domingo, 26 de febrero de 2017

Aditi-viva

Flor de Pascua.
Acacias.
Madroños y uvas.

Sansona.
Herculasa
Da vida contra Goleta.
.

Mi madre furia. Que colágeno ha edificado mis cimientos.

Intempestiva del Atlántico.

Destruyendo naves,
quemando la maldad.

Dobla las cucharas del viento.
Acicala mis ojos de fortaleza.

Lava-dura de perlas amasando panes.
Re-buceadora en isla.
Cazadora y manta en Borneo.

Mi madre giganta. Brújula.

Fuerta y Glorie.
 Es ella, así, como todas las madres.
Mi madre.




viernes, 17 de febrero de 2017

La llave rosa

Voy a mano descubierta por la vida,
andando lo que se puede
a contrabajos atletas de gente,
para saber lo justo de la falta de tacto
que no sobrante puede ser añoranza
y en exceso asfixia.

Por ello me quedo con la luna,
con los viajes no resueltos,
cuando con-quisté Granada sola
por las calles mientras moría lo que fue
un gran amor en un hotel del centro.

He comido hígados varios,
la profesión del poeta los colecciona,
en homenaje a los dioses egipcios
en versos licuados
de alas tan gigantes que no existía
término al caminador.

No creo en los amores de amantes ausentes
con la plática de un ajo
metido en aceite, porque a mi anarquía
le gusta comer con las manos,
sorber con ruido,
gritar lo suficiente
para que con la expresión
se avisten las armas.

Con la felicidad ajena,
y que la lluvia que acaricia el rostro
en la telenovela dé re-bote.

Necesito del amor
como el algodón a la herida.

Que apriete la brecha.
La sanación
con la cadena de sabernos fatuos.

En el silencio.
En el water.
Al abrir la nevera.

Se sobreentiende que el ángel exterminador
del vacío,
beba ginebra en bares de alto standing
con taburetes forrados de terciopelo;
porque para el amo-río
no necesitamos más que dos pavos, las arrugas, las sombras, las desvariadas
de nosotros mismos
cínicos
haciendo chinescas manchas del martirio.

La dependencia para las cartas.

Hoy vuelo y mañana dios dirá.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Eso que mantiene viva la vela.

I

La comedida palabra igual que un pasador
de puerta, hacia los calabozos.

II

A veces sueño que soy una pistolera
y con un violín voy matando sueños.
Saludan a mi paso
en reverencias
y las flores
se giran ante la magnitud de mis balas.

Pero, solamente tengo la tierra que cabe en mis manos,
el ansia del tulipán que aún es bulbo,
la gula del que vive como una gota de aceite
expulsada de su agua.

Quisiera ser una mafiosa
y tirotear folios a los que se comen mis dedos,
sonreír al verdugo
y que retirara de una vez por todas su capucha.

Sacudir las pirañas de las sábanas,
asaltar a los bancos de la melancolía.

Pero, el aire me empuja al muro
y mi cuerpo adolece en una termita
que sin tregua agujerea la médula.

Árbol de mujer, y dentro de este maldito
crucigrama de ideas
que cortan  mi pecho.

La fe,
la fe, la que chirría a partes iguales,
la que grita: Tú eres una bandolera,
empuja la puerta
y salta, salta página, salta a la tierra.

Con el paracaídas de los libros
y de la esperanza puta
que me dice que un día,
en un miserable momento
existirá la música.

No me rindo.
No me rindo.
No me rindo.

martes, 14 de febrero de 2017

Cebollestupideces de día.

Contigo cebolla
y ...todo lo demás.

Cebollino,
cebellino,
cebellina,
cebolleta,
cebo 
lla 
ce
bolla
encebollado
cebollón
cebadilla
cebolludo
cebollera
cebollada
cebolla.

Hacer llorar no es buen canje.




domingo, 12 de febrero de 2017

Divagación

Vergüenza ajena.

Si no somos más que simios en congregación
adorando a un espejo, en qué nos hemos trastocado los poetas, algunos, no todos, o quizás demasiados, en ligas de futbolistas de diferentes razas, buscando copas de oropel, de alevines levantando sus fosas en pequeñas burbujas de agua.

Tanto egotismo, segregación, mudez, barbillas levantadas,
dedos acusatorios, folios que huelen a orín,
bolígrafos para las chequeras.

En qué soy y yo que sé en que me he trastocado.

Panero, que está en los cienos, levante y hable,
ponga un poco de orden, salve con su hálito de nicotina este descontrol
que ha abierto la veda y construye muros de Trump
entre los mi(s)mos poetas.

Poetas que desnudos, en la hipótesis
de los derrocamientos, acabarían
juntos en la cámara de gas.

¿Por qué nos hemos olvidado de ésto, Señor Panero?

Mímesis

I

La carne con carne,
carne de carne
de la misma fragua
en moldes distintos.

II

Mi amor arritmia en delirio de campos,
de este lleno que sobrevino en un
que había rebosado el límite que podría enumerar,
pero no explico en este turbio que causa la sordera.

Con el corazón, en cama compartida,
el olor de tu piel causa estragos a mi vena
al alguacil corréografo
de las mutilaciones.

Sarna en dedos florecidos, moho de pan para nuestras bocas,
que las mariposas existen en los cuentos,
y es la vida diaria de dominicales, la que aletarga la llama
para que no se anegue. Los abrazos impuestos,
los anillos vaginales, los regalos en días de zirconio
no son más que rediles de gallinas.

Me quedo contigo, en la salud y en la enfermedad,
lo percibí cuando las amarillas indicaron el parámetro,
en ese instante de coz, de aullido, de súbita lanza,
supe que morir no era más que la excusa perfecta para residir siempre a tu lado.

Sin anillos, sin papeles, sin descendencia.

Con el vaso del agua para el sediento desértico
que sin dar nada lo da todo.




PD. La cosa rara, de querer ser tu parte, del punto cardinal el "nor"
para "te" estar en.

sábado, 11 de febrero de 2017

La sinceridad florecida.

Nuestros ojos se tropezaron y como
en una fórmula de física, aparecieron las reacciones,
adversas en el amor
donde se construyen puentes
y una cultura que nos enseña
que nuestra pareja es el enemigo.

Con las aradas la pregunta de que en la convivencia
sobreviene el cambio, el amor
de gestas que para los muebles pasan desapercibidos,
pero, ahora, que me he lanzado en picado
a la piscina de tus ojos, confieren la verdad.

El olor de zapatos.
La legaña en el ojo.
La mueca inoportuna.
El canal equivocado.
El beso frío.
El café y el azúcar frente a la estevia y la infusión.
El abrazo a la almohada.
La toalla con pelos.
El sarpullido de la barba en mi mejilla.
El eco de los ronquidos dignos de Neruda.
El hipo, la tos, el gas.
El bostezo para no mediar palabra.

Para derribar la fortaleza
de saber, que el amor viste rastrero y zafio
y en la humanidad
de los sorbos, la ropa plegada, el gato en vez del perro,
la sonrisa en tres sábanas
se han escrito para recordar
que somos animales de alma en celo.

Dolor

Cuando el dolor acecha.
Y la espalda se corrompe
en contractura, los músculos
claudican en la escápula
haciendo de la vida
lo más insoportable
posible.

Y en el aprovechamiento
de la herida, una saca la libreta de las neurosis múltiples,
de una paranoia de oficio
para administrar al procesado acrónimo
de sadomasoquista:
la purga.

Con el padecimiento del habla
en el silencio, para emerger
como Titanes
en niños quejidos
de poema.


jueves, 9 de febrero de 2017

Saciados por menos de una moneda.

La cola del Telepizza era madrugadora, apenas
salidos los niños con la merienda del colegio,
que variopintas personas enhebraban  por orden
su comanda al chico de la gorra y la sonrisa
de "Me tengo que pagar los estudios".

Vivimos con el hambre resuelta,
en paquetes de macarrones
y botes incendiarios, para que no abordemos
las calles. Ya se encargan de mitigar
con el gas lacrimógeno
las revueltas dentro del barril sumergido en un mar de cebada,
con promociones de harina y agua,
de un euro por carne prensada igual que un papel,
masticado de nuestra historia.

Porque ellos lo saben.
Pueden saquear, amortiguar, pescar el bien ajeno.
Qué sólo la hambruna y las cabezas claras como huevos,
estampado en las alineaciones
de urbes, postales y fechorías.

En el estómago con el eco del intestino.
En el niño bramando a la teta.
En las colas de los arenques,

mientras que de pienso pensaremos más bien poco
el gramo.
De la libertad y de la justicia.

Por menos, 
de una moneda y en silencio.



domingo, 5 de febrero de 2017

La congénita ecuestre.

Mientras sopla febrero por las calles
me pregunto si sufre la pierna rota
del caballo antes del sacrificio.

Si en su doblez, el amo
justifica las portadas de los diarios
y el sudor que recorre su frente
antes de encañonar a la criatura
descompuesta.

Tal vez un vendaje oclusivo.
Una inyección salvavidas.
El arrullo de los potros en tierras indias
que podrá socorrer de la muerte
al que fue su peana, su poso, su testigo.

El disparo cumple las funciones anológicas,
surte el efecto de la traición hípica
de los que padecen el uso de las carreras.

Relincha con murmullo,
saborea el aire entre la saliva que purga el presente
de una odisea que de tragedia
parece un costumbrismo en los establos.

-Cojo, quiero mi caballo, cojo.

Le dije al hombre
que apuntaba a la dirección de los vientos.



sábado, 4 de febrero de 2017

La escuela de mamá

Mi madre nos ponía el vestido
de los domingos. Y sin ser
invitadas íbamos
a la mesa servida para otros.

Tenía yo vergüenza, pero, ella
con la barbilla alta
y la majestuosidad de herencia
tocaba el timbre tres veces,
o un número indeterminado,
hasta que la familia política
nos abría la verja.

Entonces, ellos aún con las manos grasas.
Y las gargantas llenas
de despropósitos
nos cedían sillas para contemplar
desde una vitrina
un triste espectáculo del medievo.

Luego al volver a casa,
con los grillos por pistoletazo
nos adoctrinaba:

"Hijas, nunca tengáis temor a la verdad.

Y descubrir por las acciones
cuando no seáis bienvenidas.

Iros con clase. En silencio.
Cuando no acepten vuestro linaje.

Buscad la tierra que os ame
defendiendo la voluntad.
La lección ha tratado
de la vida que hallareis en el camino.
Gente que aún en la endogamia
reniega de vuestra ralea.

Sed libres. Y volad."

Nonoche

La ilusión se ha sentado en el vagón
al lado de un chico con gafas. La esquivo en cada beso que el tiempo
obsequia a la vida.

En los niños azarosos como cohetes de feria,
y en los autos de colores en el semáforo,
emulando a peceras
con conversaciones de vaho.

Luego viene el obelisco, la soledad absoluta,
escuchando desde una nota en el pentagrama,
a los que exorcisan en gestos airosos
la dicha en las mareas de los adentros del poeta.

Del ruido estrófico, desde un pequeño retrete
de esos de cerámica. El endiosamiento
que se auto-escucha en el comedor de los vientos
alimentando al carnero con flores.

Con el vinilo, que emite el canto de la dinamita
para las paredes que caen con el efecto de la resiliencia.

Porque tal vez, es hora, de salir del aseo
y cruzar esta casa
de habitaciones independientes.

No entendiendo las flagelaciones poéticas,
ni el oír la voz propia mirándose el narciso.

No soy nadie en este anfiteatro,
más que una vagina que canta en una Ítaca de extrarradio;
una mujer afónica,
que escribe lo que le dicta la pleura.

Y se apoya en el lavabo.

Mientras se entremezclan las odas
como una lluvia de febrero en un cine.

No sé de poesía, demasiadas negaciones para el alma,
aunque ya a la edad de una, distingo la rata del pescado.

Y sentada en un vagón
puedo ver el amor verdadero en los ojos de una pareja.

Y la celeridad del paisaje.

Para salir en silencio.

Con el cansancio en la espalda

Del poema.








viernes, 3 de febrero de 2017

Sin títulaciòn

Y después de la ira.
¿Qué nos queda?

De la lluvia ácida sobre la lengua.
Después, el vacío, la sensación ridícula
de la contenida llama debajo del metal.

De la peor, en que no nacen golondrinas
de alones cuadrados, ni partituras de bohemia.

Me queda un cadáver entre el esófago
y el alma parida en páncreas.
Me queda  el cráter de la viruela en la última caricia,
los garbanzos secos en latas con óxido
recordando su sombra.

De la ira, no nace nada bueno
porque no es tormenta
sino un cirro sis-temático
dentro de un cuento para adultos.

Ya es hora de la pirata,
de reconocer que ha ganado,
que paralítico el viento
no cabe en un tubo de escape.

¿Sentirá algo la piedra, los electrodos, músicos ambulantes
para el barbecho de mi vértigo?

Después de la ira,
tal vez, exista algún médium
para conversar con el niño vivo
dentro de un hombre muerto.

II

Le deseo una buena estancia entre carnes
que no olerán a naranjo,
y que cada palabra sea fértil.

Ya no resta más oxígeno
para resucitar la fe
de que usted, de vorágine, pudiera ser fecundo.

Tiene razón,  la amistad aprovecha todos los órganos
de la matanza,
porque después de la ira
sale un nuevo sol.

Y antes del verano, el hundido entre peces de colores
será un poema después de la ira.

Gota a gota, semilla de paz.

Perno

¡Si me llamaras, sí,
si me llamaras!
Lo dejaría todo,
todo lo tiraría:
los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas.

PEDRO SALINAS

De siempre el peligro me ha gustado.

Entre dos vagones
subida al encaje.
Noto la velocidad 
convertida en burbuja
y la alegoría decapitada
por la inestabilidad del recorrido.

Pienso, en altramuces y avispas,
que fueron en un ayer lanzados contra el túnel.
Y en la posibilidad del descarrilamiento.

Donde mi cuerpo se rompería en hojas
y saldrían a borbotones
las miserias 
y otras callosidades humanas.

Sería tan fácil, desafiar, a la nada
como los poemas que acaban en papeleras,
descuartizados
con las piernas rotas de las palabras.

Esos poemas moribundos
que nunca vieron la luz, que acabaron en vertederos
siendo el alpiste de las gaviotas.

Como las revoluciones,
o las cartas de amor.

De siempre me ha gustado el peligro.

En vías que tuercen su cuello
cambiando la dirección
y el instante
en que un poema muere o se indulta.