sábado, 9 de diciembre de 2017

El rey del rock ha muerto.

Llevas demasiado tiempo,
te has acostumbrado a
rodar por los pasillos y a
guarecerte sobre la tapa de un váter.

Escuchando las canciones, apaisamientos
de ritmos de moda para hacer que la felicidad
se mueva, el culo se mueva, la mano pague o reciba como en trueque apostólico
donde la mercancía es uno mismo, cretina servicial, el enquistar de sobrevivir en un centro comercial.
Foco tras hora, oferta tras semana.

Llevas demasiado tiempo, rata de escaparate, emulando a la cadena de montaña, con el jersey en la punta de la lengua. Con hilo de cabello de mujer que duerme con su máquina de coser.
En esta alcantarilla, los túneles rebosan estampitas, el pueblo se atropella uno con otro. El regalo: la fábula, el manjar, la restauración del Almax, de las revistas de famosos enseñando el lujo árbol como un exhibicionista de psicópata.

Demasiado tiempo en la caverna. El miedo escénico se ha apoderado de ti, padeces fobias y la terapia te palmea sobre la espalda. La tos no te abandona, y habrá que bendecirla.
El amigo invisible, más invisible que nunca.
Estoy cansada. Me duelen los callos, los gorriones vuelan dentro de poemas de Bécquer, o eran gaviotas, o buitres. Sí, ya sólo leo la próxima campaña.
No me acuerdo, creo que llevo demasiado tiempo en el barracón del sistema de un parque monoteísta.
Disculpad, mi atrevimiento, de soldadura sin fusilamiento.
El poema también te mata. Y son muchos de dependienta detrás del mostrador.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Fe-cal-es

Somos los ilustres borregos
que damos lana
a los que del sueño sacan beneficio.
Te sirven en copas la transferencia.
Y a través del cristal
vemos sus pulgares.

Aplastante hormiga defecada
de letra de imprenta viscosa.
Y si emborracharse
es un grado, para los elegidos
me quedo con mis escombros
con el olor a apnea y a cloaca

Qué prefiero la soledad de una piedra,
que el tumulto de los que hacen caja
con la fe cuadrada para poner
sus acciones.
Porque el pez pequeño
en el mundo silábico
de las resonancias.
Relame la escama al grande.
Abusos y en alto la justicia.
Pero, cuando asciende
cae ante los ojos de su pedestal.

Timada.
Acomplejada.
Moribunda y anfetamina.

Hay quién confunde un pulpo
con un calamar. Igual ocurre
con la poesía.

Déjame llorar esta noche escribiendo.
No me quedan más lagrimitas
de indignación.

Iros a la...

domingo, 3 de diciembre de 2017

Plas.

Ha terminado la jornada,
de los que triplican la tristeza
de los catálogos prisioneros en sus buzones.
Y aquí, me hallo
en la noche oscura del alma
regresando con las mujeres
que inventamos la necesidad
de comprar para ser felices.
Luciérnagas de la iluminación
con papel burbuja: Plas.

Plas, plas, plas.
Pompas y mi voz.
Una afonía combatiente
para los que no compran
y son vendidos.
Ramas de manos petrificadas.
La voz
Plas. Plas. Plas.

Porque yo no escribo para un hombre
pertenezco a la escoria
de mañanas dominicales con sirenas
en fábricas de juguetes en Oriente.
No escribo para un solo hombre.
Escribo por la rendición de las aves.
La sonrisa de mi madre.
Los niños de papel en los anuarios.
La bomba de la oferta y la demanda.
La maldita demanda.
Plas. Plas. Plas.

Las mujeres en calles de brea.
Y la noche.
El alma se trafica en páginas
de segunda mano.
Con tanto frío que los ojos
se nos han congelado
en este circo de joder al prójimo.

Es domingo, y qué.

Un átomo de tu bosque me saludó.

Esta mañana la calle despertaba con fragancias, procedían del llano.
Pino , algarrobo y resina
que en coral se manifestaron
y me vistieron de verde-búho.
Las esporas camparon
libres por las azoteas, los coches fríos,
la cara transeúnte
con el indulto de la ventolera
por despiste.

Y sembrada recogí la certeza
de que ya no todas las canciones
hacen llorar. Que el amor
se ha vuelto mercurio
y fluctúa según el decreto.

Los amores inmortales perecieron
de inanición; la colonia, la espuma de
todas las playas de porta retrato.

El olor fresco que te arrebata.
Y metes dentro como un sueño
anhelante de salir afuera
como las copas, los badenes,
cometas de caucho,
molinos felices
en la sintonía anarquista
de la ropa en el tendedero,
los flequillos, los ojos:
hemisferio a la tierra volátil

Esta mañana, estuviste a mi vera.
Y olías árbol. A madera verde.

Un día te añoro
como otro ya no sé tu nombre.
El viento y su cuerpo.
El viento
Sobrevino. Y se fue.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Muchos más.

Últimamente olvido los cumpleaños,
por el tiempo que conlleva al retraso
de derrocar el cuerpo
estrepitoso con la gangrena del cansancio.
Las fechas
ludópatas malabares dentro

de los bolsillos del cráneo.


Son los pies molidos, la boca pimienta,
el terraplén de una campaña
capitalista, con las piernas en capitel
de viernes para los negros.
Los negros augurios,
de la gente que sopla sus velas
en lavabos. Y el descuido
de las copas de vino en Lisboa
con la estrechez de las sombras.
El poder sentarse en embarcaderos
y pescar con las pupilas
las esperanzas tísicas
que no valen divisas. Que no fuman
y llevan canciones de jazz
para los enamorados de la fauna,
de los que carecen del brío
para con pasamontañas
reivindicar la no violencia.

Nos tienen acorbardados,
en un país de sólo mujeres
que miran al otro tiro independiente.
Del olvido de lo importante.
Del beso corcho.
De las manos tibias.
Del cumpleaños de los maestros
con el baile de las ganzúas.

Disculpad mi fracaso
tengo el corazón en hernia,
cerrado por inventario.
Y hace frío en el centro comercial.

martes, 21 de noviembre de 2017

La observación de los cuerpos celestes.

Y te quedas pasmada
en una hilaridad de segundos,
observando en el punto impreciso
el movimiento de los cuerpos
detrás de la persiana; sombras
a contraluz, en un baile sereno.

Parecen llamas alicaídas
de vela de sagrario.
Que no huele a cera.
Ni siquiera a incienso.
Del olor de aceite sofrito, expiatorio que
engalana la cocina.

Me quedo atrapada en el voyeurismo,
y sé que probablemente observada,
por los ojos-alimañas de la noche.

La noche cruzada. Y cromos porteadores
de historias. Y en el testimonio
de agitar a la cortina, como un ala
nacida de la espalda.

La gente vive.
En esta red social
de cuerpos de sombras
y del ojo-aniquila.


domingo, 12 de noviembre de 2017

Dar y recibir, no es sólo dar.

En ocasiones, el espíritu
precisa un pan.
La saciedad
de un simple afecto
que puede ser el mejor soldado
para las defensas, almenas de cal,
que nos protegen de los oscuros.

Del goteo, del pesamiento, del ir y el venir
de esta extraña agonía, que colma
el suelo de mi cocina con el agua
de fregar del cubo.

Duermo mal, y esta acidez mezclada
con temor no cesa en su contraataque.
Y eso se traduce en un libro de cansancios.
En el cuerpo oxidado. La cara henchida.
Un plomo, un beso de uranio.
Una toxicidad patente.
Un churro.
Un resquicio de resquicio.
Y ya lleva tiempo hincando
sus colmillos esta aparatosidad de
monstruo con efectos secundarios.
La tristeza.

En ocasiones, me gustaría un abrazo.
Y sentir que estás a mi vera,
cerca de estas ruinas de mujer.

Y dijeras:
-Todo saldrá bien.
No estás desterrada.
Ni enferma.

Y susurraras con olor a cerezas.

-Todo, todo saldrá bien.
Porque lucharemos juntos.

Pero, tengo noches.
Y noches en que despierto
con falta de aire, de raíz, de abrazos.
De verdad, faltada.


sábado, 11 de noviembre de 2017

Vias crucis

A pesar del granizo y los soles
cohibiendo a las azoteas.
En mi fracaso de lentes
y la atrofia del camino en GPRS.
Tú, en el andén, tú en la soga.
Siempre estás esperando que
como el vencejo regrese
con las manos, frutas de los punzones.
Para alimentar este destierro de barro,
y acompañar a la sombra
entre los abedules de fotografías
y una bola de cristal hecha añicos.

Tú, el más, tú el menos.
De enredaderas de cables,
pinzas que guardan los secretos
que mi lengua purga.

Lisiada del yermo de los maniquíes.
Con las horas cansadas.
Y los pies, gigantes que no caben
en los zapatos.

Y amor, que es lo que sienten.
Los sarpullidos.
Las coces.
Una bioquímica malsana.
Tú capitán, trinchera.
El amor, mi único.

martes, 7 de noviembre de 2017

Esthorninos

I

Los invocaba, cómo un bien necesario.

II


Tarde dominical, y el estruendo
fue de violines descorazonados.

III

La ventana entreabierta anunció su llegada,
algarabía de trinos,
ensordecedora banda de pájaros
que colmaron de bienestar
esa parte intederminada del ánima.

Los estorninos habían aterrizado.

Por fin el invierno
consentido, había hecho
acto de presencia.

El invierno de impuntualidad.
Los estorninos, orgía de formas
proclamando su bienvenida.

IV

En el Mediterráneo, de mi infancia
los estorninos preceden al frío.

Este año ha sido angosto.
El calor nauseabundo
no les avisaba del retorno.

En Praga, son los cuervos
los que avistan las nieves.

Me lo afirmó él. Yo no lo sé.

Lo importante es que han arribado.
Y tengo la paz del moribundo.

Porque echo de menos
la infancia esthornina de los pájaros.



domingo, 5 de noviembre de 2017

Síndrome de abstinencia

Ser la pareja de una adicta
no es fácil, y aunque no consuma
el poso en momentos difíciles
se revuelve entre sus tripas.

Él, me dijo, de bueno tonto.
Y en la abnegada beatificación
reconozco que no me porto bien,
en ocasiones.
Ocasiones azules
o bergamotas.

Soy poeta, sí, es el diagnóstico
parricida, de una neutralidad de extremos.
Llevo un tiempo enferma
y lejos de culpar al mundo,
estrecho el cerco de las probabilidades
que originan este estado disidente.

La adrenalina, forma parte de mi equipo,
y a veces cariño, me aburre la parsimonia
de las horas. Sé que no coincidimos
en nuestras labores. Pero, te prometo
que eres mi única familia. Por eso perezco
en coles de Bruselas, cuando no estoy
en la lista de la compra.

Sé que no soy fácil de leer, que las palmas
de mis manos tiene varias carreteras y
puentes. Necesito retos, continentes por
conquistar y tu torso cubriéndome
el miedo.
Soy déspota. Te pido perdón como yo te
absuelvo de tu "infedilidad".
Mientras tomo media anfetamina blanca.
Logré desengancharme
y ahora que la rutina me corroe
la ha traído el otoño a mi estómago.

Demasiados labios partidos.
Fisura de costilla.
Degeneración mácula por un ring.

g
O
t
A caída del techo.
Asco contra el suelo.

sábado, 4 de noviembre de 2017

Carta al tejo.

Querido amigo poeta:

Sabe usted de los farolillos
que prenden y alzan el vuelo,
sobre el agua. Así es mi alegría
el dicernir por sus correrías y desembarcos.

En este insano país, la locura discurre

por los tejados. Y ahora la política está
de moda, y la moda está pasada de.

Le echo a faltar. Como el pico del carpintero
a su árbol. A veces paso por lo que fue su casa o nave. Y de reojo revivo
la insolencia de qué me amó
más como amiga que a ninguna.
Los dos sufrimos la niñez aterradora.
Y padecemos cuadros de ansiedad
que ningún museo ostentaría.

Le deseo tanto la buena estrella.
Qué observando su júbilo,
creo firmemente que el perdón

es el tesoro más apreciado.

Con más cansancio que tinta.
Que las estrellas le den el cobijo necesario.
Que arda cuerpos.
Que halle el trozo de paz en tierra.
No sea obstinado, y escriba
en este tiempo un poema.
Que las plantas si no se riegan,
mueren.

Un abrazo, la amiga que habla sola.

A espaldas de Damocles.

He creído en ti, con todo mi firmamento.
Eresmuyimportanteenelecosistema.
De mi casa.
He confiado en la presa,
en el prado. En tus aconteceres
de luces fluorescentes.
Te he cuidado en la agonía
del renacer nuevo de tu propia piel.

Si me amas. Que no lo haces.
No impongas reglas
a una salvaje poética.
El viento.
El viento.
El viento.
Recorre pululante
entre las estrofas.
Voy a partir de viaje.
De normas estoy hasta,
la abdicación de las hemorroides.

El viento. Silba dentro de mi pecho.
Soysalvajepoeticaacelerada.
No ates lo indescifrable.
En la sencillez de los geranios.
Te amo. Pero tú me tratas como
a un mueble viejo. Qué vive
en el último piso y no hay ascensor.

El viento.
Puede.
Y tú serás un muro derribado.

viernes, 3 de noviembre de 2017

SecreTOciones.

Soy un hombre ahogado,
y en un desafío a la medicación,

no tomé la cortisona prescrita.
Tengo que izar mi sistema
inmunitario. Y desintoxicar
los órganos alternos.
El hígado está como un pantano
en una riada. Y escucho al
corazón sin límites de velocidad.
Este hombre escribiente
está seco, se enjambra
en sus rizomas, epopeya e
inhaladores.
No puede cruzar una calle,
la calle es falsa y se convierte
en una sierra, que corta el
hálito. Fatiga, náuseas
y huesos de caramelo.
Nostalgia de Byron.
Pulmonosis de Kafka.
Entereza de alienígenas
en un cuerpo, campo de concentración
 de hombre desnudo.

En la radiografía
el tumulto en decadencia.
Pero nunca ven la flor marchita
de morir por amor.
Costilla arriba.
Tosferina abajo.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Tu peor miedo.

Las manos enharinadas meciendo la masa,
emanan la paz, el arpa,
la solución líquida de las recetas.
Parece una buena mujer,
no aparenta ser de la estirpe asesina
de la que proceden sus ancestros.

Con la bata blanca, salpicado con agua
y la levadura, va componiendo
la forma de un pan circulatorio.

Nadie sospecharía,
de la presunción, ni del estrangulamiento
a la monotonía. Sosa diría
un pintor, la elegiría incluso más de ángel
de misa, que de heroína bélica. La mujer de tan buena tonta, que trabaja
en la cocina de luces fértiles.

No te fíes.
No presupongas su rol en el obrador.
Interroga su duda antes de que
la veracidad de la pupila sea arriera.

Ella, aguarda, con el veneno
la sucesión de los días en órbita.
Para matar a las moscas
atroces del abandono.

Sus manos, se lavaron cinco veces.
Y abrió la ventana
para que la brisa escupiera
el olor viril de las arrugas
de sus dedos, y el cuerpo
ensangrentado de la traición
con otro hombre.

Ella mece la masa.
Y nadie sabrá de su pecado.
Comerá el sustento.
Y mañana será otro día
para la culpa y fingir
que los veranos no existen
y todo estratégicamente lleva tapa
con fecha de caducidad.

domingo, 29 de octubre de 2017

Aaaaaaaah

Somos frutas de distinto árbol,
y por ello la convivencia es complicada.
Cuando el amante duerme,
no puedo hacer ruido en la casa.
Y yo me aburro soberanamente.
Todo debe ser un sigilo,
andar con puntilla,
toser con embudo,
mirar sin pestañas.

Este litigio de un hombre
encarcelado en su neurosis,
y la reina del ruido.

Cocinar atizando cubiertos.
Poner música y cantar como una rana
después de la resaca.

Pero, aquí, todo es de un orden mudo.
Y yo sentada en el sofá.
Me apetece chillar.
Tan.
Tan.
Tan.
Tan alto.
Qué creo, que los cristales se rajarían.
Que los niños se salvarían del hipo.
Que a los libros las letras
de salto en salto, saldrían kamikazes
de sus páginas, palabras, rutina.

Él es monacal, dice que es un chimpancé y
y yo fui parida bonobo.

Quiero lanzar la vajilla al suelo.
Pegar un portazo.
Aumentar el volumen de los enseres
de esta casa vasoconstrictora, anticoagulante,
insípida.

II
Un muro roto por la risa de los niños.
Mi monstruo interior crece,
es un río a la deriva gruñón
y anarquista.

Con miedo, de lo que vaticinó el maestro de la madera. La causa de nuestra amistosa ruptura.

Un día te levantarás y no sentirás nada.
Hepática y piedra.
Y volarás entre sus silencios.

La crítica de las bestias.

Noviembre se resiste
con el combate musical de los grillos,
grillos acrílicos,
acribilladores del silencio.
Los pies calzados de sandalias
y el frío congelado que no llega.

No llega, no llega el invierno,
se proclama disidente
de los calendarios romanos,
de la soberbia de las estrellas
y de la peor cuna: la del hombre
que doblega a la climatología.

Los grillos esclavos esta noche cantan
afónicos, ya es largo el número
de lunas ejerciendo de juglares
entre sótanos y balcones.

Miran a la colilla.

Sudan la noche.

Son poetas.

Nos avisan de la agonía humana.

viernes, 27 de octubre de 2017

Estorninos, dónde estáis?

Puedo oler una ciudad
que no haya conocido,
porque el petróleo tiene
el mismo hedor en todas partes.

Revivir el paso con su sonido castrense,
tanto en el gris como en la arcilla
porque la subida y la bajada
determinan al golpe, al martillo, al flash.

Los pájaros, conocedores de países,
que coronan olmos y vigas de cemento,
saben más de la existencia
porque han observado al hombre
en su lascivo peregrinaje;
de sus costumbres destructivas.

Ellos, los pájaros, que huyen del terremoto.
Y de las olas de infarto.
Conocen a la humanidad
como los roedores mamíferos
que no aprendieron a volar.

Ll.Ll.

jueves, 26 de octubre de 2017

El miércoles 18 de Octubre presenté por segunda vez en Castellón, el libro El arca de Wislawa de Ediciones Torremozas. Fue en  la emblemática librería Argot, rodeada de gente noble dispuesta a compartir ese momento tan especial y a leer poemas del libro de una manera altruista e improvisada.

Gracias por la acogida y por estar en la única tarde lluviosa del mes de Octubre.







Poema dedicado después de leer El arca de Wislawa, un poeta.

DÓNDE LA VOZ

                  A Lluïsa Lladó

"El don de la clarividencia", Lluïsa,
                         sumergido,
viene del mar, del aire, del salitre,
de la quietud de horas sin palabra.
Heredamos la fe del carbonero
que sueña una raíz
en las entrañas de besos submarinos,
                 Lluïsa.
Amasamos el pan inexorable
de una edad
               lentísima,
poblada de burbujas y de gatos
huidos de algún cuento de Cortázar.
Y esperamos aún como el amante
espera, nómada de unos ojos
guardados en el fuego.

Lluïsa, ¿dónde la voz,
en qué mendrugos o rincones
          del tiempo
se nos ahogan el poema, los poetas?

Guardianes del laurel, de la artemisa,
"el don de la clarividencia" nos consume
como un ojo de buey perenne-
-mente asomado a la semilla
de la luz.

Allí
          -sabemos-
germinan versos, panes,
pirámides y trenes.

Vicente Rodríguez Manchado HW
Salamanca, jueves​, 26/10/2017
13:22 horas

martes, 24 de octubre de 2017

Verdad procesador

Nuestro amor se ha convertido en nuez
moscada.

En piedra pómez para pulir
al alcornoque. Y debe haber mudado
un día de la semana de esos fósforos.
En que prendes el paraguas
y no llueve. Y cruza la calle
el motorista de una pizzería
tan veloz que crees que ha roto
el sonido de la noche del alma de los cretinos. Húmeda
y ruinosa, entre contenedores
que han sido profanados
y la delicadeza de los bares de copas
que recogen las sillas y las mesas
de las terrazas tabacaleras.

En qué ha degenerado nuestro amor,
si prefiero estar sola,
si tu cara se oculta cuando toso.
Si tu cuerpo me esquiva
y el ardor se refresca con ginebra
y dos cucharadas de sarna.

No sé si puedo fingir más
tus despropósitos,

la neurosis,

el sarro,

los pavos reales danzando
sobre nuestra cama.

Tengo experiencia en muerte de alianzas,
te tratan como a un plato frío,
te ignoran mirando al reloj
y comulgan con la necesidad.

Y abro la puerta de tu casa.
Me vuelvo a la mía como quien gira
una página.

Sin besos, sin caricias. Sin sexo.
Yo no puedo vivir
para una foto
y ser la raspa
de la sardina.


domingo, 22 de octubre de 2017

Postres y café.

La chica, número tres, sale de la cocina y sirve la hamburguesa grasienta.
Sus brazos muestran quemaduras.
Y no, no fuma.

El joven de la camiseta blanca,
dejó su casa tras los perros,
tras el lago,
tras la nube, exhalada por el viento.
Le vendieron la moto,
que tenía un trabajo asegurado
del cuentakilómetros sin vida.

En las uñas lleva los restos
del cartón con grapas.
La lima que otorga la libertad,
que endurece los dedos, y las manos.

II

Tu corazón es el de una muñequita rusa.
Colocada sin asambleas,
la chica del tres tatuado en la espalda.
Los camareros anegados
en sus bebidas energéticas. La mano
del que trabaja con sus manos.
En huertos de escaleras mecánicas
y una pirámide
en la página de un magazine
de datos, de cifras,
sin vida,
con los brazos quemados,
y las uñas cortas
de la producción en rampa.

III

Cómo va el tigre atacar
si le abrasaron las patas
Cómo va a luchar el puma
sin papeles.
Cómo va a reclamar la langosta
dentro de un vivero.
En un país que aplicado
unta las leyes como manchas felinas
a la hora de la conveniencia.



Transistores

El punto inflexible de una carretera,
entre dos poblaciones:
el ejercicio de un antes y un después.

El tiempo por kilómetro
y en ese intervalo
el poder de la decisión
para tomar una iniciativa.

En las carreteras de provincia
si el auto se detiene, peligra
la sucesión del viajante.

En ese trozo, el asfalto guarece
las manchas hematíes.
Los escombros más diminutos.
Los agujeros del cemento,
con cristal plastificado
y restos de animales
que apenas manchas
van apoderándose
de la vida de los neumáticos.

Una secuencia en el navegador,
una mirada que se cruza,
con el paréntesis de la transferencia.

Veloces y apenas
sentado en un balancín
celeste contabas las estrellas.

Has escuchado en la madrugada
el sonido de un coche
atravesando la autopista.

Aulla una palabra
imposible de entender
para nuestra cabeza.

En ese trayecto. Ningún pedazo
de camino, lleva tantos pensamientos
como el escándalo
de romper el silencio.

De la llegada.









sábado, 21 de octubre de 2017

Cola cao o Nesquick

La televisión enfoca la escena
del repertorio de un dueto: Él está irritado. Ella, encolerizada.

Las imágenes, se sucenden en la pantalla,
parecen ambas dos películas de cine mudo.

En el aparato, borrosas.
Las de ellos, un film de tragedia,
a lo mejor por una discusión de celos.
Mientras él levanta la voz paralela
a los gritos de la mujer con presbicia.

Una almohada se ha estampado contra el sofá.
Y la taza de café volcada
regurgita el amargo café
de la disparidad política.

Ella puede fingir
que piensa del mismo proceder que el hombre
que ejerce el derecho a sabotear
la libertad de expresión.

Los fotogramas se suceden.
Retrasmiten un desfile
y el hombre lo adora como un adolescente
a su primera prostituta.
La mujer, se negó a contemplar la cabalgata de lo reyes. No cree en la Navidad.

Una fisura en la baldosa.
Un milésimo grano de azúcar, apenas, perceptible.

Los corazones bombean la sangre
en direcciones opuestas.

Cuántas margaritas en el jardín de los cardos.

De lejos, parece una serie barata
en una tarde de verano con los jabalíes puestos en venta
de las cacerías.

Dos emisiones, y un canal.

Y si pelean por un ataque de celos,
por un amor loco.
Pero, no, la alarma activó la desesperanza
y ella inmóvil ha encallado su silencio,
mientras él no acepta nada,
nada que se escape se sus diminutas manos de marioneta.

viernes, 20 de octubre de 2017

Salud dónde moras

Lleva el asma jugando a póquer con mis pulmones
y ahoga la palabra
en la situación común de los artistas
de cómo terminar la obra.

La palabra queda entre los barrotes
atravesada en la garganta de la poesía
como la flema que enquista
y al respirar se convierte en el fumar del oxígeno
que circula por las ciudades,

La tos impide dormir debajo del tejado,
y la uñas azulinas ronronean una saturación precaria.

Antes tenía la motivación, el duende,
pero mulo calla, aunque sinceramente
siempre amé la patética pose de las grandes actrices
que morían a finales del siglo XIX, de tuberculosis
entre los brazos de sus mayordomos.

Ahora, no sé finalizar el poema.
¿Y si le quito vocales?
Vcls l qtr.
¿O le resto las consonantes?
Oae e uiaía.

La maldita manía de querer sacar el conejo de la chistera
en rúbrica para cerrar como si fuera una bolsa de fiambre.
Todo un desfile de orgullo y de repente el latigazo.
Pobre poeta que sube a lo más alto
para caer sin red.

Allí, atrancada, la saliva con los espasmos.
Respirar, liberarse de este peso del elefante.
Y acabar el poema sin acrobacia.
Así con el culo al aire.

La dama de las bragas azules.

Se acercó la dama de las bragas azules,
y me espetó en toda la córnea
que mi poesía no le gustaba a todo el mundo.

I

Si decidiera escribir franco,
y en plena pared del juzgado escribiese
la siguiente nota:
La mesa tiene cuatro patas.
La silla tiene cuatro patas.
El gato tiene cuatro patas.
El estanque tiene cuatro patas.

II

Cuatro, todas y todos, tuvieran.

III

La señora de las bragas azules
y la parafernalia que escondió el cumplido
no sabrían el número exacto
del arsenal enumerado.

No, no lo entenderían.
Porque leen con los ojos.

Y yo, pobre diabla de bragas de encaje rojo,
se la ha de leer con el corazón, los tallos,
la esponja, el tobillo, la pleura,
el útero, la rodilla,
las coordenadas y un mapa.

No, ni aún así...

La mesa, la silla, el gato, y el estanque.

jueves, 19 de octubre de 2017

Brevas

Esta noche que me ha dado
por leer a Gloria Fuertes,
reviene a la memoria
que de los sacos hacen sarna.
Del poeta maltrecho:
espantapájaros, y
aguacero de esos jueves
dentro del pensamiento programado.
Me acuerdo de la miseria acordeón,
de las pegatinas que regalan
los políticos en campaña.

Hacer acopio de Fuertes.
De gloria en mitad del infierno.
Esta noche de lectura sin lupa,
con el Olimpo de la poeta
sin correctores, ni aparato
de ortodoncia que enderecen el camino.

lunes, 16 de octubre de 2017

Decisión pajarita

Un pájaro saltimbanqui
ha volado hacia tu ventana.
Un pájaro.
Que ha rebotado contra el cristal.
Y a pesar del impacto.
No ha muerto.
No ha desfallecido en la misión.


Un pájaro ha entrado por la ventana.
Y al salir.
Se posó en el tendedero.
El pájaro que cree que es uña,
alambrada de una carretera interminable.
Un pájaro gris, y negro, y blanco.

Un pájaro de tela.
Un pájaro que ya no canta
pendiendo de un hilo.

jueves, 12 de octubre de 2017

18 de Octubre, Argot, 19:00. Presentación El Arca de Wislawa, Torremozas, Lluïsa Lladó

 El día 18 de Octubre, a las 7 de la tarde presento de nuevo, en la veterana librería Argot que este año cumple ya 15 años, El arca de Wislawa de Ediciones Torremozas: Una editorial de una gran solera que siempre ha mostrado respeto hacia mi persona. 
 Deseo un evento sencillo, mi salud anda un poco revuelta, y pitando del trabajo me dirigiré, como una locomotora, hacia un encuentro con gente que sé que de verdad me aprecia. Y desearía que existiera la libertad de que si alguien le apetece leer unos versos del poemario yo estaré encantada.

Que sea un acto participativo y honesto. 
Como le gustaba la poesía a Wislawa Szymbroska, humana y sin molduras.

Ante todo gracias.

Tanto los que estaréis en mi corazón
como los que seréis cómplices de un momento de paz, intimidad y poesía.


Ser o res

Mi quiromasajista dice
que tengo los chakras bajos,
tan bajos que creo
que en un submarino,
han emigrado
de mi columna, y afloran
lejos en otras urbes.

Desde julio, mi salud se ha resentido.
Abrieron la herida
que tan coqueta tapo
con maquillaje.

Volví a escuchar su voz.
Esa soga, sierpe de esperma,
que tantas barbaries
cometió arbitrario.
Y las defensas empezaron a temblar,
porque en esta historia de mierda,
el verdugo lleva piel de cordero,
y la víctima, las manos secas del abandono,
los pies de callos por el camino
que los avalan.
Y el dinero empezó a ser un coro
de Iglesia, y al final me he rendido
como lo hice la vez primera.
Por ello mis pulmones han enfermado.
Mi piel se oxida como la llave
en yagas de solsticio.
Los huesos se hacen sordos cometidos
en paredes que no abren ventanas.
Inmóviles hacia ningún
apeadero.
He enfermado.
Y un milagro es levantar esta almena,
sitiada de recuerdos,
de mis hijos cuando eran tan pequeños
que nadaban en mi vientre.
Tan dulces que sabían a almendros.

Un guerrero de espino blanco.

He enfermado.
Y mirando el eje azur de mi amante.
No sé cuántos otoños
podré resistir el asedio.

Seré una hoja de imprenta.
Y todo de una vez habrá resuelto.
La fe es una bombilla
de bruces contra mis ojos.
Mariposa nocturna.
Mujer que fue maltratada
como tantas mujeres.
África nos devora
y a nadie le importamos.
Porque sonreía
a pesar de sus golpes.
Y nacimos estigmatizadas
en tribunas públicas.

Sonríe, maldita,
mientras puedas,
mientras te sobre aliento
Sonríe

Hipótesis de centavos.

El amor ha mudado de plumaje.
Y aún así al recordar
parece un viaje a una bonita ciudad
con la parada del autobús
de un público animoso que
parlotea.

Tú, ya no eres más que una parada
de una atracción de feria.
Y en la nostalgia
puedo hacer estadística.
Pero, sin amor que no era amor.
La felicidad retrata
su bondad cerca de la entrada.
Ranura de la correspondencia.


Supongo que un animal
cuando sabe que se extermina.

Reza, y reza.
Pues la oración es
lo único que queda entre nosotros.

El declive de las rosas.

La salud, truhana que se escapa
cada día de festejos, y que hace
balance negativo.


Miro el rostro.
Y las pecas insurrectas
exigen el pago a tanta guerra.
Una sangra.
Debería no tardar en ir al especialista.
Son poemas.
Son las palizas.
Son los árboles derribados.
Son los muertos.
Son el cordón umbilical.
Son el ostracismo.
Son unas putas pecas
cancerígenas.
Me miro al espejo.
Crecen cuando más
triste es mi Adviento.
Las debo de quemar.
Crioterapia de bajos fondos.
Dolor en fa sostenido.
Lágrima muda
Y receta de matasanos.

Mañana, llamaré a Pitchard sin falta.

Artescopia

He vuelto.

He vuelto.

He vuelto.

A la escuela que juré que no regresaría,
masoquismo desangelado.
Bajo un techo cubierto de inmundicia.
Y las clases de artistas
repletas, cómo si con un garabato
se tasara la inmortalidad.

He vuelto.

He vuelto.

Porque el arte engancha, sublime
droga que corrompe: el ego con su ambición fornicadora.

Tengo la sedación de los perdidos,
la inmediatez de los tuertos,
el letargo del ojo frente a un portátil.

He vuelto.

Sé que del mestizaje de la poesía,
de la ilustración y ahora
del fango, se gesta una fiera.
Medio rata, medio perro, medio felino.

Y quiere salir a la calle.
Y decir a las puertas herméticas,
con voz de retrasos.

He vuelto, para amar.

lunes, 9 de octubre de 2017

Injusticia

En el cielo se disipa la nube, con los estorninos
que no han venido a la fiesta. Los coches
lucen impecables, y el sonido
barullo de las aves no se evidencia.
Quisiera creer en el amor,
en el diálogo de los diccionarios
que intercambia la palabra
por definir. En esta incertidumbre
donde las personas han mezclado
sus dogmas, y siguen la filosofía
de las redes. Nada es verdad, a la verdad
suficiente para acallar el zoo.
Zooconstumbrismo de una mente
que come a la hora, que comulga
en lo establecido. Religión de tarugos
adorando su parafrasear. Ganas de purga a la indigencia, en un debate que no me interesa, tal vez porque existe un pueblo.
Un pueblo que trabaja a destajo.
Un pueblo exiliado sin país.
Un pueblo de economía sumergida.
Un pueblo que no es pilar,
ni ladrillo, ni tuerca, ni grava.
Es un átomo que come de la oferta
de la semana
 Que no piensa en su extenuación.
Mientras la alta burguesía
y los que no trabajan los domingos aplauden con sus nalgas.



Los dictadores.

El silencio al asunto
ha sido la prescripción a tanto alboroto,
la prudencia frenesí  a la fisura
de una carretera con otra.
Paso de trenes de alta velocidad
con la lentitud de la barrera,
de derechas amagadas en el izquierdismo. Ridículo masivo de un pueblo
que no salió a los aparcamientos cuando la corrupción, y las casas fueron embargadas
con la boca de los niños pidiendo el cielo
en depósitos u hospicios
donde reverdecen con la pobreza
monetaria circense, declive de sanidad,
docencia de barracones
de un país que no es país,
en una ideología
que alimentaba a sus cachorros
en las aulas.
Quieren el apaleado
por ambas partes, cobardes
que usan al pueblo como escudo humano,
mientras toman palo en sillones que huelen a plástico chino.
Vergüenza del anacronismo
de la divergencia, cuando la multiculturalidad
es el futuro, que el planeta debe ser uno
ante el cataclismo ecológico
que se gesta en la tierra.
Los estorninos aún no han regresado,
y el agua sabe a lejía. Pero ahora
prima el derecho que se vende
zurdo. La sangre que nos inyectaban en vena, la supremacía racial rozando al nazismo
que nosotros éramos superiores,
frente a enfrentamientos bélicos
que se originaron por mandamientos
laborales y caciques.
Yo, no soy mejor que nadie.
No voy a negar la historia.
No renunció a los orígenes.
Pero sacar la tarta en un entierro.
Supondrá una intervención militar,
por eso a los herederos de Bonaparte,
imploro cabal, y no caníbal. Que tengamos la fiesta en paz.
En una estrategia con los medios
y la inocencia de los que aman las telas de colores.
Ellos no tienen hambre.
En el disparate o en el disparo,
que en una pelea de gallos televisiva
han diseñado. Los cajeros huelen a orina, los estudiantes se alimentan de macarrones con salsa azucarada, la sala de oncología está a rebosar igual que un día de estreno, los párvulos estudian en chabolas prefabricadas, la vivienda es un lujo, las generaciones han migrado en puestos de Zara en Londres y así una ristra de amianto.
De un gobierno agónico, de unos burgueses
que desean pasar a los anales de la eternidad con la cabeza cortada de sus hijos.



jueves, 5 de octubre de 2017

Cortisona

En la sala de rehabilitación
percibes las fórmulas secretas,
del binomio de la vida.
La paradoja de los verdes.
La cordialidad destrenzada
de los cuerpos.
Esta aritmética, de eletrodos
instaurados en lunares,
pliegues y sésamos.
Mujeres al borde de la...
Con rastrillos en la piel,
y logros de inercia.
Levantar una pesa minúscula.
Es para las mujeres al borde de la...
Ganar la guerra.
Cuántas cicatrices
en sus huesos de fragmentos.
Y sin embargo
en el traje de soldado
no han conseguido que los orificios de bala
puedan matar al ruiseñor.

Una mujer intenta abrir
una pinza de tender la ropa.
El espejo habla a una chica
su medio lado, mientras su otro
hemisferio es un rostro de piedra.

En la sala de rehabilitación
con un poema lisiado,
y las mujeres
que parieron hijos,
que trabajan en la huerta,
que nunca hicieron novillos a la asepsia.
Al borde de la....

Un pimiento.

Me preguntó con grandes dosis
de ironía. Si hablaba polaco.
Ya que mi último poemario
aterrizaba en plena Polonia.

Pude haber contestado
pero, sonreí al contemplar
una velada provocación
ante la ignorancia de esa gente
que es menos humana.

Los poetas.
El poeta de China.
El poeta de España.
El poeta de Rusia.
El americano.
El argentino.
El egipcio.
El chileno.
El polaco.
El portugués.
Y un largo etcétera de poetas
de hospederías diversas.

Conversa con el mismo alfabeto.
Hay un lenguaje común y,
a la vez disparado.
Un idioma para todos
que tiene tres orígenes
con sus respectivos dialectos.
La cabeza, el corazón y el culo.

lunes, 2 de octubre de 2017

Vicisitudes frente a un fogón.

La sartén lasciva
salpica gotas de aceite sobre mis manos.
Pequeños latidos que arden
en su lanzamiento al vacío.
Quemazón aislada.

Recuerdo entre vuelta y vuelta,
al muñeco de nieve.
Lo revivo blanco
entre las avestruces.
Y me gustaría conversar
con el descaro de unas copas de Oporto.
Lo muchísimo que le echo de menos.
Y que respirar con el disfraz
de la normalidad
me está matando.

Si pudiera desenterrar a los muertos.
Les diría que no soy buena persona.
Que me parieron poeta
como el que hereda la hemofilia.
Les diría que les quiero
aunque fuesen osamenta.

La vida es como el pellizco
que produce el aceite hirviendo
sobre mi piel de mona.

Nunca es tarde.
Nunca.
Y yo soy aire y debo volar.

Quiero largarme a Gibraltar

Y luego dicen que la poesía es patética,
que pocos la leen y que de un trozo de tela se confeccionan fundas nórdicas y sacos
de dormir.

Qué la poesía no existe,
que la narrativa impera
y lo tangible, tochos de 300 páginas,
constituyen a la propiedad del pueblo.
Las novelas que entienden.

Y luego exclaman el anacronismo
de creer en la poesía.
Los versos fecales.
La rima de electrocardiograma.
El ritmo encéfalo. El falo sin ley.
Resulta que ahorita
se ha mudado al pueblo.
Con la metáfora aislante.
Con la alegoría de la porra.
Con el simbolismo acuífero.

La poesía de un pueblo o dos, o tres.

Capaz de exterminar en su empeño.

viernes, 29 de septiembre de 2017

La incontinencia

El carro rojo que lleva el diablo
entiende tanto de visual que
las ruedas viran
sobre los unicornios,
con la conducción de reglas
que moldean senos, cosenos
y otros enseres del álgebra.

Hoy, escuché que una persona
sin sueños, se rinde. Qué las fábricas
sin clientes son un burdel que
huele a mosca. Tal vez entienda
que la única vía de auxilio
sea la globalización, del ser humano,
con sus ratas, con sus líneas
de expresión y llantas aleatorias.

La globalización, el enterrar las ramas
para que crezca el junco
en las aguas, en el interior estomacal
y otros procesos virales.

Cruzar el semáforo en rojo
garantiza un golpe inminente.
Terremoto que nos conversa
del poema de sus adeptos.

Pido paz por Amazon, a ver si la venden
por lotes y para todos.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Agradecimiento

Dar las gracias a Vicente Rodríguez Manchado HW por su buena voluntad de hacer llegar la poesía y cualquier actividad vinculada a  ella,  a la calle. Su intención es generar un movimiento similar al ya existente en León "Ágora de la poesía" en un espacio público, el 27 de septiembre a las 21:30, en las escaleras del Palacio de Anaya en Salamanca. A través de carteles y folletos promoverá un micro abierto y deseo que congregue el máximo de personas posibles. También, dar las  gracias porque se ha usado  un verso mío, dentro de los cuatro principios de su buen hacer. Pues, ya sabemos, que son malos tiempos para la lírica.


sábado, 23 de septiembre de 2017

El mudito de Blancanieves.

Un poeta no debe callar jamás,
no debe, ni bajo el agua,
aunque sea un narcisista y precise
una escafandra. Un poeta improductivo
no es un poeta, porque es obligado el ejercicio
hasta para el atleta, para que sus músculos formen frases en la ciudad
de las ratas.

El agricultor
sabe de la humildad y cuando recoge las hortalizas
no priva de su alimento ni a los gusanos
ni a la boca de los niños. Por qué privar de la lectura,
por qué amputar la palabra en medio de la lengua.
Que sus hormigas no circulen
en el cristalino de los bizcos, de los tuertos, de los miopes.

Un poeta debe enseñar sus heces al mundo.
No guardar los manuscritos.
Como si fueran joyas dentro de un cofre, con la pose
de una estatua de barrio periférico, con litigios
astrofísicos y existencialistas
de que no le lee nadie,
y quién lo hace no le interesa.

Poeta, maldito poeta,
haga el favor de hacer un clavo al mundo,
hable y escriba:
su pus, su ambrosía, su esperma, su influjo vaginal;
taladre la hoja,
escupa a la pantalla.

No se regocije en su incomprensión de ego,
y enseñe sus pezones a la jauría.

Joder, deje de joder.

Esta sociedad de mierda le necesita.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Tránsfugas

Ahora que levantan los muros
que en un ayer se derribaron.
Y en las húmedas tierras berlinesas
perros olfatean los coches traseros
aparcados en doble fila. En un país
anheloso de Rusia, con divanes en lista de espera, con gente que pasea sus brazos
por la vía, brazos que ladran, a la luna,
a la barra, a las canciones malditas,
a los gatos, a la comida precocinada
de una agonía que busca el mejor modo para morir. Con la rareza como forma involuntaria
para desafiar al mundo. Ahora que arden los violines, que los libros se coleccionan
y los cisnes del Danubio purgan
su alas con éxtasis. Sé que te amo, a pesar de los cojos que menguan, y el olor de la olla
quemada en un salón en los Balcanes.
Y amarro tu voz a mi poema, porque
ninguno pertenecemos al club de la lucha.
Nuestro país es una cama.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Lapes-te

Cuando se transita
en la invisibilidad
más absoluta, semejante
a la de un muerto. Y se aísla
al ser humano, transformando
al espejo en un leproso.
Y no estás enfermo
pero te convierten en el insano,
un parche de la rueda de bicicleta,
y tú sólo querías volar con el Concorde;
soñando un compromiso con un banquero
y trabajar de azafata desde niña, porque
ellas siempre han sido bellezones
vestidas de Nancy, como si fueran ángeles
en el cielo para morir con santos y aparición.

Morir cerca de la belleza. Qué importa la culpa.
Pero, erraste. El fútbol cotiza más en bolsa
debajo de los ojos del poema que rifa,
el rastro del rímel corrido.

Te matan y no te das cuenta.
Y aún quieren tener razón
mientras usan gasas para tocar tu ánimo.
Y es que no hay peor muerte
que la del pez con acera equivocada.
El parado.
Al dinero libertador. 
Y no sé que más venéreas capitalistas
entre guantes de goma
y mascarillas por si el próximo que va a la calle
eres tú y no otro.
La suerte como el amor es
ciega y tiene su gallina para el sacrificio.
Gracias.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Trapoestético

Un poeta nunca debe
confeccionar poemas a medida.
Debe ser crudo carne
y combustionar con el aliento
de los días de la semana.
En ocasiones, se nubla la propia estrella,
y se abre en canal.
Con su negrez perforada.

Los poetas, mendigos.
Los poetas, lápidas.
Los poetas en carbono.
En tila. En arcadas.
En vestigio. En bomba de racimo.

Oficio sin sustento
cayendo en los diques
de un mar de ríos,
ríos de salamandras.
De ahogadillas a las conversaciones.
Y remar para resolver
la aritmética de cada una
de las treguas.
Después del yeso fuera de la rotura.
Del vino de olor en vaso.
La humareda.
El tanque.
La fragua.
Un refresco, una hogaza y una mujer
nueva como tantas lunas
caben en la centrífuga  y otra sed de espermatozoides.

jueves, 7 de septiembre de 2017

El hombre de Redón.

He contado las lunas que habitan
en tus ojos, ojos de Júpiter.
Y en ellas ha florecido
la mañana de las máquinas
de coser, lo que lleva el repunte
de mi corazón de trapo.

Eres un hombre
que tiene en sus manos los desiertos
más plagados de vida. Mi compañero
de color colibrí, de beso petirrojo.
El espejo de la espalda,
donde nadan los delfines.

Hombre de libros y fetiches.
De navas y jazmines.
Del lodo hecho casa.
Mi casa, mi refugio.
Del nido de las culebras.
Mi pareja de ases y cruces, de noveles
impares, del renacer
de las amapolas
en las vísceras.

Otoño, serrín de especias,

amor lúdico de transeúnte.

Te quiero. Sin filtros ni posturas.
Te quiero en horas de vigía.
Sin anillas de palomo, ni certificado de empresa.

Como la desnudez.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Resin-a-cciones

“Estás triste, es cierto, pero tú no eres tristeza, tú eres alegría y serenidad y paz. No mires sólo un aspecto de ti misma, un accidente de tu propia substancia; tú eres todas las cosas juntas, y el mar y las estrellas y las rosas se anuncian en ti. No mires tu miseria, no te complazcas en ella; hazla a un lado, apártala, y cultiva lo que todos tenemos en divinidad adentro.”

Jaime Sabines.

El olor inconfundible del Avecrem se cuela por la ventana, mientras escucho,
la danza que emite la lavadora con un bolero
de sus correrías. Hace tiempo que te largaste.
Tan largo como un teorema
sin resolver; pusiste la pajarería
en venta, con todas tus eyaculaciones,
con tus sagrarios,
las motas y los motes
de los incautos que creyeron
poder meter al cosmos en un bote
de aceitunas.

El Avecrem en forma de neblina
levita con mis divagaciones,
y el programa de lavado
ha cambiado el ritmo.

Sé que eres feliz. Que ganaste un premio
al tedio, y que te han nacido
botones en la azotea de tu cabeza.

Porque no hablas.
Mudo espías.
Y nunca en-tablas con tu pasado
una triste palabra de cuerdas.

Y me alegro, como el vaivén
de la lavadora, y lo que diablos sabrá
que cocina la del piso adyacente.

Porque tú no hablas.
Y sólo lo hacías
cuando te iban mal las apuestas del juego,
y te aburrías entre saltamontes.

Tufo de sopa de sobre.
Fin del ciclo de lavado.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Hartrosis

Te crees hecho de estaño,
y que todopoderoso aplacar el musgo es pisar bosques.
Que medrar el dolor se esconde en fundas de gafas y los cartílagos auxilian el peso
de las vivencias. Ellos lo acallan,
a cambio de hueso, de sombra,
de hienas que roen
cada pilar de esta casa llamada cuerpo,
saco de almatruces,
de dientes de leche,
de veneno bordado
en el dobladillo de las esquinas.

Te crees invencible, y la fustigación
de los que te buscan bajo tierra
pasa factura, y quiebra,
y rompe, y rasga
la "y" griega que fue un día
un pájaro bajo la hipófisis.

Me rompo. El embiste acontece.
Como una poema mal escrito
dentro de una bolsa
negra,
de plástico yyyyyyyyyyyy.

Nostálgica de los que ya no están vivos.

Ves como pasa la vida
igual que el ruido de los charcos
atravesados por las ruedas de un auto.

Su sonido cortante en esta noche,
divagación de una calle sin ratas,
con los alguaciles lumínicos,
y las ventanas de bocas calladas.

Vigías de este cansancio sobre el sofá,
la lluvia lacerando la atmósfera.

Y en el reloj, los niños que ya han crecido
y los que se fueron que nunca descansan
en el peaje del tráfico
generacional a la hora en que cerramos
la mirada al techo.

La costilla, la lumbre
y la tierra bajo las uñas.

domingo, 27 de agosto de 2017

Simone ou est?

Las hembras poetas no somos muñecas recortables, a nosotras se nos han adjudicado por decreto el patetismo de las sirenas y otras locuciones latinas, se nos ha negado la entrada a la disco y tenemos que alardear con mayores piruetas. Que si me pongo de luna. Que si el zafiro me parte. Que si debemos membrillo. No puedes ser la muerta en la obra, pues, el menester acorde a nuestras precedentes femeninas es llenarnos la boca de capullos y abonar con flores nuestros poemas. Cuando somos guerra y nos hicieron creer que las princesas riman con vertedero. Hasta cuándo de encadenar el verso y decir que el combate no entiende al pulso. Escritoras que con cola de pez fueron la cena a tantos siglos de silencio. Ladro y escribo. Mi oficio es el poeta para el hambre, cuál es el suyo...

VHS

Carecemos de argumentaciones
y sin embargo los árboles
de hojas querellan
unos con otros, como luces
en consulta, lápices sin mina,
en que nos ronda el pánico
y dentro de coches en la autopista,
los descampados albergan
las manos que crecen entre las branquias.

Cada día muere, y en su liturgia
guarecemos la sonrisa dentro
de una caja de márfil.

Mudas barbillas cosiendo
la noche de estrellas.

Cuántos emigraron tras el muro,
apolillados durmiendo de pie,
acallaron la palabra
por un sustento.

El maquinista, el minero,
la mujer de cola de caballo,
el estudiante enrarecido
de amianto y otros fósiles.

El que duerma donde nació,
el que muera donde la primera ola,
que lance la primera piedra.

Porque con tanta carga.
El río se llenó de guijarros.

martes, 22 de agosto de 2017

Cirrosis

Cazar nubes, y guardarlas en adobo. Son así los pequeños deseos. Salar con las lágrimas al sol, y tricotar el verso para alcanzar el abrazo, la bufanda amarilla de muecas. De lengua de boca. De posadera sobre la hierba. De libro sin tomo. De cuerpo sin latido. Cómo tanta fe puede albergar este tórax y rendir tributo al mármol. A la lápida esculpida de una jaula sin puertas. Cazar nubes y depositar sus cabezas como trofeos en las paredes de la calle. Nubes anestesia, nubes rechonchas, nubes de oxidación, de llaveros y de barrigas. Nube que tapa al sol...Merece tanto escarnio si al final detrás de las piedras ni las arañas, ni los escorpiones, ni las larvas, habitan. Nube. Tras nube. Un día me perderás y te darás cuenta de que no era una nube. Una alucinación. Era yo y todo un cielo de artificio para la grava y poco más.

Lluïsa Lladó.

domingo, 20 de agosto de 2017

H

La belleza en tiempo de locura,
con las máquinas apretando los sueños
como si de una tuerca se tratara
en el centro de nuestra frente,
aliviando el dolor con fármacos,
para mentir a la indigencia de un bienestar con truco,
el número primo de la amistad indivisible,
la educación de saldo,
los soldados tras los cristales,
los niños, los gatos, los abuelos,
ollas incendiarias en las noches de frío,
y el silencio, ante el deshielo
de una colina que nos separa.

Siempre he pensado que los ojos
del animal herido, frente a la reja
que lo separa del mundo.

Encierran el odio de las flores.

Ll.Ll.

martes, 15 de agosto de 2017

Aprender a bailar.

Tengo los brazos de fuego de la peregrinacion,
y en este encuentro, he sopesado
cada uno de los arrecifes. Serà menester u oficio
a que desempenyar de martillo duele tanto
como ser el clavo, y en ocasiones
la receta no funciona. Tal vez la pasion
siempre presente litigios con lo inerte,
la falta de destreza de los pies en el baile
pero el amante en su discurso,
debe recordar que una palabra vil
quedara inscrita en los muros de estas ruinas.

Y existen diferencias, lesiones en los tobillos,
indiscretas torceduras,
malignas metidas de pata.
Un soso altavoz que los danzarines de la experiencia
descubriran en multitud de ensayos.

Caminando sobre adoquines, y capiteles
sintiendo que los ojos luna trasmiten la embriaguez de una urbe poderosa,
para otorgar a los suyos el peso de lo necesario.

Roma, como un hotel de carretera,
afinando las notas del desconcierto.

Y una apuesta, y la luz entre las rendijas del aseo.
Que ganar supuso caer en infinidad de veces.
Que todos los caminos conducen

hacia donde apuntan los pasos.

Y ese camino eres tu.

Centuriona.

En Roma  los taxistas cantan operetas
mientras conducen, y las piedras sostienen
a las mismas piedras que otras manos dispusieron
entre amos y esclavos, entre uva y ricino.

La cosmopolita ciudad, que contrasta con la humedad veneciana,
porque aqui el fragor del sol te cuece,
te cuece cada uno de los filamentos
hasta convertirte en estatua.

Cae la solana y en la deseperacion nos guarecemos
en la sombra proyectada de las farolas, sorteando carromatos que ofrecen
bebida a precio de ruedas. Pero, Roma, ardiendo,
y de fisuras te da de comer de su buche,
alimentada loba que nos estimula,
como gladiadores en sesiones de rayos ultravioleta
a morder la arena, y a descubrir
que el amor es el primer latido
que acontece enredado de hiedra.

El coliseo abarrotado.
Y aun escucho la jarana del martir.
Para acabar llena de vida
despues de dar muerte al verano.

Lluisa Llado.

domingo, 13 de agosto de 2017

Lánguida

Algunas personas nacieron
para volar, son libélulas que ejercen
de ave rapaz en los estanques.
Observan la quietud de los árboles
como los peatones entre señales
de tráfico y edificios petrificados
en cadenas montañosas.
La tristeza les hace crecer alas,
y cazan sin la necesidad de aterrizar
en tierra. Soñar diría el maestro,
la imaginación de cantera.

A la libélula la tristeza
le hace crecer alas, y vuela,
y caza al vuelo. Sabe que una burbuja
en una ola no significa el mar.
Para qué la fe nómada.

En gente. En diversidad de albufera.
El coleteo y el zumbido
de las máquinas.
El color trasvestido
de sus extremidades.
No te engañes parece una ninfa
pero es un código de barras
de ronda y depreda
como todas las personas
que les fue robado
el corazón con una cuchara.

viernes, 11 de agosto de 2017

Alicates

Cuando uno marcha un bulo
puede resultar un bonito vestido,
la añoranza que lleva estampada
la elocuencia. De que en mi caso si que
le echaremos de menos, las múltiples personalidades, mi cicatriz, la cuenca de los ojos. La mano que huele a su sexo, mi sexo que muerde y maulla.
En pintar de rojo los labios a la tristeza,
en llenar de agua lo diques, los barreños en tarde de verano
y separar dos cuerpos como un muñeco
que le arrancan su cabeza.
En campos de regadío, poner cemento a los zapatos. En soltar la cometa y aguardar disfrazada de gata, qué los pájaros no se coman las vísceras y que la espera
sea azucarada. Como una gata sin alicates en la primera acera hacia el infierno.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Sol

Esta noche he soñado
que compraba una casa.
Y lo que más me impresionó
fue que desde el balcón, el mar
con un enorme sol lucía
y fue tan grata la sorpresa
que sentí un gran alivio y una paz
de dormida. Qué hace muchísimo tiempo
no sé si existe.

domingo, 6 de agosto de 2017

Corazón de alabastro

La fricción de lo importante,
salinos cuerpos amados
mármoles de rúbricas

de todo lo que en el ayer
fue recibido, la donosura
del temblor ante la sustracción del primer beso.

Y una jauría de lo anónimo
que entre muslos recorre
la vereda del ciego sin bastión.

Tus manos sujetando la escultura
como un abismo que precede a una forma,
el trote, el látigo del sustento
a que un hombre y una mujer
ocultos tras las sábanas
enciendan la
chispa del motor de un coche.

Como dos mendrugos
al azote de las palomas.



El sueño de volar,Begemott.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Respetar la memoria de los muertos.

Nunca fue fácil caminar con las piernas rotas, caminar de lado con una cicatriz en la cintura, que el dragón viviera en el espejo y que el miedo fuese un ancla que me hiciera bucear en un delfinario público. El legrado de los hijos, el dinero como la excusa más fácil para sabotear y  meter la larva del pesar en cada bocado de manzana. Tal vez la necrosis acompañe a la médula, y las rodillas sean los ojos del cansancio. Tal vez me haya tumbado de nuevo con la boca roja de vino y la posición fetal del que espera la guillotina. El derrumbe, la ira de los dioses, el veredicto, la sorna, el telediario de la sobremesa de los que comen sin dientes. El error, pero, le aseguro que saldré de la colmena y volveré a caminar, entre los trigales, y miraré los golpes que nunca se fueron y lloraré plata y me volveré de aire y por fin seré libre, y libre seré y usted no podrá hacerme daño porque aunque esté sin fuerzas, siempre, con el estigma de la batalla, siempre caminaré bajo el trueno.

domingo, 30 de julio de 2017

La buena escuela,
la de caminar pegadas
como chicles a la pared por los pasillos
en orden alfabético
con la cabeza gacha y mudas como figurantes
de un corto de cine de gris.
La buena casa,
de no salir de noche
de misa de domingo,
de tacones a los quince y fumar
en el patio. Meter algodón
en sostenes de supermercado
y compartir la calada
con niñas hambrientas de anarquía.
Del rosario al móvil
del mañana, dos rombos
y pantalones pitillos. Crianza malhumorada
de reprimenda y traumas.
De la buena escuela,
de la buena casa,
sal, vino de mesa y gaseosa
te aseguro que todo lo que sale
de ella, es rancio.
Malo de cajones.

ILUSTRACIÓN de Erika Kuhn

Galápagos

Tal vez seamos cuerpos
enterrados en la playa
aguardando que suba la marea.

Ingenuos deseando un sombrero
que no es de la medida, añoranza
de un puerto cuando resides en la mina
de las vanidades.

Tal vez cabezas expuestas
a la primera ola, engreídas
tortugas que desean el agua
de la redención. E inmóviles
son cebos para las aves

Añorar la imperfección de la vida.
Bailar melancólico.
Acariciar a los gatos.
Coger mi maleta y subir a una aeronave.
La añoranza de lo imposible,
de los árboles que crecen
como dagas prostitutas:
subsistencia, sobrevivir malviviendo
a una vida de casillero de Monopoly.
Abeja asexuada, rutina de desgarro
la normalidad te mata.
Lobo que aulla,
gota que jamás salpicó
de su agua.

Café, sangre y mucha mierda
disfraces que con hipo
causan un aborto de enjambres.

Está claro que hay silencios negros
que hablan, que mi cuerpo adolece tu tórax.
Deja que moribunda plañe
el amor que jamás sintió tu raíz hacia mi isla
Esta quimera es lo único que me mantiene
a dos pasos de la locura.
A dos pasos de muerte.
A dos
de ti.




De verdad

No hay mayor tristeza que te retiren
el cariño y la ternura. Que las calles
no tengan salida y ser el zapato
de un pie pequeño perdido
en la acera. No, no hay mayor tristeza
que un estómago vacío,
que las manos abiertas esperando
el rezo, y que la lluvia te cierre
la verja, y que dormido el cuerpo duela
y busque el abrazo, la caricia
de nube, el pasillo redondo,
los huesos en lumbre,
la pena de andar por las farolas,
no hay mayor tristeza, diga
suerte, mosca o tranvía
que morir y que miren
por la ventana como te marchas
sin música, tristeza de pan duro,
a la soledad que fue de donde te sacó
la noche.

Con cariño y ternura.

ILUSTRACIÓN de Erika Khun.


martes, 25 de julio de 2017

Deshoras y respiras.

A las tres de la mañana
pueden ocurrir vidas paralelas,
mientras unos concilian el abismo
otros como llamas de gas
nos consolamos con las redes,
las redes metafóricas
en luna menguante.

El insomnio nos une en carnaza
de luceros que nombran al sueño
en conjuros. Apretamos fuertes
las mandíbulas para que no huya
la transición de las horas. Con la boca
en cepo devoramos a todos los rebaños
en cautividad. Y entre los que parece
que la cafeína hizo trance
existe el diálogo poético
de los que leen, escriben y piensan.

En Barcelona truena. Y un despertador
ha sonado inoportuno.
Musitamos a regañadientes
la nana de los que despertó
de golpe una mágica frecuencia. O
fue un vómito carmesí
que ha mojado mi camiseta
con olor a polilla y los senos
mojados por el pantano
de mi estómago.
Son la cuatro de la mañana.
Y me siento una hoja bajo la tierra
 y el estiércol.


Sabina tenía razón

Cómo un perro abandonado en la calle
deambulando por la gasolinera
con la cola extraviada y la lengua
igual que un fleco desprendido
y doy coces de burro
y estiro las piernas y me convierto
en un semáforo absurdo. Y en las aberturas
se cuelan papel de impresora
con la galería pletórica de bolsas
y trozos de cartón lastimado,
como un gran panteón familiar de restos
y botijos. Mi abuela me enseñó una cosa,
o quizás me lo contara en sueños
mientras dormía en una puta noche de estío.
Cuando te lanzan al vertedero, y es testigo
la noche cruzada de las almas,
y el cansancio se viste de chaleco mata-vidas, la bolsa cae en picado, y eres carne picada, tus últimos ahorros
eran cuatro besos y una caricia de pago.
Y los zapatos se ausentan, y lo que más amas, de repente, está ocupado depilándose
el vello de las cejas. Y no tiene tiempo
para el can lastimado, si la vida
no es una película de Walt Disney; la botella
de oxígeno aguarda, sabe a ginebra
y a madrugada de perro abandonado en una ciudad que no conoce.

Y cree que morir será demasiado bello
para una noche de estrellas caídas.

Caos

Cuando estemos muertos
y nadie hable de nosotros
y las páginas giren por si solas
por la ruleta lúdica del viento
de más de tres mil ventiladores;
y los besos sean muecas
de bocas trasvestidas
y los ascensores cuelguen de los edificios
como fruta de un árbol
y ladeen su música, y los libros:
solteras con olor a vinagre
y me mires y parezca una extraña foto de anuncio, y las ballenas sean huesos balísticos, y los gatos ladren, y tú me mandes por la cuerda floja, dentro de esa maldita cabina, ascensor-cohete de cinco dedos, manos y trozos de carne florecida,
y me ponga la rosa por mechero a encender
hogueras de pena, y los bolsillos de serrín haciendo de reloj sin agujas. Crea compañero, maniquí, cero estático, tocho de mugre y apariencia entre sadismo y veleta, que estaremos muertos y nadie nos salvará de la paranoia, ni a ti, ni a mi persona,
cuando caigamos como manzanas de feria.

Y estemos podridos por la audiencia.



sábado, 22 de julio de 2017

Trombosis

Si sólo disparo en defensa
puedo administrar la palabra de asesina

trotamundos con la lluvia del palmeral
que entre ráfagas cita poemas.

Descifrar el código abierto
y leer en los ojos la sentencia previa,
las líneas de las manos reverberadas
igual que en la nieve
caen las huellas.

Ser un muerto antes de nacer,
tener los días contados por decreto
igual que al suicida, su noche sin estrellas,
el orgasmo teatral, las uñas,
el bordillo del barranco,
el azul en el pez.

Un decapitado
luciendo su cabeza como un trofeo.
Caminando entre las zarzas,
y hablando con el corazón
porque la boca se llenó de gusanos,
de las malas artes del verde.

Una cabeza, entre el brazo y la cintura.
Y lanzarla a la jauría
por un billete de cinco euros.
Para sentir la pena, la decepción canalla
y escuchar la burla de los mirlos.

domingo, 16 de julio de 2017

Tocapelotas

Existen personas
que son águilas, vuelan alto
y desde su lejanía
planean su sombra sobre otras personas.

En algunas ocasiones
en forma de recuerdo, fotografía,
cicatriz cercana al hueso.

Pero, a veces la sombra proyectada
desde el rascacielos, es fantasmal
y larguísima, un matasanos
que cura con cianuro. Impide
el crecimiento del ser
porque crea la dependencia de las aves.

Águila bajo ratón.

Suelta el hilo de lo que fue
y no pudo haber sido.

Y deja que el roedor ame
como si fuese el último tigre
de la selva.
Suelta su mano
y deja que descubra el bosque.

Porque tú tienes una vida.
Y no es la suya.

sábado, 15 de julio de 2017

Ducados

Este sábado, es de esas noches
que fumaría un cigarro,
dejando que los ojos en la oscuridad
abordasen mi intimidad desde la distancia
de este ático gris.

Fumaría y entre calada y calada,
leería recetas de cocina en alto
como si declamara un gran poema.

Etílica con carcajadas
invitaría a un marinero hospedado
tres manzanas más abajo y un portero
para explicarle la teoría
de las sirenas disfrazadas
bajo la piel madura del engaño.

Soltaría el humo descaradamente
escupiendo los besos falsos,
las palabrotas, los gritos del miedo.

Una neblina opaca
cegadora e ilusa, desnuda
y calzada sólo con zapatos rojos
y dos gotas de ginebra.

Pero, estoy a salvo.
El peligro no es la nicotina
es la paciencia con que amputo las cosas.

viernes, 14 de julio de 2017

Pétalos en el viento

Extenuado sobre la cama,
con la crucifixión del calor, corrosivo en la altiva desnudez
que colmaba al silencio sudado
con el paisaje.

Paisaje volcánico
con tu presencia desnuda, cual nardo nacido
entre la arcilla. Estampa urbana de una imagen
de Lucian Freud, y el susurro dormido
de tu pecho compitiendo a una canción sin letra:
Un ronco fino, y la pesadez de los músculos.

Hubiese dibujado su cuerpo
con las yemas, guardando la imagen
como un pequeño tesoro de caricias.

Dormitando, y en la calle
el termómetro orgiástico que cubría de sal
a las aceras. Pero, sigilosa como un animal herido y
abrumado por la virilidad muda,
abandoné a los ojos diabéticos en su mundo del sexo.

Para no despertar al sopor que
le mantenía las manos abiertas, símbolo de alas que volaban.

Y salí por el portal con el vestido de la poesía, sin saber si los ángeles caídos
pueden
amar
despiertos.

ll.ll.
Cuadro de Lucian Freud.

jueves, 13 de julio de 2017

Hastio

El sol se ha ido al otro hemisferio, a tomar un trago. Y en la noche
se adornan los ruidos que volátiles
escapan por el ventanal.
Los perros ladran el calor
acumulado en la jornada;
mientras la gente en sillas plegables
vive la calle de la búsqueda.
De un canal de aire sin Góngora.
Del canalillo de adolescentes
arrimándose a la oscuridad del beso.

El grillo con su trastorno convulso,
el intento frustrado de la primavera
con el olor del verano, en ascensores
que transportan bolsas de basura, cucarachas libres, abanicos mellados y el viaje
a la niñez de la isla,
con la humedad apretando las sienes
y los gatos escondidos tras los muros.
De un julio que quiso ser febrero

El foso

Cerrar una puerta.
Significa cerrar una puerta.
Si la dejas entreabierta
el aire puede convertirse en viento
y los portazos son dañinos....
Pero, peor es
que nos impidan crecer,
evolucionar, iniciar el cambio sin mirar atrás.

Cerrar una puerta.
Significa cerrar una puerta.
La puerta entreabierta
no es más que un conflicto, una relación
sin término.
Mis puertas del pasado están tapiadas.
Y tu puerta, Sísifo, cómo está aún
a estas alturas de la vida.

lunes, 10 de julio de 2017

Nunca es tarde para aprender.

He aprendido a querer sin estar enamorada.
A estar lejos con la mirada cerca,
a derribar la cerca.
A estudiar cuando la pérdida
evidenciaba el olvido.
A creer y no crecer.
A viajar en trance.
A amar sin cuerpo.
A gozar con la falsedad.
He aprendido que el regreso
es una penitencia. Y que el cerebro
come datos en forma de foto.
Y cierro los ojos
y recuerda la voz sonora,
la amplitud de sus muslos
como columnas de un templo.

He aprendido a contar al revés.
A descifrar el inmenso puñal que
habita mi silencio.

He aprendido a no escuchar boleros
que canten <si tú me dices ven>.

He aprendido a vivir sin ti.
A leer con mayor frecuencia.
Y a escribir menos
A dibujar un mundo
donde tú y yo hubiésemos sido amigos
y nunca besado
A perdonar. A descansar. A esperarte.




Gas

El bautizar con nombre de ciudad
al sufrimiento, palpar
un bulto feo a la luz.
La apatía perdida y silenciada
en cada órgano
sin el mapa que pueda indicar el
regreso a casa.
Sal mona que aunque contracorriente
escriba, tose alfabetos
en el torno de la página.

Por qué esconder tras la frase
la certeza, el arañazo.
Y soltar y liberar
el dolor engendrado en estos años
con la inestabilidad, con las mudanzas acróbatas. Con litigios y abandono.
Alguien puede decirme
la causa de enmascarar la herrumbre,
no ser consecuente,
y vociferar este llanto interno
que no cesa. Lejos de la arcilla
de la osamenta de mis antepasados.
De mi madre batalla.
De la raíz supina
de todo un universo
del hilo de una cometa.
Una cometa que soy yo
con el lastre,
el peso, de vivir muerta
sin el abrazo hijo,
con el hígado, la negociación
de volver o quedarse
en la estaca volando
hasta estrellarse y vaciar
la tristeza en un inodoro de alas.

domingo, 9 de julio de 2017

Burbuja

La lluvia, al fin al cabo, es azul,
azul para el periplo en que cada uno hemos sido expulsados
de esta muerte engarzada con los días
que como balas de un fusil de asalto, atraviesan lo  impenetrable.

Y en la fugacidad, el hoyo, de amedrentar al espíritu.
Quizás Manrique no entendiera más que de ríos plañideros,
y los de ayer ante la famélica inspiración atrincheraran
sus retaguardias de pájaros, de flores y de lepidópteros

Cómo reprochar a un lazarillo su función
de silla de ruedas. Seguimos delatados en nuestra perspectiva.

La fibra óptica,
el plástico nauseabundo,
los contenedores en su grasa, las ratas
que suelen cortejar en horas intempestivas. El amor y el odio
en un damero sin coartadas.
En que es hora de lanzar botes de humo
con el calor que nos mata,
el agua que se vende en botellas, el aire lascivo,
la tierra con su radioactividad
y las malformaciones fetales.

Pues, sí, la lluvia es azul,
entre móviles y pantallas de esternón.
¿Qué sabía el poeta ciego
o el ciego poeta que no quería ver?
En mi caso: Nada.

Ll.Ll.


fe

No existe hora, ni minuto ni hora
en que no piense en mis hijos,
la costumbre de su ausencia
no se supera, tal vez los lobos del alma
se hayan colmado con el tiempo, y sin embargo más duele
esta herida de parto, que hemorrágica aniquila
al ombligo. Podrá la cara coser una sonrisa con dientes,
fingir ser azul cuando la oscuridad más absoluta
navega en un bote salvavidas
por las calles, en los entuertos,
en las colas del cine,
con mi tropiezo en el espejo de sentir los dedos separados de las manos.
No existe hora, ni minuto ni hora,
que no estén en el portazo, en el abrochar
del abrigo, en la limpieza diaria
de encimeras y en el deambular al trabajo
bajo los árboles o el rayo fulminante
del estio. No existe paz, ni felicidad
oportuna para la gran actriz, la mímesis
del destierro, el cadáver que habla,
la mujer regadera,
la lombriz parlanchina, la yaga, el pus, la halitosis,
corrupto mal que se trastorna en garrapata
para llorar el vacío de madre, el cordón alborotado
en el motor, en el ancla,
en un reloj que no existe,
por la hora, del minuto
en que un día podré una vez superado el trance,
el alcohol, los medicamentos sin prescripción médica,
dormir, sin miedo.

jueves, 6 de julio de 2017

Estructura social

Una cubeta del roble
que como un junco, creció a la vez de
la rama, una rama igual que el naranjo
de árbol, con la verde hierba,
ruda, en resumen
vida de tallo
que parece arbusto, pero,
desempeña labores distintas
pues mece el viento,
en la solana y bajo la lluvia.

Césped por aromática,
alga fuera de la tierra,
vegetales, de grande a
diminuta espora,
semilla, polen y otras
en escasa cantidad,
moho, musgo
y desgraciadamente veneno.

lunes, 3 de julio de 2017

K

Se nos mueren los poetas de corazón comprometido. Los elefantes,
los extraños virus.
Las casas pierden sus sombreros. Y a la salida del juzgado el arroz no tiene novios.

Las conchas sin sus seres vivos.
Las uñas entre los dientes.
El final de un filme francés.
La arbitrariedad del sistema.
El álgebra del porcentaje de que las llaves
caigan metálicas por el hueco del ascensor.
La todopoderosa melancolía
de imanes hipnóticos
a clavos que sostienen el eco.
La arenisca, el metano
inflamable de aquellos deseos
con sabor a chicle. Di cosmos
en qué logaritmo habitamos,
cuánta espera yace con la paciencia planetaria.
Giramos, rotamos. Nos desintegramos.
Ya ni Walt con su oda
puede hacer absolutamente nada.
La poesía tiene los días con dados.


Farol

Necio propósito el que sostiene
la voz del náufrago en un canto
que subyugue al mandamiento
de manifestar el dolor, cuando los ministerios apenas se sostienen.

Pero iluso vive en un burdel de esperanza, de quién plañe a un amor que fue abandono. Porque no creía que los aviones fueran un buen hogar para el futuro. Y otro que ingenuo lee sus estropicios, los restos del huracán. Y engarza en un collar, las palabras, las gemas que esbeltas, exhalación reinan en otra garganta, para otro nido pelo, para la piel de estuco de un juego sección de piernas, de brazos, de sexos en el laboratorio de la vida.

Cada uno amarrado a un árbol.
Dejando caer sus hojas.
Remar en círculo. Sueña
y en incisiva, los colmillos amuletos
son de quién amó de verdad o
trató de esconder sus cartas.

viernes, 30 de junio de 2017

Anidada consecuencia

La evidencia de cada rasguño
que el tiempo ha dejado en mis ojos,
la rampa que fue colina
hacia las estrellas, pináculos
igual que el abeto que en Navidad
se lanza al río,
se coloca en el vertedero
del mobiliario de ciudad.

Para que de madrugada sea secuestrado
y nunca más vuelva a presentir el bosque.

Que la madurez pese como una cuchilla
y seas valorada por el año en que murió un poeta, o dos, o tres.

Buscan ellos el poema de fobia
los de la herradura que envejecen tapando de cemento sus poros,
y se arriman a la belleza, ellos que de tanta apología
flotan mariposos entre las poetas que son los gorriones,
las rosas, que detestan, escritos en el verso, mientras alzan la copa
que mira a la firmeza del horizonte.

Los labios de rubí, los dientes de perlas de las nuevas generaciones.
Mientras en el vestidor sentada en una coqueta
apuro el retorno;  menos maquillaje, menos tacones
ahora que la libertad me arropa.

Comprendo que de los salones Versallescos.
Quedó un legado. Y nos agrupamos como grillos,
cantando en la propia fiesta
y ellos andarán por los sesenta y conservarán el poema lozano
y nosotras recogeremos los pliegues
porque ya hará mes y polea de nuestras mortajas.




jueves, 29 de junio de 2017

En playa de lagarto.
En mítines con bata.
La gente busca el color,
el color de la cerveza,
savia de troncos,...
de cadera convulsa
en una radio estética de salva
y perdigón.

Si regresara la isla desierta,
la colmena, el panal,
el enjambre azul teja
de la azotea perenne
del futuro.
Dónde instala el dinero
el que sisa a gran escala,
todopoderoso edificio
con barras en vez de barrotes.

Quisiera que la política
tuviese dones de poeta,
y así construiría patios
hacia la luna para los que perdieron
un día sus casas,
olvidaron la niñez en una cacería
por abonar los servicios inmobiliarios
entre acequias donde nacen necios
que usaron la educación y la sanidad
en tarjetas de monopolio
como el que roba vacunas a la infancia.
Y esta noche apague la sintonía
que la luz el jueves sube de tono.
Ll.Ll.

Anís versario

La gente alza los codos.
Fija la mirada al horizonte;
con el viento que arrecia
y el humo denso que corona
la cabeza de las montañas.

Pelucas postizas que ocultan la desolación.

La gente gira su cuello hacia la nube.
Desconocen que inmersos estamos en el incendio.

Arden las cunas, los niños,
las fuentes queman de su hierro,
las colillas son gusanos de lava.
El país en su propia ceguera,
con la creencia de la lejanía de los árboles,
que la llama no llega al borde de las puertas de los habitáculos.

Cuando la realidad de cada persona prende
y se consume como un papel,
que no tuvo el tiempo
suficiente para volar
como un pájaro.

Arrepentimiento

De qué sirve la tierra arada,
y que de las copas
frondoso el bosque de él, su cobijo.
Recoger los platos rotos,
reparar la ventana con vistas al purgatorio.

Coser la herida con el dolor dentro
para qué no huya, ni se escape,
igual que la arena en un reloj o
un péndulo que ha extraviado
la maquinaria.

Dejar que el amor
sea un vestido azul de muñeca,
recibir el cuidado en forma de lluvia
como una recompensa paliativa
a tanto firmamento, a la tuerca
que impedía a la carcajada ser puente.

Para qué tanto teatro, nacer Ramiro,
flotar ausente, comer recuerdos,
sabotear a la noche, complacer
y luego matar, sentir y perder la vocal.

Ser una polilla
para que te arranquen las alas
y caer de la nariz de Pinocho.

Ll. Ll.

miércoles, 28 de junio de 2017

Gran bola de fuego

El sol cae y la ciudad apaga
su sed de astronomía,
mientras los semáforos
roban tiempo, y dentro de los garajes
motores secos se mojan
de camino. Vuelve el toldo a abrir
su parpadeo a la noche, las luces
tímidas, invitación a mosquitos,
disparan sus contadores
en una guerra ciclista de vaho,
de huevos cocidos,
de irritabilidad en proceso
de trueque.

El sol cae y nosotros,
el campo más grande de fútbol, ludópatas
contra el cálido arrecife

Añoramos la playa,
el mar cobalto,
el frescor taciturno del aire
con el rugido cambio
de clima. Pero, es más bonito,
decir: bonito y dormir con el sudor
de casas voladoras.

De casas voladoras
por el ruido de tripa
de la incertidumbre.

Ll.Ll.

Reseña de Isabel Rezmo del libro El arca de Wislawa

https://litteradotblog.wordpress.com/2017/06/27/el-arca-de-wislawa-lluisa-llado-poder-de-simbolismo/

domingo, 25 de junio de 2017

Recital Benicàssim

Esta tarde, 19:30, recital conjunto en Botavara para dar palabra a la lacra de la violencia de género y a cualquier manifestación de injusticia social. Ser poeta no es un disfraz, y mirar al otro lado no nos glorifica en absoluto. Estáis invitados, gracias.

viernes, 23 de junio de 2017

Rinoplastia

Soy boxeadora, mi cuna,
mi cuna fue desde nonata
el cuadrilátero.
Aprendí a nadar con los puños prietos,
a morder el polvo, la lengua, a no llorar
ni a mendigar el agua.

Mi ceja lucía su hasta amputada
y la esponja con bálsamo
lamía la herida. Tan grande, tan demencial
que la sangre a borbotones
iba entre las palabras buceando.

En plena hemorragia, escuchaba la risa
del púgil en ciernes. Y al público
vitorear que el golpe fuese
más serpiente, más tizna,
más maraña de toalla en charca,
sudor de galápagos,
embrión que nació para ser juzgado.

Soy boxeadora, me gano la vida
con los huesos rotos
y poemas derribados contra el escenario.

Lluïsa Lladó.

lunes, 19 de junio de 2017

135

No existe mayor pesar
que las camas separadas,
la carne partida,
el beso que nunca besa
porque la piel y la boca
no se sabe por dónde transcurren.

Camas separadas, y cuerpos enteros,
y el interrogatorio a los pasos
necesarios para arrimar la sábana.

De olfato soy líder
porque en otra vida fui gata
y él cava un agujero
entre su corazón y el mío,
tétrico mensaje,
anilla mal puesta,
verde tirando a ocre,
en camas separadas
por muros, aceras, andamios y perros.

Segadora de fe.

Dormidos en separación camastro
y yo en la penumbra
el vómito me ahoga
de volver a ser una rana
con derecho de devolución.

Me duele. Duele.
Atravesar la noche.
Y qué en tu cama no quepa ni un sueño.


domingo, 18 de junio de 2017

Tomador de cartilla.

La tierra de los mosquitos asfixiados
con hendiduras llenas de bolsas
en un resurgimiento de Atlántida,
banco que sirve el convite de retretes
o cámaras acorazadas del cartón.

En esta noche pasada de vuelos,
de luces fóbicas que trasladan
la injuria del parpadeo
de tele y móviles en manos
de masturbación en línea.

Ferroviaria luz, espantos estomacales
alimentando un sopor sin credo,
en la agonía húmeda
de calles de gatos
que emigraron a las cloacas
mientras un colchón
cruje cien veranos
en los amantes que piensan
que los milagros existen
y dios no vive oculto
en su ratonera de cuatro estrellas.