iglesia anunciando
su entierro.

Así me despedí de mi padre.
De lejos, a los pies de la cama, viendo como echaba la vida
por las entrañas.

Lo suficiente lejos para no comprender nada.
Del misterio del Triángulo de las Bermudas
con tres vértices felinos,

el  por qué ella se muere conmigo.



martes, 23 de junio de 2015

Red danger wolf

I

Puedo empezar al estilo Forrest Gump
y decir que mi madre que sabe mucho,
eligió el mismo disfraz durante tres años consecutivos
para este avispero de poeta.

-Tú, María te callas y te vestimos de caperucita roja.

Y allí me plantaron dos rodales bermellones en los papos,
y una capa que yo quería que volara,
pues, deseaba ser una heroína espacial
y esa capucha, meterme la cabeza en un saco.

Con un cestita sin víveres me abandonaron en el bosque
y me las apañé como pude,
el leñador era un repelente talador de árboles.

-Oye, que haces diezmando la población conífera,
con esa camisa de paño a treinta grados;
no crees que un desodorante lo agradecería el ecosistema.

Y ese hombre con la misma cara que tienen
todos los chicos de los dibujos Disney
se puso color tomate, como mi sayo sin espada.

Pronto llegaría el aullido,
señal inequívoca
del lobo estepario,
tanta fama de chico malo
y en el fondo es colchón mullido,
relleno de cordero,
ven bobito, lo que necesita son mimos:
una mala infancia, una crisis de identidad asegurada.

No tema yo no voy hacer un abrigo con sus pieles,
y crea, si desea hacemos un remake del Principito y el zorro.

Seremos Caperucita y el lobo
y nos domesticaremos juntos.

No se preocupe mi abuela
trabaja en una protectora
y entiende de amores salvajes.

Déjeme ponerle la correa
y le llevaré a pasear al filo que dibuja
el sol en la montaña.

Es arriba, si arriba, su seso,
no su sexo, lo que distingue en este vodevil
al guardabosques con hidrosis,
de su perfección con hirsutismo.

Y con una tijera corté la casulla,
alcé los puños
y salí volando, porque esto es un cuento
y aquí mi madre
no manda.

II

Un lobo que muerde la mano
que le acaricia
no interesa.


No me lo tengas en cuenta.

                                   

                                                                                                   Según lo planeado.
Diálogo surrealista de Quevedo a Góngora.

Igual que un planeador de vuelo
que anida en la torre del controlador;
se cree todo y hasta tira de la consonante
lo suficiente para hacer alambres
de tenias solitarias en tripa.

Acaso sabe el momento
exacto operativo
que la nube se desintegra.

Cual de las larvas resucitará en el tronco,
y qué semilla del campo
brotará en hierbajo o en tisana.

Es el procreador de la ruta,
según la armónica.
La verdad de Hipócritas
del ciego que pedía queso, que pedía queso...
cual Lázaro de tormenta.

Acaso sabe la fórmula
de hacer al viejo, un niño,
del apareamiento de los pelícanos,
o es sólo su río lo que le interesa
a llevar a buen puerto.

Y de repente, una fool, una espesa tensión
que necesita verse las caras.
Pobres duelos los acontecidos detrás del visor de un móvil
acabarían con la artillería
de todos los museos de España.

Pero usted sabe-lo-todo
de la gota de aceite llorando sobre pan,
del mareo de un iceberg en Islandia.

Tiene el control de todo
tanto que sin preserva
nos liberaremos de la E.T.S.
por mediación divina.

La corona debajo la almohada
y yo con un dolor de muelas que no soporto
de tanto, tanto pedir queso
eso que pide de vez en cuando su señoría.





lunes, 22 de junio de 2015

Matices de pluma y cuero.

Cuando se escribe sin ganas,
acaso, usted no siente el beso sin lengua,
una boca sobre papiro
menos que el picoteo del pájaro ante la miga,
no predecir que en lo relatado con grima o sin converso,
está un cuerpo que ama sin ganas,
un barítono saliendo del tocadiscos,
todas las voces lloviendo
dentro de la aparatología sistemática que te dicen:
el saldo del banco,
el total de una compra,
el importe del parking,
la puerta de embarque del próximo vuelo.

No arda en papel mojado
que escribir por escribir
sin sentir, en demasiada frecuencia,
nos vacía. Tal vez, debamos aguardar
la espera, un tío vivo de arroces de novios,
hacer un poema con tiempo,
besar con lengua,
amar con barritas energéticas
hasta que el ayuna-miento desconecte
la luz de las farolas de la ciudad.

No crees, qué vas a venir colibrí
como siempre, sobre mi poema.

Vas a volver.

Porque aquí...


domingo, 21 de junio de 2015

Insuficiencia cardíaca.

Las luces de los guateques son lustrosas,
pero, si tú no yaces bajo ellas,
estoy en el apagón de una escalera de incendios.

La rosaleda
que crece estampada en el vestido,
sin agua se seca cortada.

Para qué quiero fucsia.
Para qué quiero cuchillo.

Dime, para qué si el sílex de tu lengua 
rasga las bolsas de plástico.

Tu demora hace que una silla esté vacía,
el amianto ya no protege del helor,
del espejo que me devuelve a la concubina.

Dime, para qué.
De qué utilidad poseer el carné de identidad
de los viandantes,
si tu boca no resbala en mi carmín, 
y te llamo a cada verso que prodigo
y tú no vienes,
nunca a rescatarme detrás del portal
del karma,
de la cal, polizonte de tu branquia,
siempre separados por las apariencias,
siempre, a solas con todos los electrodomésticos
del mundo.

La cuenta atrás.

Nunca es la parte baja de nuestras cervicales,
sostén del seno frontal, coraza impermeable
para los sin sabores de la vida;
emprender el camino lineal
topando 
con la belleza triangular de una luna 
vértice con Venus y una estrella.

Puedo ir hacia atrás como los cangrejos,
para recordar cada uno de los cielos
que he habitado.

O botar rana demente
ensortijada de verdes ampollas,
las esmeraldas de las mordeduras de zapato.

Pero, eso sí, jamás parada.
Nunca parada,
si al caso de trenes, de despedir batracios 
que se alimentan de la bondad volátil,
el aspersor de las sonrisas
saludando con los dedos de sus genitales
y una noche refrescada
por todos los aires acondicionados
que tuberculosos
suelta su aliento a la calle

Me miran.
Me saludan.
Me espían.

¿Quién sabe hacía dónde?

sábado, 20 de junio de 2015

Violonchelo.

Te han arrastrado lo suficiente
por el pasillo que conducía al cuarto levante,
con la quilla arañando el suelo
en un grito de corchea.

Te han arrodillado frente al patíbulo
con el clamor encendido de la jauría,
corsé de apretada moral
del incendio cuando los ojos
se llenan de agua, en terrestre conjuntiva;
y una nuca bajo el terror de la bañera,
el pico del metal en el cuello
y las piernas mojándose de orina.

lunes, 15 de junio de 2015

21 de junio.

Queridas hijas, María y Luisa Ana:

He de confesaros que sois portadoras
del gen de la locura,
pero, no la del desequilibrio,
ni siquiera la de la camisa de fuerza.

Es peor aún, lleváis el estigma de la poesía,
que como una culebra se adhiere en los ovarios.
Renegaréis de ella, pero cuando al cielo
las tardes de viento contempléis,
veréis manadas de elefantes
en busca de vuestro tesoro celta con forma lunar.

Tenéis en vuestra ralea
esta mancha druida de nacimiento
que bordará páginas,
que hará que leáis libros a escondidas
de vuestras parejas, y padre.

No os gustará ser esclavas.
Escribiréis de madrugada y se apoderará de vosotras
el duende Lorquiano.
E igual que la alfabeta hemofilia
pasará de generación verbal a vista,
a vosotras que ya podéis ser madres,
atentas la fuente será mar,
y el mar será continente.

Lo siento mucho hijas mías,
os he maldecido con la ausencia,
pero libertarias de mi néctar,
mamada de pecho,
sigo latiendo umbilical
parida de vientres,

no tengáis temor
a sentir la furia descabellada del poema,
sin vergüenza,
sed lluvia, campo y noche,
sed amor, olvido y sueño.

Os amo.



domingo, 14 de junio de 2015

Le llamaban Allen.

Delante de la cafetería estaba estandarte
mirando como él le ensortijaba
el cabello en caracolas marinas;

ante la imagen cinética
y muda reencarnada en farola
viendo la dulzura
más sacarina de la repostería mundial.

Y empezó a diluviar.

Mi chubasquero era un vestido de flores ahogadas,
con mi maquillaje diluyéndose
como el té negro en agua hirviendo.
Del cielo caían sacos de agua,
avena líquida
que iba llenando mi foso
como una bolsa para el dolor de tripa.

Él la acariciaba.
Y muda frente al televisor
no podía hacer nada.

Ya había llorado lo suficiente en poemas,
y con el calzado yunque
caminé riachuelo hacia la casa, 
mi morada lila de malvasía;
y dejé atrás las luces focales de un bar
de dos personas que amaban
y una jardinera fue el pretexto de un concejal
para homenajear mi retirada,
en un charco de trozos
míos 
y de los besos usados a escondidas sin luz.

Quo vadis

Ni de casualidad pera
voy a pedir que te quedes,
acaso metería una cometa en un cajón,
si hasta los cordones de mis zapatillas
me cuestan atar.

No, no voy a implorar, 
lo que no debe ser,
lo que no puede ser,
enloquecida la apología exultante,
para, no, sigue..., pararrayos;
que crezcan árboles en balcones estrechos,
que se atasquen las lavadoras 
por la arena de la playa.

No, no voy a rogarte que te quedes,
simple
llana ave,
anárquica sencilla razón estuario
porque te amo.

Y los truenos
no se envasan al vacío,
ni el Nilo yace en charcos de algas,
anárquica sencilla sazón es tu río
y se aleja
paulatino
con el verde
con verde manzana de anhelos
y yo soy dichosa
con tu despegue
porque te amo.


Hierba de la gracia en su losa.

Eligió mal día 
para su partida Christopher porque en junio, 
nadie debe morir,
si al caso que los trenes de alta velocidad
se retrasen por la meteorología

y que los amantes
festejen embriagados 
con la flor de la verbena.

En este mes los coches maduran en  rojos metalizados,
y los tenderetes de aceras
reclaman a los ojos con su fruta llamarada.

Pero los vampiros son inmortales, igual que el verso murciélago
a colmillo sobre la blancura del folio;
así que valiente le perdono que haya fallecido 
en el mes del anti-aniversario de boda,
de cumpleaños y santos y aquelarres y lluvias de sémola;
le indulto con la hierba gracia
y le dejo que esta noche entre tules 
con la mirada turbia
muerda mi cuello poéticamente.

sábado, 13 de junio de 2015

Sin título.

Hoy me he dado cuenta, que me sigue queriendo a pesar de lo que hice.
Que como un pájaro siempre vuelve
para revisar que nada ya sigue en su sitio.
Que perdí algo valioso
que busqué donde no estaba,
y sabe que le digo,
que gracias por venir de vez en cuando
como un pájaro vigía de junio
tras los albaricoques
ya sin ramas, 
gracias por perdonarme.

Beata lágrima de Baco.

Recuerdo
el habitáculo con tonos azulados
en un aquelarre de suelo, esquinas
y pasadores brillantes;
y a las niñas sentadas
sobre un banco de madera, sin respaldo.

Ahora todo el color era nogal
y un barniz seco envolvía las pieles
enceradas.

La monja abría una cortina:

-La siguiente.

Era mi turno, en esa encrucijada
de olor a desinfectante
y algodones obesos.

Me reclinaba como en un sacrificio
de Pascua, y empezaba a cantar
mientras la aguja pinchaba
vía intramuscular
las desgracias que me aguardaban lobas
tras la verja.

Las religiosas, quisieron hablar con mi madre,
y previa sesión de espiritismo
le confirmaron
que tenía el don:

El problema es que mi madre
nunca acudió a la cita.

Y yo de camino a casa.
en la solitaria infancia de estaño,
siempre tuve al demonio
acechando.




viernes, 12 de junio de 2015

Infancia.

Y cuando llegó la noche
por fin, pude llorar.



II


De niña
cuando tenía miedo
cantaba.


III



Tal vez las sirenas de hábito negro fueron en un alto porcentaje,

las causantes de mis calamidades,
ellas siempre decían que el dolor glorificaba,
nos engrandecía elevando el espíritu;
y que el camino de la salvación
con flagelada penitencia era bueno,
y el no practicar el sacrificio: malo.
El cielo y el infierno.
El sonreír a pesar de llevar heridas en los zapatos,
la consagración del último baile.

jueves, 11 de junio de 2015

Pentagramas.

Este tenedor de caña y ligamentos
de la necesidad de la cuchara sopera,
cúpula con la cucharilla de postre,
amándole con el desorden de los cuerpos de las sílabas,
creadores de cuchillos poe-tas,
al unísono credo de la alacena fangosa
que sorprende toda la cubertería.

M-átame pues...en su servilletero
que una doblada medita sobre mesa
y atiende a la súplica del comensal 
en la lujuria que estuvo en barbecho.

Y empieza la escalada, el parámetro
de quién escribirá el mejor verso
entre humedades, con los músculos en flores abiertas,
con su sexo enganche remolque del mío,
de la fresa madura sobre trigo
en trufas perforadas por gusanos,
amebas dentro de cubetas en amo,
en la ama, lame, malo, lomo, mola la piedra
que ejecuta su esfera, la ida concuerda
de la vuelta de cada estribo,
regla y cartabón sobre lámina
de cannabis que es su lengua cetro;
perfora mis adentros cual mina de lápiz
que soy suya, aunque le traiga la ira
y caiga cada gajo de naranja
en forma de lluvia amo-niacal,
amo-ral, amor-favor y seguida de una tregua
que nunca termometra 
mercuria la imagen 
del esplendor
en el campo 
del unicornio y sus yeguas trampas.

Si esto es el pecado, yo quiero morir en él.

miércoles, 10 de junio de 2015

Sin labor arrendada.

Al abrir la compuerta del embalse
las ruinas quedaron
al descubierto de un trabajo
sumergido por el capital.

Mueble anorexia sin mercancía,
desmembrados por la sierra
que infectó de una humareda con sabor a plomo
nuestro aliento,
que carraspeaba la impotencia;
yo quería llorar,
pero no podía,
mientras se desmontaban las estanterías 
y las esquirlas de fuego
fundían cada una de las vivencias
de los compañeros que fueron por el naufragio
pequeñas firmas de destierros laborales.

Años soportamos la presión neumática
de una lancha
(que nos linchaba)
en noches que llegaban
postradas en una cama sin sonrisa.

Ahora.
¿Qué queda?
De la maleza comercial,
del obrero explotado, cual volcán de "merde".

Cuando el trabajo falta,
de qué sirve el amor sin amor,
de dónde proceden las ratas
y el futuro presente en fracturas con I.R.P.F.
y un descanse en paz.

Horas de incertidumbre, y un pato en mi pecho
que aleteaba nasal.

Sin trabajo, a dónde van las almas,
a dónde muere el pan.

Y ahora qué.

Me lo dirán ustedes:

Los tres caballeros grises de Momo.


martes, 9 de junio de 2015

Amando a distancia.

Te amo sin condiciones
ni letra pequeña,
last minute de minuta, minutera.

No necesito hablar,
las palabras tosen dentro de cada tubo de escape,
pues, no somos los códigos de barras
de los envases leídos por el láser.

Te amo
y no quiero amarte,
quiero lijar cada momento
y que desvanezca la vaina
que crecía dentro de mi tierra.

Pero, también me amo 
como ser de agua
que sostiene aves y pequeñas flores de cera,
me amo con la paciencia
del azúcar que mira al café desde la balda,
el amar a la fauna,
al dintel que sostiene la chaqueta,
esa amarilla que uso los días de la tristeza,
del hierro al fuego, que calienta esa masa compacta del hambre,
porque yo no sé ser otra cosa que poeta,
no sé ser otro forma que latido, sangre y decadencia
para un día perecer extrema, a esa locura de mar la vida, 
el cosmos, y ser un polvo carbonizado
entre cabellos de niños
que juegan con piedras.

Te amo, amo y que error
cometió la herencia invernal
si esto se diluye gel en un vaso de bañera
y no deja de doler.

lunes, 8 de junio de 2015

El cuento de las dos maletas negras.

El viajante depositó las dos maletas frente
a la verja verde.
Y con el paso de un predicador
con gastroenteritis
se alejó a través de los geranios de plástico
y unas moscas veteranas al vuelo.

Por eso al ver un bulto
que se escurría
después de haber accionado acaloradamente el timbre,
me hallé  frente a la alopecia de dos equipajes negros;
y una pequeña carta
de excusas:

-Ahora vuelvo, ponía la misiva.

Las arrastré como pude, y las coloqué en el centro de mi universo.
Y el ahora: fueron días,
y el vuelvo: revólver.

De su interior pequeños ruidos se percibían,
y estaba temerosa, 
por si hubiese algún ser malherido o la soberbia.

Mi curiosidad no aguantó la presión
abriendo, temblorosa como la gelatina,
las cremalleras de dichos objetos.

Pero, cual , fue mi asombro
dentro habían 
tebeos con anotaciones en sus esquinas,
serpentinas de olor a naranja,
una foto sin gente,
trabada a un pequeño broche con forma de corazón
y una galleta de la suerte, la cual,
no evité abrir para leer su contenido escrito:

A veces tras la negrura
se esconde el niño.






domingo, 7 de junio de 2015

Drakkars y snekars.

I

El amor,
esa marca de bragas
que inventaron los franceses,
el habitante en los mandos de los coches
para abrir las puertas
y emprender el camino.

Oh, sí.

El amor.



II

He de decir que en esta descabellada contienda
que muero como la ortiga apretada en puño,
que al amanecer real de su ostentoso armamento,
caen todas las ciudades
que habitan dentro de mis carnes,
morada azucena de su monte abierto,

el recto sexo que engarza a la grulla, 
al flamenco
y a la cigüeña.

Triángulo almanaque
en que ya no opongo la resistencia urticaria
de lo que cura, mata...

Acaso no ve su señoría,
que vasalla le pongo los zapatos a su libertad de soga,
que diluir la retina
no olvidará el olor de los sexos.

Pájaro migratorio,
pájaro migratorio
y el pájaro, exiliada cuña
de condescendencia.

Trío avícola.

Porque cuando usted me folla
en su amago de libélula
siento todas las espigas del heno
meciéndose en cordilleras
que aún no han sido taladas.

La pupila dilatada de cada una de nuestras vanidades;
complacientes despropósitos
de envoltorios vacíos tras los estadios,
cerveza orinada y duendes a través de las pantallas
que se filtran tras los paneles
después de la cama.

Siento como el calamar lanza tinta
a la jibia, el sol rota y los niños
salen alborotados de los colegios
al timbre de la ballena.

Siento que esta unión
no se desliga y me convierto en proa de su nao vikinga;
masiva consumición
vendo mi poema por un puñado de su orgasmo.

Soy estuario.
Si, ente.
Entera.

Y usted la razón de mi silencio.


viernes, 5 de junio de 2015

Crag.

Me despreocupa su severidad
con una hermana de Saturno.

Porque él era Saturno
con tantos anillos como mujeres.

De impaciencia azul klein
sobre los bolsos de piel avestruz.

Pero, la polilla de mi raza
es obstinada amazona,
choca mil veces
contra la bombilla 
hasta romper el cristal,
y superviviente
liba el estambre,
de la flor eléctrica.




A beilar.

Noto la ligereza, de una mahonesa.

Sí, sé que su crisálida, la cual,
residía palatal
en los recovecos de las caderas
ha sido expulsada.

Tal vez de dormida,
tosí más de la cuenta,
y como un proyectil
se despidió
por una lente de la ventana.

Me muevo sonajero
y no escucho nada.

Los huesos rotos
por sus palabras
soldados han desertado.

Ya no te quiero canoa.

Te quiero remo.

¡Ya no hay música!

La tortuga ninja.

Y en el bosque
hay una apuesta
escrita en la copa
de los domingueros.

Se mofa de la tortuga
porque es lenta.

Pobre, lleva la carga cruel
del pasado en su caparazón
y tiene tantos años
que duerme
en cada pino impar.

Usted que brinca liebre siempre sonriente,
la que no contrataron en el casting
de Alicia en el pías de maravilla.

Tortuga soy ca ma león i ca en los andares.

Conejo lozano, tu pata es de fortuna
y confiado tarareas
en cada concha hembra.

No subestime
al galápago del cuento.

A fin de cuentas
siempre venceré al olvido.

La revelación running.

Una carrera de relevo.

Cuando le tocó a usted,
clarinete,
alivié sus pies cansados,
hidraté con mis manos sus dudas
y curé el camino de las heridas baches.

Una carrera de relevo.

Y con mi turno
afronté la peor parte de la montaña,
me había llenado de piedras la boca;
y la cantimplora seca no cantaba
con las ranas dormidas
en su recorrido.

Esto es una carrera de relevo
y no ha jugado limpio.


Cetus.

Se ha empeñado
en echar a la buena estrella.

Ahora, que ya no le deseo
para corcel de mi Barbie.

Las muecas estrafalarias.

Las bienvenidas al carromato
al pasar el platillo,
cada vez que
hubiese levantado
el peso de la luna.

Pero, usted no quiere 
a la suerte pelirroja.

Se encierra en su traje de escopeta.

Y yo me marcho
a iluminar
a otros cedros.

martes, 2 de junio de 2015

Lunes.

En un arrebato, tomé el rotulador rojo
y emprendí a latigazos el desmoronamiento de nuestra amistad.

La amistad no tiene el por qué
de los mismos colores complementarios,
ni la afiliación política
de que tú seas del Espadán
y yo del Mediterráneo.

Ya iba por mi segunda fechoría,
y alardear en una sábana blanca
mis memeces no fue del todo correcto,
y aún así, aunque te haya costado
tres meses, ni te imaginas la alegría
que supuso verte en aquel banco sentado,
como si en una acto casual, tu rodilla
hubiese emitido un dolor de corazón
y tu cuerpo acabara delante de la puerta de mi trabajo.

No sé cuanto tiempo, estuviste
y las veces que pensaste en retroceder,
en esa observación meteórica
de mis zapatillas descordadas.


Sólo comentarte que fue
tan brutal la impresión de tu retorno
que cuando nos abrazamos,
tu tórax ahogó
los pechos de las veces que he sido cruel contigo
y tú te hartaste.

Que suscribo, aunque sea lunes,
aunque te gusten los perros, y a mí, los gatos,
la semilla de nuestra vieja amistad de cipreses.

Sinceramente si me dan a elegir
entre la amistad
y un amor que lapida,
prefiero seguir cantando bajo la luna,
sin rotulador rojo que valga,
al amparo de que esta vez te respeto.