miércoles, 30 de septiembre de 2015

El gran enjambre.

I

Nadan las pirañas

en el lavabo, y un dedal,
que navegan entre escamas 
en esta aceptación.

II


En círculos de agua

el sonido dibuja sus pasos.

Son las tripas

de las aldeas en vigilia de difuntos.

III


Noto un cuchillo

en la pierna trabado, pero, la asesina 
bucea bajo sábanas
para sentir que existen despedidas
sin decir adiós.

IV


Dicen que los gallos y las jirafas

no amañan encuentros en selva,
te corroboro que jamás
cosería tu mirada a una puerta.

Abrir los embalses

para que la galera
te impulse lejos.

Lejos de la desesperación,

de aprender a vivir sin ti
con retales de vela.

V


Este amor de silencio,

de crispada cápsula de olvido,
de aspirina
en poso de veneno.

No hablo ya de nuestros,

el pronombre imperativo
de la felicidad.

VI


Si lo que no puede ser

se disfraza de cobardía,
pesco la luna en un charco de aseo
para que sepas que te amaré  en una eterna fotocopia.

VII


Hablaré desde la pecera,

de los tapones mal enroscados
en las cantimploras 
que más que gota de saliva
lloran.

VIII


Y qué castigo cometí

desembarcando al lado izquierdo,
de tu hígado de profeta,
en almas de color albaricoque
con huesos de monte y de cabras.

XIX


Viviré por siempre en un santuario,

de cebolleta en taxidermia,
de esquina de ángulo sin compás.

Lloraría, pero, prefiero abrazar

la corriente de esas fotos mal reveladas
que acontecen dentro de cajones 
en muebles de vertedero.

X


Tal vez el idioma del hueso roto

no sabe expresar y hiere en estocada.

Quise de puntillas

alcanzar tu corazón.

Pero las falanges

en fractura absurda
se convirtieron
en ceniza de cielo.

XI


Te amaré,

hasta cuando un jueves las rosas amarillas
vistan la partida
con el mar por manta,
con las montañas por lecho,
rosas amarillas,
la infidelidad del cuerpo
casada con el alma.

XII


Pirañas de chalecos verdes,

con afilado pensamiento
de algas rizadas en tendinitis.

Que duermen

a la espera de farolillos infantiles,
en campos de maíz
para decir que mi amor libre
fue devorado por los pescados azules de hombre,

Que duermen plácidos.

Con la incomprensión de que se hiera
a quién se ama si no provoca.

Por siempre pez.











lunes, 28 de septiembre de 2015

Olé

Cruza el mar tépido
con la imantada frecuencia
de no ser más que pequeños trozos de trufa
expuestos en la coctelera,
con una foca, un bigote, un pelo enquistado en la retaguardia.

Así vamos echando polvo y grava
a la costa de los uñeros
y queremos tragar las persianas,
la evidencia gusano
que los cerdos van al cielo
y las memas aritméticas
en una cesión cobaltica
apuran el afeitado de los necios,
pues, cuando uno nace con la mala hierba
ya puede aparentar
que su olor sea el de la hierbabuena,
pintar de azul el diablo su muda serpentina.

Qué haces desnuda en la calle.
Intentando arreglar
con una pala de playa
una balsa de aceite.

Hoy he visto el trébol en la mujer más hermosa,
los cuerpos doblados en trenes de itinerante gel
de manos, de nariz y entrepierna.

Ya perdiste una década con cada marido, estrella de ratón de ordenador,
haciendo que lo oscuro sea luminoso.

El que nace porcino
muere lagarto, y yo en mi triste canción de hill street
voy ruta aerofagia
a la paz.

Yo no quiero carrillada, un trozo de queso 
en la trampa, basta para engañar a la noche.

¿Qué es la poesía?

Cubos atestados de basura, pero más deshecho son los actos.
Un transporte ultrarrápido
rozando las ventanillas de este cercanías,
y un vibrado dentro de un orgasmo de vómito.

Florida yace llena de cadáveres
y tú eres un príncipe en un burdel
llamado liberación de la mujer.

¿Qué es poesía?

Lata de Coca Cola abierta, telefonillo sin respuesta,
pasos ávidos, nevera fulana,
alopecia incipiente, 
llanto en un tanatorio llamado circo,
niños sin niños,
cruces gamadas en estado embrionario.

Qué hago en esta amniocentesi.

Si  lloro por un letargo
que no es mío.

Vete.
Y no vuelvas a este establo.

¿Qué es poesía?
Poesía no eres tú.



domingo, 27 de septiembre de 2015

Manos libres.

Cuando escucho tu sonora voz de poeta
tal vez no ose a expresar que piense en tus labios.
Se quedó el gallo de los vientos mirando al sur
en la acordonada zona de los arrecifes
incapaz de trepar 
por la erosionada cantera
de lo que no respira 
y en el tintineo continuo de lago 
de aves sedadas:
Cisnes de cuerda, patos flamencos y juncos encolados
con la lengua que precinta el papel de liar,
cada vez que te presiento
apoyado en la barandilla
de la cantina trece.

Sé que en esa ceremonia te recreas con el poema,
que cada trozo de árbol 
donó su hoja para tus adentros.
fumando nubes que se perderán 
en la oficina de los pájaros.

¿Qué ocurrió, o qué no debería haber sucedido?

Traes esta amistad de cedro
en una tarde de otoño, aroma de solo,
a página,
a tabaco.

A paz.

Y yo te pregunto con el ahogo por otro hombre.

¿Eres feliz?

sábado, 26 de septiembre de 2015

Mirar desde el corazón. (Gràcies Eva)

Tiene la espalda del galgo
capaz de sostener un tonelaje inexacto de tubérculos
pisando las piedras del río seco
sin zapatos .

Pero la garganta no tiene mirlo.

Manos excavadoras del lodo
profundas rutas de bucles
hacia el núcleo de Verne
para sembrar el arroz y que crezcan tulipanes.

Pero el mudo canto del ruiseñor no habita en la garganta.

Los guisos saben a bisabuela,
a madre, a las antepasadas mallorquinas de la Edad  Media 
que curaban las heridas a los animales alados 
con argamasa y romero.

Puede retener la furia,
traducir sánscristo,
envainar un sable.
Arder dentro del radiador de un coche y...

Pero cantar como lo hacen las sirenas
con gargantas atrapasueños, no,
porque es una mujer de carne y palo
con patas de silla
y manos de mesa.

Puerto, acequia y banco de vagabundos.

Y entonar una melodía
la garganta no es-puta.

Será por ello
la huida, la filtración de la tubería,
el poro del techo.
Será por ello el viaje
como un maldito estribillo de navidad
que no la amas
porque astilla una mujer de palo y hueso.

Y no sabe cantar. Sólo sus poema mueren
con todos los atributos lienzos
que de todas 
las bocas corales.

Yo fui, seré y soy la única 
que te hubiese podido
rescatar 
de la locura.

En silencio.




viernes, 25 de septiembre de 2015

Resilente es mi apodo, baby.

En junio en la calle un cadáver
fue abandonado a la corriente de una central térmica,
él sin brazos nadaba.

Me quedé sin trabajo.

Y lloraba trinchando las acelgas.
Metida en la bañera,
cual tapón con la cadena cortada.

Pensé monguer que el amor podría salvarme
e inventé un príncipe
de finales más que de principios

Hasta que perdí la fe del amante
por el desagüe 
junto al vello rasurado 
y una pompa.

Hasta que la juliana verde de las hojas me llevó
a la puerta de una escuela.

Con pocas armas,
tal vez una juventud con cuerpo de élite
con la uñas mordidas
aguardando un te quiero que nunca existió
caminé
escuchando Glommy sunday
y supe mudar de piel
sin órganos vitales
de música eclesiásticas en parques con más mosquitos que palomas.

Sí.
Se puede morir.
Resucitar,
Y volver a nacer, 
con cuarenta y cuatro años.

Sin título.

Tenía un modo bruto
de lanzar la granada.
Te arrancaba el corazón
y lo estampaba contra el muro
mientras su burla
era agigantada al dolor de branquias.

Pero, un domingo
cansada de tener un corazón
de cola de lagarto
que se regeneraba
para su aborrecido juego
saqué un alambre de plata
y le seccioné la yugular.
Allí mismo, entre las salpicaduras
secas de mi sangre
lo abandoné
de san gra do
por su ver bo rrea.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Extraña manera de pedir sal.

Notoria imprenta
cuando brota la lepra
gajo a escama en tu rostro de Avignon
ente
que espera
la felicidad de los aviones 
con alas de golondrina,
la nieve perla cobijando la mano poeta,
y en el frasco, número cuatrocientos,
de verbenas de tique de caja;
en los hilos deltas de la electricidad urbana,
cuando dentro de tu paraguas ha llovido
y he estado presente
fila
de estaño en las coralinas estancias
en tu soledad y en tu acompaña miento.

En los huecos de tu casa,
sobre alfombras voladoras
en ejercicio meditado
he navegado ácaro ángel.
El fetichismo poético
y la pena de no saber ya ni quién eres,
en este recopilatorio, la entrega fascitis
de un hombre que se presenta con la credencial:

-Tengo que marchar.

Como una mancha verde en el océano.

Y una, en el inconformismo
se convierte en un paquete de arroz,
en una tapa de inodoro cerrada,
en una mujer dinamita
escondida bajo tierra
para explosionar con los canarios asfixiados
por tu necesidad de pedir amor
con las garras del gato.

Y siempre desde el ojo del revisor,
la luna reflejada en cuchara,
va rellenando cuestionarios de la crueldad con sabor a letrina,
y ya no entiendo el idioma del que te repele
y te ata con sus cuerdas.

Amo sin condiciones
a cara descubierta
frente el pelotón de fusilamiento
de los que presienten la gula de nuestros cuerpos.

Hace tiempo
que aprendí a no avergonzarme de mi sombra,
a pedir agua
cuando mi glotis 
agoniza de sed.

Si quieres ahogarte
con tu silencio moriré contigo.

Palabra de mar.



Marejada es mareada.

Entre botes 
no en un mar, si no en el armario
de la cocina
alimentos alienígenas Allí baba
y los cuarenta bidones
de gasolina que arden
dentro de mi corazón
sazón zorra idea ni puta
de calamares calamidades
y pulpo en salsa americana
negra puesta en los hombros
bróquil taquigrafía verde del esputo.

Me dice, vete
me has hecho daño
ventrículo
lata de machas y astro peras
en el hábitat
de esta torre mallorquina de defensa
un meteoro
pequeño, remoto, con olor a mandarina
que puede derrumbar al hombre.

No lo olvides, en verso femenino.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Paisajes urbanos.

Un sofá junto a un contenedor 
puede ser mayor obstáculo
que los Montes Urales.
Igual que una piedra
arrojada
desde la cumbre 
hasta la profundidad del río.

Y del recorrido, la fuerza lanzada del beso,
la locura de las ruedas de los carros,
los ojos buscando en un pasillo
conservas de aceitunas.

La altura en la adversidad
que usa distinta talla
donde un otoño nunca fue tanta primavera
con la lacra 
devastadora de esta piel humana,
en copas llenas de vino, zumbido de garganta
de estrecha calle con carne latiendo.
Canto a la vida,
donde nacerán futuros nuevos con peucos,
con amores que se alianzan a la O.T.A.N.
y mira descarada al pan,
mal colocado y lo rescato de su asfixia
para alimentar a los pájaros.

¿Di tu nombre verdadero, antes de qué sea tarde?











jueves, 17 de septiembre de 2015

Exclamación.

Quizás nos lean más
nuestros proyectos de amantes,
o amantes pasados por nuestros;
las manos que corrosivas
sirven el placer en taza de plata
y muerden nuestros apellidos.

Tal vez sea una molestia
el intento frustrado de arreglar el mundo,
un sacrilegio de Vulcano y Venus.

Acaso ponernos sociales
no tiene la suficiente poesía
para poner calenturientos al personal.

Hablar de guerras,
de barbaries,
de hipotálamos en extinción
en el zoo urbano, no es engendrada raíz
de tuétano.

Hablemos de penes y vaginas,
de las veces que me lames los pechos con psicopatía
o yo trepo hasta tu central nuclear
a sabiendas de morir electrocutada.

De tus embestidas de bisonte
y las veces que mojo tu cama.

El cambio climático.
La memoria histórica.
Los refugiados de guerra
no estimulan las áreas
valladas de los sin precio.

De peces y vaquillas, no mola.
De guerras y exiliados, no mola.
No pone a cocción los invernaderos
periféricos.

Es nuestro estigma, cariño.

Mientras sentada desde el puente
veo tu próximo viaje
y lo pequeño que es el mundo entre nosotros.

Vigilia social.

El transportista reclamando al aire
con lengua equina
y un polo red
prolongación de la marisma 
de su sudoración 

trae los regalos del cielo.

Ya no hay seres irreales
en la manipulación momentánea del Nescafé,
dando vueltas con la cuchara
mientras la tierra habla, habla de cansancio,
de la mancha axila del empleado,
que trae un bulto o dos: corazón y cerebro.

Bulto astronómico del transporte
con su uniforme color vino tinto,
con las manos estelares
igual que un portal de Belén,
qué digo de Internet.

Y entre la mesa y una silla
resplandece la caja meteora
con el papel burbuja sin mar
destripando esperanzas,
documentos reflexivos, 
con el olor rancio aún de la explotación salarial
en mis narices de putipoeta,
Abriendo, como una amante desnuda
deseosa de ser el buzón de la carta macho.

No hay nada.
Nada.

Las estrellas se evaporan
en las hélices de los aviones.

Y volverá el fútbol, las finales de las voces huecas
en los mitines políticos o en concurso sorbe cerebros
y todo volverá a ser cómo antes.

Señor transportista
traiga un futuro, y disculpe si no me apiado de su fatiga
y teme-rosa devuelta del franqueo.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Torrent Gros.

Nací a la vera de un torrente
por eso en mi rodilla derecha
tengo la cicatriz de los guijarros.

La mandrágora vestía de simiente mi pelo
que siempre junto a los cardos
fueron mis flores favoritas.

La noche me daba miedo
y la miel en tregua con la leche
de manos de mi abuela
fueron el sabor que se quedó hospedado
entre la faringe y una traquea
que no sabía pedir abrazos.

Nací al borde salvaje
de la naturaleza, los ríos son para los poetas,
los niños nadan peces en los vertidos residuales,
será por ello
que veo estrellas en las arañas
y que mis gatos me voltean como si fuese una bruja de piedra.

Soy torrente, esa es mi cuna.
Seca y angosta,
arrastra ramas y colchones viejos.

Seré cúmulo de rocas y hierbajos
que ni sirven para curar un catarro.

Pero, protege de ti,
que si la lluvia arremete
puedo perdonar la vida al náufrago.

Nací, en lo que hoy es un centro comercial.



Nací a la vera de un torrente.

Absurda necesidad imperiosa
esta que deslenguada habita
bajo una camiseta con tachuelas,
porque decir amor, es quedar, a un alpiste
del pico de un avellano, amor es demasiado escueto,
precariedad laboral de esta bestialidad
que como una gran alimaña
se enerva, se reduce a la mancha de lejía
de cualquier vaquero de mercado.

Te amo, sucede sin ningún avistamiento,
en forma de herpe mora bajo la piel,
leucoucitaria manera de ser más tuya.

No entiendo, si soy torrente,
si no llego a mar,
como puedes del cuerpo hacer una filigrana,
porcelana de escaparate,
cómo, di, lo pido por el cromo
que nunca encontré de niña,
por los besos que no recibí en mi infancia;
borrar esta secuencia, esta rabia de perra,
este trigo que crece en mis caderas;
cómo puede doler tanto el amor.
Quemarán hectáreas, decapitarán a las farolas
y todo será un petrolífero pensamiento.

No hay ni un minuto,
que yo no te ame, es cierta pues, que la muerte
no será en mi caso desventaja.

Fiel reptil,
lágrima en cubeta,
sexo contra sexo,
cómo puedes emular a las amapolas
de la perfidia de tu masculina mayúscula.

Te eliminaría del Facebook,
cambiaría de casa, me raparía el pelo
que exprimieron tus manos
gota a gata de giros constantes,
de qué sirve, si ya lo he hecho.

He huido.
Y he resucitado con tu mirada.

Sólo un reflexivo y un verbo
no sirve para explicar la rotura del hielo,
soy lo que soy, no hay nada detrás de mi máscara
porque cosidos
 hubiésemos levantado palafitos de palabras,
una obra de telón,
un dibujo mal careado de mis ovarios.

No se trata del éxito, o la jerarquía de la ebullición.
En esta noche que los grillos jadean su placer.

Se trataba, sólo de un hogar.


Cambio de periferia.

Y rodeada de la extrañeza,
las sudaderas cuelgan de los garfios,
los logotipos
que hablan, pero, prefiero que sean los colores
los que se conjuguen conmigo.

Hay demasiada suciedad
en la silla de los locutorios,
teclas que encadenan sucesos escritos,
y la terminal de este cúmulo de tiendas
me lleva a la ternura infantil
cuando cruzo por el lugar donde trabajé tantas lunas
y que ahora se ha trasformado:
en el cristal, en la sombra, en el rótulo, en las imágenes adverbiales
que caben en el jersey amontonado
y entre el perfilado de los pantalones.
Nostalgia dicen unos que se llama,
yo, en mi egolatría de humanoide
denomino que quedarse sin trabajo:
Una putada.

Sí una P U T A D A por causas reorganizativas,
pues, creo que usar una metáfora
o una alegoría
sería inmolarme en el exterminio.


sábado, 12 de septiembre de 2015

Erosiones.

Hay tardes resueltas
como un conejo en libertad
que a pesar de escuchar
canciones de Robin, Young o Lauper
una resignada descubre
que no puede recuperar el tiempo oxidado
sólo revivir
que con esas melodías
nunca la sacaban a bailar los mozos.

Tal vez ellas fueron
la capa de una escritora en boceto,
o de una mancha de hollín,
o de un año sin vida.

Atravesar de tu mano
un campo de girasoles.

No es pedir mucho
o quizás es otro estribillo
para seguir esperando.


La estrella del mar.

I

Tres estrellas negras
guían mi camino.

II

En una sartén el pescado
se cuece lento,
aunque la humareda sea rápida
en salir de su vientre.

La cocina se convierte en un bazar
con el olor de bahía,
y un gato, con el pecho de mancha de nieve,
se relame
y empieza a ser saltimbanqui.

Cuando la nostalgia
se cobija en la tripa, 
de agua bendecida dos marinos
como tortugas que buscan el mar
en una silla sobre arena vitrificada.
Pienso en el instante
del ruido de cuchara 
caída en el suelo.

III

Que ambos habitamos
en nuestra propia barriga 
de cetáceo.

Comiendo a olas
nuestros anhelos..


viernes, 11 de septiembre de 2015

Primer día de clase.

Cuando viene la visita,
y nos convertimos en salvajes costumbres
y las puertas bostezan
y mi estado de emergencia
se cuela por las rendijas
como el agua del alcantarillado
y la humedad creciente
entre las pieles de los naranjos
va lamiendo el azogue;
la mediana de las autopistas desaparece,
las glorietas acaban en salmo
y todo ello puede parecer un proceso de cierre
por inventario capilar.

Tu boca, reliquia,
de silueta en caballo a sintonía
con los autobuses que frenan
para no atropellar a la petunia
y que escriben poemas
en el asfalto de modo ilegible.

La visita que me obliga
a renunciar a la adjetivación explotada
de decir que me siento como la tela rasgada de Verona,
la roca vuelta lava, apertura de abismo
que hambrienta espera tu miembro
para entregarnos a la barbarie. Las fotocopias enloquecen
en las impresoras de los rascacielos,
para levitar pájaros en los parques de bomberos que se quedan a oscuras
y todos los folletos
de los buzones que son cartas de amor dirigidas al Telepizza.

Siento que en cada visita
desconozco mi camino,
y en cambio, tú, experto en  materias explosivas
sabes donde lloverá cada piedra.

Me dejo palabra, entre la sabiduría de tus dedos
y en la anarquía soy tuya en cada una de las entradas
de la alcazaba. He sentido la migración, la espora, la célula dividida,
he sentido la precariedad de morder la lengua
en ambulancias que vocean: Te amo. Te amo. Te amo.

Y lacaya de tus fantasías fantasmas,
he pedido:

-Escribe un poema que lleve mi pistilo.

Pero es absurdo, cae al vacío el eco estambre
y rebota contra un colchón en reiteraciones erógenas
de nuestros terremotos sísmicos.

Qué galimatías, cumplida tierra,
pues ayer, en el reflejo de tu pupila
pude leer el primer poema.


Cuadro de Monet.

I

Hacer el antipoema
de cada uno de nosotros,
arrastra el animal de celo
que ha roto la cadena.

II

Podría empezar en plan glorioso
y escribir:
la torre, el faro, el mástil, la antena de telefonía móvil.

Pero, por una vez mi corazón
hará caso a alguien, o a algo.

Podría enumerar sus hazañas:
el hombre torre,
el hombre faro,
el hombre mástil.
el hombre repetidor de señales telefónicas.

Octavio, sabía de este utensilio 
y otros educados protocolos del lenguaje,

Por eso, en guerra léxica,
afirmo
que no eres torre, ni faro, ni  mástil
ni nada que se asemeje a su sexo.

No, no somos ni torres, ni faros, ni mástiles
ni ninguna acción copulativa de costa o de montaña.

La desnudez del  poema
es un hombre y una mujer.

     Metidos 
        uno 
dentro de otro.








jueves, 10 de septiembre de 2015

Con la astilla sacada de mi corazón, quiero escribir un cuento.

Y yacerán en frecuencia modulada
cada uno de los electrodos y enchufes
mirando hacia el techo
sobre sus armaduras esmaltadas
con ojos por teclas
por pestañas con manuales para entender las distancias,
allí rodeada por el émbolo
crecer de ello se trata torcida vid
entre los arrecifes de un sofá meteoro,
así, en letargo nupcial
entre grandes mastodontes
me hice pequeña
y al verme pulga, polilla, piojo
sentí que este corazón de lavadora,
de mueble acondicionado
roja pelusa, hilo de hilo, amianto de puerta de nevera,
sentí que en la pequeñez estaban los lagos más gigantes,
que en la sombra de la montaña
los arboles florecen motores,
cables líquenes, generadores de pilas cardiólogas,
páginas,
páginas,
páginas.

Que el mirar atrás se traduce
en esconderme entre el horno averno y la vitrocéramica purgatorio.

Y yo quiero volar,
ser libre,
un avión dentro de un cuento
para niños de tres años.

Mi pequeño sueño bajo el microscopio.


miércoles, 9 de septiembre de 2015

Fabricante desconocido

Para escribir un poema al revés
el sujeto debe desnudarse
con las costuras vueltas de regaliz
y los botones mostrando su apéndice.

Una estrofa con los bolsillos hacia el extrarradio
con el riesgo de que escupa unas monedas.

Ponemos los versos de pies a cabeza
con las diminutas lenguas de tejido,
etiquetas políglotas reiterativas
con la instrucción de lavado o su origen carcelario
todo girasol y al descubierto.
Así se escribe un poema zurdo,
un espejo de poema, sin zapatos,
descalzo sobre la página lunar
un poema ido a la contraria,
expuesto en el tendedero 
mirando hacia la uralita 
de la vecina Moldava.

Empezar este poema al revés,
afirma que de nuestro trance amoroso, sexo de zulo,
conocerte al fin y al cabo,
fue para convertirme 

en una mejor
 persona.







martes, 8 de septiembre de 2015

Burdeces nocturnas.

No me quiero casar.
Ni poseer el término novio.
No entiendo la morfología de esas sílabas,
a ellas voces le sobran, prefiero casa sin erre,
anhelo ver más que ceguera de la orbe.

No quiero seguir siendo un coyote
cruzado con zorro, escarbando hoyos
para no ser más que un grillo
trepando por tu manos.

Me basta un tiempo.
Las risas desvestidas de pijama y camisón.
No necesito cadenas, ni cerrojos,
ni saber la periferia de tu radiactividad.
Es un gesto de nobleza
igual que cuando la luna se pone toda mona
para salir en la foto postal de una red.

Un almíbar de tu lengua.
Un verso de tu ojo estrábico.
Un quejido de la madera de tu médula.
Un... no es necesario vernos,
estás en mi alma.

Tu eyaculación masculina
puede hablar de revistas de motor
y de migraciones cutáneas.

Pero yo quiero al hombre,
al sabio,
para la diminuta mota,
(yo quiero al final
lo que queremos todas
por muchas extensiones, aros nasales
y tatuajes en la avenida de Venus)

No deseo la carne ni el contrato,
No colecciono ya muñecos.
Sólo me basta tu trama-enredo.

Una palabra.
Algo.
De palabra.

Libérate.

Me quiero lo suficiente
para romper el ancla.
Este oficio de caléndula de invernadero
donde el sol es una pantalla de plasma
y mis manos, gatas furtivas,
que buscan llegar a una cima donde los árboles
hace tiempo fueron abrasados.

Tu torso desnudo me recordó a un cuadro de Picasso
con esa belleza extrema de aniquilar mis ojos. Con la última manía
de cantar por nada, como decir a las paredes que eres poeta.

Más ávida en tragaluces,
puedo escribir un soneto con la vista vendada
pero arrimar al simple ejercicio
de una verja 
para que escape el niño que sigue prisionero, tarea ardua.

He logrado romper la rima,
y te he mostrado las peores flores del mundo.
Es lo único que nace después de la fumigación,
pero te aseguro que sus raíces son sanas.

Cómo poder pensar que tú puedas marcho por la puerta 
oliendo mi fragilidad de hallarme descubierta, pobre Ofelia de saldos:
Eres libre, soy libre, somos libres.

No deseo controlar un puma,
ni aletargar el invierno, sólo sé que siento tu sexo
como un arpón que me atraviesa
y me deja malherida esógafa
entre delfines invidentes.

Qué ha llegado un estado
que deseo clamar esta enfermedad
a todos los urinarios del mundo.

Por favor, si no combatimos
por la misma leche, nunca más
vuelvas a enhebrarme.